14 Aug 2021 - 2:00 a. m.

Águila arpía en Colombia: un gigante que aún no conocemos

Se trata de una de las aves más grandes del mundo, pero en el país hay pocos datos sobre su estado. Este año, biólogos colombianos publicaron una investigación que documenta 21 casos de persecución humana de esta especie solo en las últimas dos décadas, en Colombia y Panamá.
Natalia Pedraza Bravo

Natalia Pedraza Bravo

Fotógrafa y Diseñadora Gráfica

En 2016, el Jardín Botánico del Pacífico reportó la existencia de un nido del águila más grande del mundo: el águila arpía (Harpia harpyja). Un ave que puede llegar a pesar hasta ocho kilos, tener más de dos metros de envergadura y habita en 18 países, entre estos, Colombia. Pocas semanas después del aviso, los biólogos Santiago Zuluaga y Mateo Giraldo recibieron desde Medellín una noticia devastadora: la hembra que estaba cuidando el pichón recién nacido había sido cazada. (Le puede interesar: Las aves sufren una extinción milenaria causada por los humanos)

Zuluaga y Giraldo volaron de inmediato a Mecana, un corregimiento de Bahía Solano, en el Chocó, dónde estaba el nido y en el que esperaban encontrar el pichón de unos días de nacido. Al llegar al lugar sobrevolaron un dron y se encontraron con una imagen que les dio esperanza: la cría de águila arpía estaba viva. De inmediato intentaron trepar el árbol para alcanzar al animal y poder brindarle asistencia. Ambos sabían que esta especie depende del cuidado parental los primeros dos años de vida y que, de no rescatarlo a tiempo, el pichón iba a morir.

El árbol donde se encontraba el nido era una ceiba muy alta, por lo que tuvieron que esperar a que un escalador experto llegara. Pero una vez lograron coronar la cima era demasiado tarde, el pichón, que según los expertos no tenía más de dos semanas, estaba muerto.

El acontecimiento marcó la vida de los dos investigadores y ambos concluyeron que querían hacer algo para que un evento como este no se repitiera. Junto a otros expertos decidieron reportar los casos de persecución humana de esta especie, por lo que se pusieron en la tarea de ver en qué otras zonas de Colombia había cacería. (Puede leer: PNN abrió licitación para estudios y obras de glamping en Chingaza)

Al empezar el estudio se toparon con un problema inesperado: en Colombia hay pocos datos sobre esta especie.

Sin embargo, comenzaron recogiendo información de Panamá y Colombia. y, en medio de su búsqueda, encontraron literatura de otros Estados que les sirvió para contextualizar lo que pasa aquí. Al final, La investigación creció y lograron hacer un registro de caza del águila arpía en once de los 18 países, desde el sur de México hasta el norte de Argentina.

Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Journal of Raptor Research este año y expusieron varias realidades preocupantes. La primera es que encontraron 132 casos documentados de caza del águila arpía desde hace ochenta años. , de los cuales 21 fueron en Colombia y Panamá en las últimas dos décadas. “Esos 21 casos nunca habían sido registrados”, asegura Zuluaga, quien explica que muchos de ellos los recopilaron por medio de noticias publicadas en medios de comunicación. Además, concluyeron que en el 89 % de esos 132 casos el águila murió y, en los que sobrevivió, solo seis individuos pudieron regresar a la naturaleza.

Estas cifras han llevado a los expertos a sospechar que la especie está peor de lo que se creía. Según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el águila arpía está en la categoría “casi amenazada” a escala internacional, el cuarto de los nueve niveles en los que puede estar una especie antes de ser considerada extinta. Basados en este estudio, y otros que han salido recientemente, los investigadores sugieren que esta categoría sea reconsiderada y que la especie pase a estar “vulnerable” a escala nacional e internacional. Al depender del bosque, explican, la deforestación de lugares como la Amazonia y la Orinoquia también la afecta.

Parte de la razón por la que el trabajo de Zuluaga y Giraldo es tan valioso es porque están generando datos que ninguna institución tiene. Pues el Instituto Humboldt, el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi) y las Corporaciones Autónomas Regionales no han hecho un registro juicioso de esta especie. Para lograr la conservación de estas especies tan desconocidas en Colombia se necesita información y datos científicos, por lo que una manera de comenzar a conservarla es conocerla mejor.

Los únicos dos nidos de arpías estudiados

“¿Por qué es grave que maten a una arpía? Por la ecología de la especie. Es un animal muy longevo, puede vivir cincuenta años, pero tiene ciclos de anidación donde solo producen una cría cada dos o tres años. Es un depredador y los depredadores siempre tienen densidades poblacionales muy bajitas”, cuenta Giraldo.

A pesar de la poca información que tienen las entidades del Estado, hay organizaciones civiles que reconocen la importancia de esta especie y, de forma voluntaria y con recursos propios, están velando por el águila arpía. “Soy Harpía Caquetá” es una de ellas. Esta iniciativa fue creada por un grupo de cuatro estudiantes y egresados del programa de Biología de la Universidad de la Amazonia, en Florencia, Caquetá, y están monitoreando un nido de arpía en Cartagena del Chairá.

“El objetivo principal de nuestro proyecto es obtener información ecológica para contribuir al conocimiento del águila arpía y así poder conservarla”, explica Dayana Ospina, integrante de la organización. Los jóvenes han recopilado información del nido desde diciembre de 2019 y, además de tener una propuesta consolidada para garantizar que su iniciativa tenga un impacto ambiental y social positivo, han hecho estudios del territorio donde han identificado las principales amenazas hacia estos individuos.

“El lugar donde se encuentra el nido tiene quince hectáreas, de las cuales diez son potreros, El bosque en este territorio no está conectado, son fragmentos que se están haciendo cada vez más pequeños, por el proceso de ganadería que se ha dado en la región. Aunque se trata de una zona de amortiguación del Parque Natural Nacional Chiribiquete, la deforestación está llegando a la entrada principal”, asegura Camilo Yasnó, también integrante de Soy Harpía. El Caquetá es el departamento con índices de deforestación más altos en este momento en el país, según el IDEAM, con cerca de 15.000 hectáreas que se pierden por año.

Además, los investigadores aseguran que han identificado que a estas aves las cazan porque son llamativas. “También hay gente que cree que se come las gallinas o los cerdos o que se lleva los niños y por eso las matan”, explican. Aunque les han llegado noticias de otros tres posibles nidos de águila arpía en el Caquetá, hasta el momento no han podido movilizarse para verificarlos. “Algunos quedan hasta a quince horas desde donde estamos y el recurso económico ha sido un limitante”, afirman.

Otra iniciativa particular que trabaja con esta especie es el Bioparque La Reserva ubicado en Cota, Cundinamarca. En 2009 recibieron la primera águila arpía y aseguran que tienen la población más grande de águilas arpía bajo el cuidado humano del país. “Contamos con cuatro ejemplares rescatados y que, luego de su rehabilitación, no fueron aptas para ser liberadas por tener problemas físicos o comportamentales, son animales que dependen del ser humano para su bienestar”, asegura Iván Lozano, fundador del proyecto.

Según el director del Bioparque, la única entidad del Estado que ha trabajado para la conservación de la especie es la Fuerza Aérea Colombiana. Desde junio de 2016 esta entidad cambió de su logo el águila calva de los Estados Unidos por el águila arpía y se comprometió con el “Programa de conservación ex situ del águila arpía” para estudiar la especie bajo cuidado humano y desarrollar protocolos de reproducción.

“En el mundo cinco países han logrado reproducir la especie en cautiverio, siendo Brasil el país que más animales ha reproducido, pero Colombia nunca lo ha logrado. Nosotros queremos ser la primera institución en hacerlo”, explica Lozano.

Aunque todos los investigadores reconocen el trabajo que la Fuerza Aérea Colombiana ha realizado, especialmente facilitando el transporte de los especímenes, sienten que hay un obstáculo para generar alianzas con ellos porque muchos lugares donde habita el águila arpía son zonas con conflicto armado. “Que te vinculen como investigador con una entidad militar o sepan que llegamos en helicóptero de la Fuerza Aérea no creo que sea la mejor bandera para entrar a un territorio”, dice Giraldo.

Además de las iniciativas del Caquetá y del Bioparque, También existe el Proyecto Grandes Rapaces de Colombia, dirigido por Mateo Giraldo, el investigador principal del artículo publicado en Journal of Raptor Research este año.

Mientras hacían la investigación, Giraldo se enteró de una noticia que lo conectaría de nuevo con la historia del pichón que murió en el 2016: el mismo nido se había reactivado y tendría una nueva cría.

“Las arpías tienen fidelidad de nido, por lo que creemos que el mismo macho, padre del primer pichón, regresó al lugar con otra hembra”, explica. Desde el 2019 están monitoreando el nuevo pichón al que llamaron Quita, que hoy tiene ocho meses y que, según las estimaciones, saldrá del territorio de anidación cuando tenga entre dos años y medio y tres años en el 2023.

“Todas estas iniciativas buscan conseguir un objetivo común, que es la conservación del águila arpía y el ecosistema donde esta especie vive en Colombia. Pero es necesario que más organizaciones e instituciones se unan y aporten en esta ardua tarea. De no ser así, a medida que pasa el tiempo, la especie va a estar en una situación cada vez más crítica y probablemente sea demasiado tarde cuando queramos hacer algo”, concluye Zuluaga.

Comparte: