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Deforestación está empujando a la Amazonia al colapso: científicos hacen un nuevo llamado

Un grupo de científicos advierte que si la deforestación continúa y se pierde al menos el 22 % de la Amazonia, la mayoría de esta selva tropical podría transformarse en una sabana seca a una temperatura global de entre 1,5 °C a 1,9 °C. Hacen un llamado a frenar la deforestación, pues provoca que los bosques sean más vulnerables ante el cambio climático.

Catalina Sanabria Devia

06 de mayo de 2026 - 10:00 a. m.
Deforestación en el Parque Estatal Guajará-Mirím, en la Amazonia brasileña.
Foto: EFE - Isaac Fontana

¿Se imagina a la Amazonia convertida en bosques degradados o en un ecosistema similar a una sabana seca? Ese escenario podría estar más cerca de lo que pensamos, según un estudio publicado este miércoles en la revista Nature y liderado por el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), en Alemania. “La humanidad está ejerciendo presiones sin precedentes sobre el sistema forestal amazónico, a través del calentamiento global y los cambios en el uso del suelo”, apuntan sus autores.

Hasta el momento, se estima que la deforestación ha arrasado con entre el 17 % y el 18 % de esta selva tropical, la más grande del mundo. Si la situación continúa, advierten los investigadores, y se llega a perder entre el 22 % y el 28 % de su cobertura, sumado a un calentamiento global de 1,5 °C a 1,9 °C, dos tercios de la Amazonia podrían transformarse de manera crítica.

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El panorama es inquietante considerando el reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el estado mundial del clima. El documento, lanzado el pasado 23 de marzo en Ginebra (Suiza), señala que en 176 años de registros, 2025, con una temperatura promedio de 1,43 °C, fue el segundo o tercer año más cálido, dependiendo del conjunto de datos que se observe. En todo caso, 2024 se mantiene como el más caluroso, con una temperatura de 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales (1850-1900).

La Amazonia no estuvo al margen de ese registro récord. En 2024 la región vivió una sequía sin precedentes, que llevó a Colombia a declarar alerta roja. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) midió el agua del río Amazonas entre Leticia y Puerto Nariño, y encontró que en la estación hidrológica de Nazareth el caudal disminuyó un 82 % desde abril hasta septiembre de ese año, alcanzando mínimos históricos. De acuerdo con estimaciones de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), el abastecimiento de agua de alrededor de 3.000 personas se vio afectado.

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De acuerdo con Nico Wunderling, científico del PIK y principal autor del estudio recién publicado, la deforestación provoca que la Amazonia “sea mucho menos resiliente de lo que habíamos previsto. Incluso, un calentamiento adicional moderado podría desencadenar impactos en cascada en gran parte del bosque”. Si se frena la deforestación, dicen los científicos, los cambios a gran escala en la selva amazónica se podrían producir solo a temperaturas mucho mayores, de entre 3,7 °C a 4 °C.

Efectos en cadena

Además de Wunderling, en la investigación participaron los expertos Boris Sakschewski, Johan Rockström, Bernardo M. Flores, Marina Hirota y Arie Staal. Lo que hicieron los autores, básicamente, fue combinar proyecciones climáticas, así como modelos hidrológicos, enfocándose en la red de transporte de humedad atmosférica, de la cual hacen parte los comúnmente llamados “ríos voladores”.

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¿Por qué la deforestación hace que la Amazonia sea más vulnerable? Cuando se pierde la selva tropical, también disminuye su capacidad de generar parte de su propia lluvia a través de los árboles. Se cree que la mitad de las precipitaciones de la región provienen de esta misma agua reciclada. Cuando se tumba el bosque, aumenta el estrés hídrico y su exposición a la degradación.

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En palabras de Staal, coautor del artículo y profesor asistente de la Universidad de Utrecht, en Países Bajos, “el calentamiento global y la deforestación afectan la retroalimentación de las precipitaciones en todo el sistema amazónico. Cuando la deforestación interrumpe el transporte de humedad en una zona del Amazonas, regiones enteras a cientos o incluso miles de kilómetros de distancia también pueden perder resiliencia debido a los efectos en cascada de la sequía”.

En efecto, la función que cumple este bioma es clave para el resto de América del Sur. Gilvan Sampaio De Oliveira, experto en estudios climáticos con un doctorado en Meteorología (quien no participó en el reciente estudio de Nature), contaba hace un tiempo a este diario que un solo árbol de la Amazonia, a través de sus hojas, puede transpirar entre 300 y 500 litros de agua al día. El 50 % de esa agua es para la formación de lluvias que abastecerán la misma selva, pero el otro 50 % se distribuirá a lo largo de América del Sur, por ejemplo a la región de El Chaco, en Bolivia, Paraguay y Brasil.

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“Cuando se corta un árbol amazónico, sus raíces ya no absorben el agua de lo profundo de la tierra, además de que se emite a la atmósfera el carbono que estaba contenido tanto en el árbol como en las primeras capas del suelo”, explicó en aquel entonces Sampaio De Oliveira. “Al retirar el bosque para poner pasto, la temperatura aumenta, incrementando el efecto invernadero. En suma, la vegetación más seca facilita el fuego”.

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Las consecuencias de perder la Amazonia, entonces, se extienden mucho más allá, desde zonas agrícolas en el sur de Brasil, hasta la cuenca del Río de la Plata, que abarca territorios de Argentina, Paraguay, Bolivia, Uruguay y Brasil. Esto pondría en riesgo los cultivos, la energía hidroeléctrica y la seguridad hídrica de los cuales dependen países como Colombia y Perú, llevándolos a enfrentar grandes impactos económicos.

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Las amenazas, además, son latentes para las millones de personas indígenas que habitan la selva, muchas de ellas en aislamiento voluntario, así como para la biodiversidad de la región, que se estima que representa el 10 % de la que hay en todo el mundo. También habría repercusiones globales, pues se liberaría el carbono que capturan y retienen los árboles, agravando aún más el cambio climático.

Un llamado urgente

“Hasta ahora, la selva amazónica ha desempeñado un papel vital en la estabilización del sistema terrestre como sumidero de carbono, regulador del ciclo de la humedad y hogar de la mayor biodiversidad terrestre del planeta”, afirma Johan Rockström, director del PIK y coautor del estudio. “La deforestación continua está socavando esta estabilidad, empujando al bosque al borde del colapso. Esto no solo sería devastador para la región, sino que podría tener consecuencias de gran alcance para todo el planeta”.

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Es por ello que los científicos autores del estudio subrayan la importancia de detener la deforestación para aumentar la resiliencia de la Amazonia frente al cambio climático. A ojos de Rockström, la transformación de la selva tropical en una sabana no es inevitable, pero se requiere de una rápida reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

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“La humanidad tiene la capacidad de limitar el calentamiento global antes de que se alcancen los niveles más peligrosos. Sin embargo, el papel de la deforestación es crucial. Con la deforestación generalizada de la Amazonia, el calentamiento global actual ya estaría en un nivel peligroso. Por lo tanto, limitar la deforestación es clave para prevenir una transición sistémica de la región”, se lee en el estudio.

Los científicos resaltan las promesas de erradicar la deforestación para 2030 por parte de gobiernos como el de Colombia y otros países de América del Sur, aunque apuntan que no está claro si esa meta se cumplirá y en qué medida. Según un reciente análisis disponible en la plataforma Global Forest Watch, del World Resources Institute (WRI), en 2025 los bosques tropicales del mundo perdieron 4,3 millones de hectáreas, un área tan grande como el departamento del Casanare.

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Frente a las 6,7 millones de hectáreas que se perdieron en 2024, una cifra récord en los registros de los últimos 20 años, el dato de 2025 representa una reducción del 36 %. A pesar de esa disminución las entidades encargadas del monitoreo explicaron que los niveles actuales están un 70 % más altos de lo necesario para cumplir la meta de detener y revertir la deforestación para 2030.

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Ante ese panorama, Wunderling y sus colegas señalan, entre sus recomendaciones, la restauración estratégica de los bosques de la Amazonia que se han perdido o degradado, con el fin de fortalecer su capacidad de reciclaje de humedad. Un ejemplo de esas apuestas es la del gobierno brasileño de recuperar cerca de 12 millones de hectáreas a través del denominado Arco de Restauración. Los investigadores concluyen que “estos esfuerzos deben considerarse de importancia global, ya que las transiciones en la Amazonia tendrán repercusiones no solo en las comunidades ribereñas, sino también en el desarrollo socioeconómico mundial”.

*Este artículo es publicado gracias a una alianza entre El Espectador e InfoAmazonia, con el apoyo de Amazon Conservation Team.

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Por Catalina Sanabria Devia

Periodista con enfoque en temas ambientales. En El Espectador escribe, principalmente, sobre la Amazonia. También le interesan los asuntos de género y construcción de paz. Ha colaborado en medios como Rutas del Conflicto y Mongabay Latam. Ganadora del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (2022).@catalina_sanabrlsanabria@elespectador.com
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