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7 Apr 2022 - 1:00 p. m.

¿De dónde viene mi comida? La pregunta que ayudaría a mitigar el cambio climático

Por primera vez un informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) incluyó a los consumidores dentro de las medidas que se pueden tomar para enfrentar el cambio climático, afirmando que las estrategias de demandas podrían reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en un 40 o 70 %. El sistema alimentario es el que mayor potencial de mitigación tiene desde la perspectiva de los consumidores.
¿De dónde viene mi comida? La pregunta que ayudaría a mitigar el cambio climático
Foto: ThomasVogel

Hace unas semanas, como parte de la edición especial que conmemoró los 135 años de existencia de El Espectador, hablamos con Paula Caballero, la colombiana que estuvo detrás de la creación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los 17 ODS, aprobados en 2015, son una especie de hoja de ruta que deben seguir los líderes del mundo para, como lo señala la ONU, tener “una oportunidad para que los países y sus sociedades emprendan un nuevo camino con el que mejorar la vida de todos, sin dejar a nadie atrás”.

Esta serie de objetivos abarcan todas las dimensiones de la vida, desde la pobreza, la educación, la salud, la igualdad de género y el ambiente, hasta la paz, la justicia y el trabajo, entre otros. Sin embargo, según comentó Caballero en esa entrevista, los ODS tienen una especie de “mamá”: el ODS 12, que trata sobre la producción y el consumo responsable. (Puede leer: El Espectador ahora se imprime en papel de bagazo de caña de azúcar)

“Si resuelves eso, avanzas mucho. Si cambias los patrones de producción en el sector agropecuario o en transporte, esto va a tener un impacto trascendental en todos los otros ODS. Si cambias las decisiones que hacemos como consumidores, como el tipo de transporte que elegimos, qué comemos, cómo nos vestimos o qué tipo de políticos escogemos, porque ese también es un tipo de consumo, creo que habrá consecuencias positivas. Si hay un ODS que pueda cambiar el mundo, diría que es el ODS 12”, dijo en su momento.

Precisamente, el tercer documento del sexto informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), escrito por más de 200 científicos de distintos países del mundo y que fue lanzado este lunes, señala los cambios que deben darse en varios frentes de producción para cumplir el objetivo de mantener la temperatura global por debajo de los 1,5° C para finales de siglo. Pero, como también resalta el portal periodístico Carbon Brief, especializado en la ciencia del clima y otros temas ambientales, por primera vez un informe del IPCC incluye un capítulo sobre cómo el comportamiento de las personas, traducido en sus hábitos de consumo, pueden reducir las emisiones.

El documento, titulado “Cambio climático 2022: mitigación del cambio climático”, apunta a que el sector energético es el mayor responsable de las emisiones globales, aportando el 34 % de estas para 2019. Le siguen la industria, con el 24 %; la agricultura y el cambio de uso del suelo, con 22 %; el transporte, al que se le atribuye un 15 %, y, por último, la infraestructura, con el 6 %. Ante lo primero, el IPCC es claro, pues señala que se debe reducir el uso general de los combustibles fósiles, “ampliar el despliegue de energía de bajas emisiones (...) y lograr la eficiencia y conservación de la energía”. (Le puede interesar: Millones de toneladas de desechos plásticos ahogan al mundo, ¿qué se puede hacer?)

Bajo este panorama, ¿qué podemos hacer como consumidores?

En términos técnicos, el documento del IPPC hace referencia a estrategias de demanda, que también contemplan otra serie de medidas, como el uso de tecnologías para reducir las emisiones. Según el documento, con una alta confianza (el rango más alto utilizado por el panel para realizar distintas afirmaciones), “las estrategias de demanda podrían reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en un 40 o 70 %”.

A diferencia de lo que sucede cuando se señalan los principales sectores que deben cambiar su forma de producir, teniendo en cuenta a los consumidores, el IPCC apunta al sector de la alimentación como el que mayor potencial de mitigación tiene. Según el informe, de aquí a 2050, los cambios en la demanda de alimentos podrían evitar la emisión de 8.000 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2).

Entonces, ¿qué comer para ayudar al planeta? La respuesta a la pregunta no es para nada sencilla, apuntan Camila Cammaert, coordinadora de Sistemas Alimentarios Sostenibles en WWF Colombia, y Daniela Idárraga, del equipo de Sistemas Alimentarios Sostenibles de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). (También puede leer: ¿Qué tiene que ver el covid-19 con los bosques y por qué hay que cuidarlos?)

Para ambas, no se puede perder de vista el contexto y no existe ninguna fórmula mágica que aplique para todos los países del mundo e, incluso, para las distintas regiones de nuestro país. “Es un tema muy complejo, porque tiene que ver con decisiones personales, con lo que la gente decide comer”, señala Cammaert y complementa diciendo que aún se requieren grandes esfuerzos para que las personas entiendan que los cambios que necesita el planeta y la humanidad no son solamente responsabilidad de los gobiernos.

Aunque Idárraga reconoce las diferencias contextuales, culturales, sociales, económicas y geográficas del problema, señala que hay un enfoque “transformador” para entender la problemática y poder alcanzar un sistema alimentario sostenible. Se trata del enfoque de los derechos humanos. Para ella, hay tres dimensiones con la alimentación: lo nutricional, lo económico y lo ambiental: “El derecho humano a la alimentación adecuada se complementa de manera muy bonita con el de la dignidad humana, pero además con todo el tema ambiental”, resaltando que todas las personas en el mundo deberían acceder a una alimentación nutricionalmente adecuada, en condiciones dignas y que se haya producido de manera sostenible con el medio ambiente.

Pero, ¿cómo es posible garantizar estos derechos cuando los patrones de producción y consumo son cada vez más insostenibles e inequitativos? Para Idárraga, la respuesta está en políticas públicas que se propongan metas reales y, sobre todo, que cuenten con participación activa de la sociedad. “Hay que descentralizar las políticas, porque el sistema alimentario es tan heterogéneo, y, por lo tanto, se requiere territorializar las políticas”. Entonces, en la participación está una de las claves que los consumidores tenemos para ayudar en la mitigación del cambio climático. (Puede interesarle: Al acuerdo que busca proteger la biodiversidad le falta ambición)

El entorno alimentario debe favorecer al consumidor

Si bien Idárraga reconoce que hay muchas más acciones que los consumidores pueden tomar para mejorar sus hábitos alimenticios y ayudar al planeta, cree que el entorno alimentario debe generar las condiciones para hacerlo. Para mejorar ese entorno hay que generar cambios en todo el sistema alimentario, algo que el IPCC reconoce en el último informe, al señalar que se “requiere un cambio en todas las etapas, desde el productor hasta el consumidor y la gestión de residuos”.

En palabras de Idárraga, se trata de que el mismo sistema les pueda ofrecer a los consumidores la información sobre el origen de los productos, la sostenibilidad de los mismos y qué tan saludables son, entre otra información que sirva para tomar mejores decisiones. Este es un factor que Cammaert considera fundamental, pues la primera recomendación que hace es la de consumir productos locales y de temporada. “Ahí la comunicación es fundamental y puede empezar entre la persona que compra y la que vende. Saber de dónde se traen los productos, qué tan lejos se produjeron, cuáles son las frutas y verduras que están en temporada, cuáles están próximos a vencerse, entre otras cosas”, son aspectos básicos que deberíamos tener en cuenta al momento de comprar, pero que también requieren una información a la que muchas veces no tenemos acceso.

La segunda recomendación tiene que ver con incorporar más alimentos a la dieta y hacerla más variada. Un buen ejemplo puede ser el de la papa, dice Idárraga. Ante el incremento en el precio de este habitual ingrediente en los platos colombianos, podríamos voltear a mirar la yuca, por ejemplo. Se trata, entonces, de conocer y aprovechar la amplia y variada oferta que vemos en las tiendas, supermercados o plazas de mercado para integrar alimentos que generalmente no consumimos. (Puede leer: Biodiversidad y bienestar humano, una relación vital que está en peligro)

La última recomendación que hacen Cammaert e Idárraga tiene que ver con la disminución del desperdicio de alimentos. Además de lo paradójico del asunto, considerando la inseguridad alimentaria que padecen millones de personas alrededor del mundo, los autores del informe del IPCC explican que entre el 20 y 40 % de los alimentos se desperdician. Esta pérdida de alimentos representó entre el 8 y 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero entre 2010 y 2016.

Algunas claves para evitar este desperdicio son: preferir comprar productos que se encuentren en promoción con descuento en lugar de los que ofrecen 2x1, pues comprando de más se aumenta la cantidad de ítems que inicialmente iba a llevar y posiblemente se termine desperdiciando ese excedente. También se recomienda comprar exclusivamente lo necesario y no hacer grandes mercados, ya que al comprar menos cantidad se reducen los riesgos de que se desperdicien los alimentos. Además, al visitar más seguido los lugares donde se compra el mercado, puede acceder a productos más frescos. Conocer las fechas de vencimiento de los productos también puede ayudar, pues en ocasiones estos pueden estar a menor precio, así ganan el bolsillo y el planeta. Por último, en caso de que sobre comida, se puede guardar de manera adecuada y procurar consumirla en los siguientes días.

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