
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Los incendios forestales en Colombia, que han afectado especialmente a Tolima con más de 50 mil hectáreas quemadas, han dejado imágenes lamentables: árboles y vegetación en llamas, familias tratando de evitar que el fuego llegue a sus casas y cultivos, campesinos moviendo a su ganado para ponerlo a salvo y animales silvestres calcinados.
El impacto sobre las personas es evidente. El presidente Abelardo De La Espriella confirmó que las pérdidas en Tolima ascienden a los COP 134 mil millones, pues, 28 mil de las hectáreas afectadas corresponden a zonas agropecuarias. Sin embargo, la emergencia va más allá: hay 163 mil animales en riesgo en el departamento, según el mandatario.
(Lea: ¡Qué calor! En estos lugares colombianos hubo temperaturas superiores a los 42 °C en agosto)
Los centros de atención de las corporaciones ambientales donde se han registrado emergencias, como Tolima y Cundinamarca, han reportado la atención a ocelotes, zarigüeyas, iguanas, armadillos y osos hormigueros afectados por las quemaduras o la inhalación del humo que generan los incendios.
Es un tipo de emergencia en las que como señaló recientemente la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), los animales suelen recibir menos atención, pese a que los incendios provocan sufrimiento y mortalidad animal generalizados, alteran la producción ganadera, destruyen hábitats y biodiversidad, y comprometen los medios de vida de las comunidades rurales.
Pero hay un punto que los inquieta un poco más. Los incendios también pueden modificar la forma en que interactúan la fauna silvestre, los animales de producción y las personas “mucho después de que las llamas se hayan extinguido”, señala la organización. Esto sucede porque los animales silvestres desplazados pueden acercarse a zonas agrícolas y asentamientos humanos.
Cuando esto pasa, los ecosistemas degradados pueden alterar su dinámica, así como la manera en que se transmiten las enfermedades entre animales, e incluso, aquellas que pueden pasar de animales a personas, conocidas como zoonosis.
En el informe del “Estado de la sanidad animal en el mundo 2026”, la OMSA señala que aproximadamente el 60 % de las enfermedades infecciosas humanas conocidas proceden de los animales, y el 75 % de los nuevos patógenos humanos detectados en las últimas décadas tienen origen animal.
Por eso su preocupación. Cuando los ecosistemas se transforman, por diferentes causas (incluidos los incendios) puede hacer que esa relación sea todavía más estrecha. La OMSA advierte que la pérdida del 25 % de la cubierta forestal original de un área específica es suficiente para aumentar la probabilidad de contacto entre humanos y ganado con animales silvestres. Algunos de estos contactos pueden aumentar la posibilidad de transmisión de enfermedades.
En ese sentido, la OMSA dice que los servicios veterinarios juegan un papel importante a lo largo de todo el ciclo de gestión de desastres. Afirman que antes de que se produzcan los incendios, estos profesionales pueden apoyar la prevención de varias maneras. Una es a través de la promoción del pastoreo. Los animales (ya sea cabras, ovejas, vacas) limpian el monte de forma natural cuando se comen la maleza y arbustos secos, que si se dejan, luego sirven de combustible para propagar el fuego durante estos eventos.
Durante las emergencias, los servicios veterinarios también pueden contribuir a la evacuación de animales, la atención veterinaria de urgencia, las evaluaciones del bienestar animal y la coordinación con los equipos de respuesta. En la fase de recuperación, ayudan a restablecer los servicios esenciales de sanidad animal, fortalecen la vigilancia de enfermedades, supervisan la salud del ganado y de la fauna silvestre, y apoyan la recuperación de los medios de vida rurales y de los ecosistemas afectados.
La sanidad animal más allá de los incendios
Pero sus funciones no se deben limitar únicamente a las emergencias. Los brotes de enfermedades en animales “son cada vez más frecuentes, más complejos y más difíciles de contener”, según señala la OMSA en su informe.
Las razones son diversas: el cambio climático, las modificaciones en el uso del suelo, la intensificación en los sistemas de producción o el aumento del comercio. Aunque no todas las enfermedades animales conducen a pandemias humanas, como ocurrió con el covid-19, “muchas comparten vías similares de aparición y transmisión”, dice la organización.
Pensemos en el ejemplo de la gripe aviar, una enfermedad causada por el virus de la gripe que se origina en aves, pero que ha escalado hasta infectar a mamíferos, e incluso, aunque en menor medida, a humanos. Entre 2021 y marzo de 2026 se han reportado más de 600 especies de aves silvestres y de producción avícola, y más de 100 especies de mamíferos afectados por el virus de la influenza aviar.
Entre 2025 y principios de 2026 se han registrado 2.121 focos en 64 países. La OMSA dice que hay 20 millones de casos notificados y más de 140 millones de animales han muerto o han sido sacrificados.
En Estados Unidos, el Congreso afirma que las granjas de gallinas ponedoras fueron las más afectadas por el brote que inició en 2022, representando el 75 % de las pérdidas totales de aves de corral en el país. Dicen que entre 2022 y 2024, el número promedio mensual de gallinas ponedoras fue de 296 millones, mientras que entre 2020-2021 (antes del brote) era de 310 millones.
Eso tuvo un efecto económico también. La oferta de huevos en el país norteameticano se redujo y los precios minoristas aumentaron. Por esto es que la OMSA recalca que la sanidad animal tiene un impacto directo sobre la seguridad alimentaria, los medios de vida, la salud pública y la estabilidad económica.
La OMSA estima que enfermedades como la fiebre aftosa, la peste porcina africana o la rabia, unas de las más comunes en estos grupos, reducen la productividad ganadera aproximadamente un 20 % cada año, algo que afecta los medios de vida y alimentación de más de 1.300 millones de personas que dependen de este sector (el ganadero) valorado en USD 1,37 billones (dólares) en 2024 y que representa aproximadamente el 40 % del PIB agrícola mundial.
“Cuando los animales están sanos, estos sistemas funcionan. Cuando no lo están, las consecuencias se propagan rápidamente. La magnitud de esta dependencia suele subestimarse”, señala la organización.
Según el informe de la OMSA, cada año se necesitarán aproximadamente USD 2.300 millones para alinear los servicios veterinarios mundiales con las normas internacionales en materia de prevención. Esta cifra corresponde al nivel de inversión necesario para garantizar que las funciones esenciales, vigilancia, preparación y capacidad de respuesta, estén disponibles. Dicen que este no es un gasto opcional. “Es una inversión estratégica en estabilidad económica, seguridad alimentaria, resiliencia sanitaria, desarrollo sostenible y seguridad nacional y mundial”.
Además, afirman que se necesitan aproximadamente USD 5.000 millones anuales para, entre otras cosas, prevenir mejor la propagación de enfermedades entre animales y las transmisiones procedentes de la fauna silvestre hacia el ser humano.
“Invertir en sanidad animal es invertir en las personas: en el pequeño productor que se enfrenta a la próxima enfermedad del ganado o en el niño expuesto al riesgo de una infección zoonótica”, menciona en el informe Marianne Grosclaude, directora interina de Agricultura y Agroindustria, del Banco Mundial.
En otras palabras, prevenir una enfermedad en los animales no solo significa proteger al ganado o a la fauna silvestre. También puede evitar pérdidas económicas, proteger los medios de vida de millones de personas y reducir el riesgo de que una enfermedad termine afectando a la población humana.