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Se avecina el fenómeno de El Niño: ¿Cómo estamos de agua y energía?

Los Encuentros por el Agua y la Energía Renovable cumplen 15 años. En esta edición se realizarán encuentros regionales en Medellín, Manizales y Bucaramanga para recoger perspectivas, oportunidades y desafíos desde los territorios, y convertirlos en insumos y propuestas que contribuyan a la Política Nacional del Agua.

WWF Colombia

23 de abril de 2026 - 08:00 a. m.
Según el Ideam, existe un 61 % de probabilidad de que se den las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño, entre mayo y julio de 2026. EFE/EPA/AHMAD FALLAHA
Foto: EFE - AHMAD FALLAHA

Hay momentos en los que el agua parece un asunto técnico, encerrado en boletines, cifras de cuánta agua nos queda en los embalses o documentos de política pública para gestionar el recurso hídrico. Pero hay otros como el actual en los que aterriza una realidad innegable: la vida cotidiana de las personas depende del agua. Y no sólo eso, también constituye un factor determinante de la economía y de la estabilidad territorial.

El Ideam y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible hace unas semanas advirtieron que existe un 61 % de probabilidad de que se den las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño, entre mayo y julio de 2026, aumentando progresivamente hasta llegar al 90 % a partir de septiembre. Para el último trimestre del año se prevé que su intensidad sea moderada o superior.

La advertencia debe leerse más allá del pronóstico climático. Esto puede traducirse en un mayor riesgo de incendios forestales, olas de calor, estrés hídrico y afectaciones sobre la producción de alimentos y energía. Todo lo anterior, con un impacto directo negativo en el bienestar de las personas. Una alarma que retoma desafíos históricos y cíclicos para el país: fortalecer capacidades, ordenar prioridades y acelerar las acciones de mitigación de riesgo y de adaptación antes de que se sienta con mayor fuerza.

(Lea también: Colombia, un país anfibio que no ha aprendido a vivir con el agua)

Los Encuentros por el Agua y la Energía Renovable, liderados por la campaña BIBO de El Espectador, con la dirección técnica de WWF Colombia y el apoyo de Isagen, recogen esa lectura y proponen que la seguridad hídrica sea el hilo conductor de la conversación del 2026, entendida como la capacidad de los territorios para anticipar y gestionar los riesgos asociados a la variabilidad climática. En otras palabras: prepararnos mejor para que, cuando llegue una emergencia, la afectación sea la menor posible.

“La alerta frente a los fenómenos de variabilidad climática y la posible ocurrencia de un fenómeno de El Niño debe acelerar el fortalecimiento de la gobernanza a nivel territorial para actuar con mayor anticipación, de la mano de quienes habitan el territorio. Este ha sido el foco de nuestro trabajo durante más de 15 años, a través de los Encuentros por el Agua y la Energía Renovable. En Colombia, hablar de agua es hablar de la posibilidad de la vida, del equilibrio de los ecosistemas y de aquello que sostiene la seguridad alimentaria, la energía y el bienestar de las comunidades. Su protección y gestión sostenible es fundamental para reducir riesgos y fortalecer la resiliencia de los territorios”, afirma Ximena Barrera, directora de Relaciones de Gobierno y Asuntos Internacionales de WWF Colombia.

Ecosistemas sanos para una transición energética justa

El diálogo adquiere más peso si se mira el sector energético. En febrero, el Ministerio de Minas y Energía informó que Colombia alcanzó los 4 gigavatios de generación con energía solar, equivalentes al 17,09 % de la matriz energética del país. Es un avance importante y una señal de que la transición energética está dejando de ser una promesa para convertirse en infraestructura real, especialmente con el crecimiento de esta tecnología.

Esa buena noticia convive con otra realidad estructural: la seguridad energética colombiana sigue dependiendo, en buena parte, del agua. Aunque el país avanza en diversificación, el sistema todavía respira al ritmo de las lluvias, de los aportes hídricos y de la salud de las cuencas.

Camilo Marulanda, presidente de Isagen, insiste en que allí está uno de los puntos centrales del debate. “Para Isagen, la seguridad hídrica, la generación de energía y el ordenamiento del territorio son tres dimensiones inseparables. La disponibilidad de agua no depende solo del clima, sino también de decisiones históricas sobre el uso del suelo, la ocupación de las cuencas y la protección de los ecosistemas estratégicos”, señala.

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Esa visión refuerza la idea de que hablar de agua y energía no es hablar de dos agendas separadas. Es hablar de cómo protegiendo la oferta hídrica se aumenta la resiliencia del sistema y se acelera una transición energética justa. Con un mayor peso de fuentes como la solar, la biomasa y otras alternativas, estas pueden ayudar a aliviar la presión sobre grandes embalses cuando el clima se vuelve más incierto.

Marulanda lo resume en una frase que encaja con el diálogo de este año: “No hay seguridad energética sin seguridad hídrica, y esta última solo es posible si el agua se gestiona de manera integral, anticipada y con visión de largo plazo en los territorios”.

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Encuentro Nacional por el Agua 2025.
Foto: El Espectador

Ejes de los encuentros

En Colombia, la paradoja hídrica sigue intacta: el país tiene una oferta alta, pero el acceso es desigual, la calidad sigue siendo un reto y la gobernanza no siempre logra articular los instrumentos existentes. El documento de recomendaciones que hicimos al Plan Nacional de Desarrollo en la edición 2025 de los Encuentros por el Agua y la Energía Renovable recuerda que el agua debe convertirse en el punto de partida de la planificación territorial y no seguir subordinada a decisiones urbanas, productivas o de infraestructura que avanzan sin suficiente coordinación.

Para el 2026, en los 15 años de los Encuentros, el propósito es contribuir a la Política Nacional del Agua, hoy en formulación, para que se traduzca en acciones concretas en los territorios. Este año se organizarán en cinco ejes temáticos: Ordenamiento territorial, gobernanza de cuenca y gestión de conflictos socioambientales, soluciones basadas en la naturaleza (SbN) como eje agua–energía–clima, gestión del riesgo hídrico y adaptación climática territorial, y conocimiento, cultura del agua y capacidades territoriales y servirá para cruzar las recomendaciones del 2025 con oportunidades reales de implementación.

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“Lo que buscan los Encuentros este año, es pasar del diagnóstico a la implementación. La Política Nacional del Agua puede ser una oportunidad para ordenar prioridades, alinear actores y aterrizar decisiones en los territorios, especialmente en un momento en que la variabilidad climática obliga a anticipar sus impactos”, añade Barrera.

Adaptación y soluciones basadas en la naturaleza

Uno de los giros más valiosos de esta conversación es que pone sobre la mesa no solo los riesgos, sino las herramientas para enfrentarlos mejor. WWF Colombia ha insistido en que las soluciones basadas en la naturaleza son fundamentales para fortalecer las sinergias entre las agendas de clima y biodiversidad. Conservar y restaurar bosques, humedales, páramos y otros ecosistemas ayuda a capturar carbono, pero también a reducir vulnerabilidades, regular el ciclo del agua, disminuir erosión y fortalecer la resiliencia tanto de las personas como de los territorios frente a sequías, inundaciones y otros eventos extremos.

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Ese enfoque es especialmente pertinente para Colombia. La protección de cuencas, suelos, nacimientos, bosques altoandinos, bosques tropicales húmedos y secos, y humedales,no es sólo una tarea ambiental, sino también una forma concreta de fortalecer la regulación hídrica y reducir la vulnerabilidad frente a futuras emergencias.

Desde la mirada de Isagen, la experiencia acumulada en estos espacios también deja una lección clara. “La transición energética no puede entenderse únicamente como un cambio tecnológico, sino como un proceso profundamente territorial, social y ambiental”, dice Marulanda. Y agrega: “La protección de fuentes hídricas, bosques, páramos y cuencas no es un obstáculo para la transición, sino una condición habilitante”.

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Este planteamiento cobra relevancia porque cambia el tono de la conversación. Ya no se trata solo de cuánto riesgo puede traer un nuevo verano intenso, sino de qué tan capaces somos de reforzar desde ahora las bases ecológicas e institucionales que hacen posible enfrentar mejor ese riesgo.

Una agenda para actuar

En ese sentido, la novedad de los Encuentros 2026 es sólo metodológica en su aproximación política y periodística. La apuesta es sacar el agua del lenguaje cerrado de los expertos y devolverla a una conversación pública más cercana: cómo asegurar agua de mejor calidad, cómo usar mejor los instrumentos existentes, cómo coordinar los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) y los Planes de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas (POMCA), cómo fortalecer la prevención y el monitoreo, cómo restaurar ecosistemas estratégicos y cómo ampliar una transición energética que ayude a responder mejor cuando las lluvias bajen.

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Para que eso ocurra, Marulanda plantea tres prioridades que encajan con el espíritu de este nuevo ciclo: una gobernanza efectiva del agua en las cuencas, una mejor alineación entre planeación hídrica, energética y territorial, y una inversión sostenida en conservación y gestión del recurso. “Proteger ecosistemas estratégicos, restaurar cuencas y fortalecer capacidades locales no debe verse como un gasto, sino como una inversión clave para la seguridad hídrica, energética y social del país”, afirma.

Ese mensaje conecta con la apuesta de fondo de los encuentros: la nueva Política Nacional del Agua va a fortalecer las acciones de adaptación a la variabilidad y cambio climático y amplía el componente de gestión y prevención del riesgo propendiendo por disminuir la vulnerabilidad de los sistemas hídricos.. O, dicho de otra manera, usar este momento de alerta para construir mejores capacidades antes de que llegue la próxima emergencia.

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Con el 2030 a la vuelta, la discusión sobre el agua no puede reducirse a cuánto llueve o en qué nivel están los embalses. El foco es qué tan bien estamos usando este tiempo para prepararnos. Los Encuentros 2026 apuntan a construir, de manera conjunta, una agenda más clara para que el país no solo responda mejor ante el próximo verano intenso, sino que construya territorios más resilientes, con mejor gobernanza del agua, ecosistemas más sanos y una transición energética mejor conectada con la realidad de sus cuencas.

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Por WWF Colombia

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