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En Colombia, no deberíamos enfrentar racionamientos de agua, ni siquiera cuando las lluvias disminuyen debido al fenómeno de El Niño. Sin embargo, incluso la capital ha tenido que racionarla. Entre enero y abril de 2025, Bogotá tuvo cortes programados porque su principal fuente, el sistema Chingaza, no podía garantizar un caudal mínimo de 15 metros cúbicos por segundo, equivalente al de un río pequeño. Según datos del IDEAM, hay cientos de puntos en el país con una disponibilidad de agua mucho mayor que la que Bogotá necesitaba para evitar ese racionamiento. Y como solo se mide en algunos lugares, en realidad hay miles de ríos en Colombia con suficiente caudal para satisfacer una demanda como la de la capital. Esto mismo aplica a cualquier municipio o vereda del país.
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Colombia tiene tanta agua en forma de lluvia o de caudal que, en teoría, podríamos abastecer a más de diez veces nuestra población, incluso a toda Suramérica. Cada año Colombia recibe alrededor de 3.000 kilómetros cúbicos de lluvia, que, si se convirtiera toda en caudal, equivaldría a más de 95.000 metros cúbicos por segundo, es decir, más de 6.000 veces lo que necesitaba Bogotá.
Aunque el fenómeno de El Niño reduce esta abundancia, si enfrentamos racionamientos en 2026 o 2027 no será por falta de agua, sino por la debilidad de nuestros sistemas de abastecimiento. Esta debilidad puede corregirse rápidamente si construimos sistemas de respaldo.
¿Qué es un sistema de respaldo? Es tener un plan B por si falla la fuente principal. Como los hospitales que cuentan con plantas eléctricas para no quedarse sin energía, deberíamos garantizar al máximo que no falte el agua.
La mayoría de los acueductos del país dependen de ríos pequeños, que captan el agua de sus cuencas, también pequeñas. Estos sistemas son muy frágiles frente a El Niño: si llueve poco, basta con unos meses, o incluso menos, para que un río pequeño pierda su capacidad de suministro de agua. Si El Niño llega a durar más o se vuelve más fuerte de lo habitual, como puede ocurrir debido al cambio climático, los racionamientos de agua serán más severos.
Una idea clave para evitar racionamientos, ahora que se acerca un El Niño extremo, es construir con urgencia sistemas de respaldo. Por ejemplo, los acueductos que dependen de una sola cuenca pueden buscar conectarse a otra cuenca cercana. Si una falla por El Niño, la otra puede suplir la demanda. Ningún sistema es infalible, pero un acueducto conectado a dos fuentes es más resistente frente a la escasez.
Esta no es una idea descabellada: las grandes ciudades ya lo hacen. Una gran parte de Medellín, por ejemplo, puede recibir agua de cuencas distintas, separadas entre sí por decenas de kilómetros. Si un embalse falla, el otro lo respalda. Lo raro es que los acueductos pequeños no tengan este tipo de respaldos. Es urgente construirlos.
Construir sistemas de respaldo requiere inversión y esfuerzo, pero un racionamiento cuesta mucho más que casi cualquier medida que imaginemos para evitarlo. Además, hay presiones en aumento: la demanda de agua, que crece cada año; el cambio climático, que tiende a volver más severas las sequías y otros eventos extremos, como derrumbes e inundaciones, que también comprometen el abastecimiento de agua; y la deforestación del Amazonas, que puede reducir la lluvia en Colombia. Por lo tanto, no es solo un problema de este año: se prevé un futuro más retador para el abastecimiento de agua.
En un mundo marcado por el cambio climático y la necesidad de adaptación que ello conlleva, construir sistemas de respaldo para el abastecimiento de agua debe ser una prioridad de las políticas públicas. La abundancia de agua es una oportunidad que la naturaleza nos ofrece en Colombia, pero se desperdicia si no construimos sistemas más robustos que la aprovechen para brindar a la sociedad la máxima seguridad hídrica posible.
Un obstáculo puede ser la inercia institucional de las autoridades ambientales, ya que no están acostumbradas a otorgar concesiones de agua redundantes: no te dan otra si ya tienes una. Es clave dialogar con las autoridades y actualizar las reglas, ya que los desafíos actuales también exigen cambios institucionales. Hay razones técnicas de sobra para hacerlo y la cantidad de agua disponible en el país no nos limita.
Dejemos de culpar a El Niño por los racionamientos y reconozcamos la causa de fondo: la fragilidad de nuestros sistemas de suministro de agua. Fortalezcámoslos construyendo respaldos de forma masiva. Es factible y escalable: con apoyo público y privado, tanto comunidades como municipios y empresas prestadoras de servicios públicos pueden hacerlo.
*Profesor de la Universidad de Antioquia, Doctor en Recursos Hidráulicos.
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