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Cuando los hidrocarburos de Ecopetrol van a dar a la casa del manatí

En la ciénaga El Llanito, a 20 minutos de Barrancabermeja, ha habido cuatro episodios de contaminación por hidrocarburos este año. Ecopetrol, que opera en la región, admite su responsabilidad y dice que está trabajando para remediarlo. En ese cuerpo de agua de casi mil hectáreas, vive el manatí antillano y de él dependen 550 pescadores.

Daniela Bueno

26 de julio de 2026 - 09:00 a. m.
La Secretaría Distrital de Ambiente Barrancabermeja ha reportado cuatro episodios de contaminación por hidrocarburos este año en la ciénaga El Llanito.
Foto: Secretaría Distrital de Ambiente Barrancabermeja

En los casi 20 minutos que dura el recorrido en carro entre el casco urbano de Barrancabermeja, en Santander, hasta el corregimiento El Llanito, es común ver tubos elevados al lado del camino. Son estructuras que le recuerdan a los visitantes que transitan por el distrito donde está la refinería de petróleo más grande de Colombia: la Refinería de Barrancabermeja.

Tras recorrer esa carretera rodeada de humedales, en El Llanito el paisaje cambia. Casi todas las casas tienen árboles que hacen sombra y ayudan a sus pobladores a sortear los 35 °C a los que llega la temperatura a mediodía. Están pintadas con colores vivos y en algunas fachadas está la figura de un animal que se ha convertido en el símbolo de la comunidad: el manatí antillano (Trichechus manatus), una especie considerada En Peligro de extinción en Colombia.

(Lea: El daño que las especies invasoras causan a los ecosistemas es más grave en estos países)

Al fondo de la carretera principal, justo al final del recorrido, está el hogar de este mamífero: la ciénaga El Llanito que le brinda alimento y refugio. Allí también se reproduce.

En la orilla de la ciénaga hay un par de lanchas estacionadas, pues por estos días los bajos niveles del agua impiden navegar a los pescadores con normalidad en las casi mil hectáreas de agua. La Secretaría de Ambiente y Transición Energética de Barrancabermeja afirma que es por el fenómeno de El Niño.

Pero el inicio de la sequía no es la única preocupación que expresan sus habitantes. Este año, en al menos cuatro oportunidades, han aparecido manchas de hidrocarburos.

El 21 de junio ocurrió uno de estos episodios. En medio de la ciénaga, una sustancia de “apariencia aceitosa, coloración característica (iridiscencias) y olor perceptible” se extendió sobre el agua e impregnó parte de la vegetación. Así lo describió un informe técnico de la Secretaría Distrital de Ambiente luego de visitar el lugar. Hubo eventos similares en enero, febrero y mayo, señala el documento.

Juan Tercero Gamarra, un pescador artesanal que lleva casi 60 años en El Llanito, afirma que no es un problema reciente, sino la consecuencia de una contaminación que se ha acumulado durante años.

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“Todos sabíamos que el problema estaba ahí, pero como ‘no estaba afectando’, no se le prestó atención. Ahora que afloró, y las corrientes lo sacan y contaminan hacia la parte más grande de la ciénaga es que lo están viendo”, dice.

Detrás de los derrames, según la Secretaría de Ambiente, hay fallas operacionales de Ecopetrol de hace muchos años, que en 1960 descubrió el campo Llanito, un yacimiento de extracción de hidrocarburos ubicado al lado de la ciénaga. Allí, hoy produce, en promedio, 5 mil barriles de petróleo diarios (cada barril tiene 159 litros).

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Ecopetrol no elude su responsabilidad. En una respuesta enviada a El Espectador asegura que, debido a las lluvias, en la Estación Nororiental hubo un rebosamiento de agua residual industrial de una piscina, una estructura diseñada para almacenar el agua que va quedando en los procesos de extracción.

También reconoce que en mayo el derrame estuvo relacionado con lo que llama un Impacto Ambiental No Resuelto (IANR). Es conocido como La Macarena, un sitio donde hace más de 40 años se acumularon hidrocarburos, y que hoy es, en parte, el protagonista de la contaminación en la ciénaga.

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Foto: Archivo

Un problema que aún no tiene solución

El IANR La Macarena no es nuevo. Está en un humedal al lado de la ciénaga en el que permitieron que los hidrocarburos se fueran acumulando tras los procesos de exploración, producción, transporte o refinación que se hicieron en operaciones cuando aún no existía la Ley 99 de 1993, que definió los principios de la política ambiental colombiana.

Antes de esa ley (es decir, por unos 75 años), la operación petrolera no contó con un marco regulatorio ambiental riguroso ni específico como el actual, y sus actividades eran en gran medida desarrolladas por compañías transnacionales, según cuenta Ecopetrol en un documento institucional.

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Pero después de 1993, esta empresa empezó a identificar impactos ambientales por hidrocarburos y sus derivados en sus áreas de influencia. Hasta el 31 de diciembre de 2025, registraron y reportaron ante las autoridades ambientales competentes un total de 286 Impactos Ambientales No Resueltos que suman 383.5 hectáreas. Uno de esos es el IANR La Macarena que tiene un área de 193,452 m2, una superficie equivalente a cerca de 27 canchas de fútbol profesional.

En su defensa, Ecopetrol dice que ya han recuperado 145,102 m2 (que corresponden al 75% del área). Para lograrlo, han aplicado biorremediación mejorada, una técnica usada para limpiar suelos, aguas o sedimentos contaminados utilizando organismos vivos, principalmente bacterias y hongos, que degradan los hidrocarburos. La empresa dice que esta técnica optimiza el tiempo de recuperación hasta en un 50 %, y que ya han logrado recuperar 277 IANR.

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Sin embargo, la Secretaría de Ambiente de Barrancabermeja tiene otra versión sobre el proceso que adelanta la compañía en la ciénaga El Llanito. Leonardo Granados, el líder de esa cartera, afirma que “han aumentado la contaminación, han quitado macrófitas (plantas acuáticas) y usado indebidamente maquinaria pesada que no cumple con las condiciones”.

Incluso, en agosto de 2025, la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS) impuso medida preventiva y decomisó maquinaria, “porque no tenían el permiso de ocupación de cauce”, que debía ser otorgado por la CAS.

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La CAS le afirmó a El Espectador que consideran que las barreras de contención implementadas en el área del IANR – La Macarena, resultan “insuficientes frente al nivel de riesgo existente, debido a la cercanía de las operaciones con la Ciénaga El Llanito y a la vulnerabilidad ambiental del sector”.

Para la Secretaría Ambiental, estos hechos tienen posibles impactos sobre el manatí antillano. Las macrófitas, por ejemplo, que constituyen la base de su alimentación, han quedado impregnadas de hidrocarburos. Granados, además, afirma que en los últimos siete años han muerto 17 individuos, y que la mayoría de las muertes están “asociadas a contaminación porque no presentan laceraciones, que ocurre cuando son golpeados con alguna máquina, lancha o trasmallos”.

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Aunque para afirmar con certeza que el consumo de macrófitas con hidrocarburos está causando esas muertes se necesitarán más investigaciones, algunos estudios ya han advertido sobre la amenaza que representa la contaminación para los manatíes. En 2014, la revista Biota Colombiana, del Instituto Humboldt, publicó un estudio en el que sus autores afirman que en la Ciénaga de Paredes (también en Santander), la calidad del agua contaminada por diferentes causas representa una amenaza para la población de manatíes y recomendaron profundizar en estudios sobre las comunidades de macrófitas, precisamente por su relación con la alimentación del animal.

Otro estudio publicado en la revista Latin American Journal of Aquatic Mammals (LAJAM), de la Sociedad Latinoamericana de Especialistas en Mamíferos Acuáticos (SOLAMAC), también señala que los manatíes pueden exponerse a contaminantes al consumir plantas acuáticas. En él participaron investigadores de Wildlife Conservation Society (WCS) Colombia y de las corporaciones ambientales de Santander y Antioquia, que analizaron los varamientos de manatíes ocurridos entre 2011 y 2023 en el Magdalena Medio.

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En sus conclusiones, advierten que la especie enfrenta múltiples amenazas, entre ellas la degradación de los humedales y la contaminación ambiental. Su recomendación era ahondar en estudios toxicológicos más detallados en manatíes para establecer a partir de qué cantidad los contaminantes pueden representar un riesgo para su salud.

¿Qué está haciendo la empresa?

Ecopetrol sabe que los derrames pueden afectar uno de los principales alimentos del manatí, las macrófitas. Por eso, reiteran que están trabajando para retirar el material más afectado y que las demás, con afectación leve, “están siendo tratadas mediante técnicas de lavado de baja presión y uso de material absorbente biológico, permitiendo su supervivencia”, afirma la empresa. Además, dicen que mantienen macrófitas sanas para que continúen sirviendo de refugio a peces, aves y otras especies del humedal.

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Para los recientes hechos han implementado otras acciones, contempladas en el Plan de Emergencia y Contingencia aprobado por la ANLA. Estas incluyen la instalación de barreras de contención, la recuperación del fluido derramado y labores de limpieza, recolección de material impregnado y acondicionamiento de las áreas intervenidas para su recuperación ambiental.

Sin embargo, el problema no solo parece afectar a los manatíes. El 16 de julio, los pescadores denunciaron la muerte de decenas de peces en la ciénaga. Según ellos, el problema no se limita al sector de La Macarena. Aseguran que en la ciénaga existen entre cuatro y cinco puntos donde se han acumulado hidrocarburos, entre ellos Llanito 86, Los Pinos, Cardales y Rincón de Peñate, información que coincide con la que entregó a El Espectador el secretario de Ambiente de Barrancabermeja.

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En ese último punto hubo un episodio de contaminación en enero. La Secretaría de Ambiente advierte en su informe que la Estación 3 de Ecopetrol se encuentra a menos de un kilómetro del lugar y que esa cercanía “aumenta el riesgo de que, ante un derrame o una filtración proveniente de actividades industriales, los hidrocarburos lleguen hasta la ciénaga”, se lee en el documento.

Por estos hechos, la CAS ordenó en septiembre del año pasado la apertura de investigación administrativa de carácter ambiental en contra de Ecopetrol. Además, mediante un concepto técnico del 1° de julio, la corporación le pidió a la empresa una serie de requerimientos “dado que en visita de inspección ocular se evidenci ausencia de medidas de control y contingencia que eviten la contaminación de las aguas de la ciénaga del Llanito”, afirmaron a este medio.

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Mientras tanto, las autoridades locales y las comunidades insisten en una intervención integral del ecosistema del que se benefician más de 550 pescadores certificados por la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP). A la contaminación, hoy se suma un nuevo desafío: el fenómeno de El Niño. Con menos agua, la pesca se vuelve cada vez más escasa y ha obligado a los pescadores a desplazarse hasta otros lugares para buscar su sustento.

Lanchas estacionadas en la ciénaga El Llanito, en Barrancabermeja.
Foto: Daniela Bueno

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