Mientras navegamos por Old Providence McBean Lagoon, en la isla de Providencia, Darson Archbold Robinson dice que hay un par de eventos que lo sacudieron desde que en 2017 empezó a ser funcionario de ese Parque Nacional Natural. El primero fue el Huracán Iota, que en noviembre de 2020 destrozó la infraestructura de la isla y arrasó, además, con manglares y corales. El segundo fue el incremento de temperatura que detectaron en el mar a partir de 2023. A diferencia de otros años, recuerda, hubo un aumento constante que empezó a poner en aprietos a varias especies marinas.
“Algunos corales empezaron su proceso de blanqueamiento”, detalla mientras nos detenemos en Marcela’s Place, un área que llamaron así en honor a Marcela Cano, directora del parque por 22 años. “Ya, por ejemplo, no tenemos registro de las especies Acropora palmata y Acropora cervicornis dentro de la zona lagunar. Son muy sensibles al calentamiento del mar”.
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Quienes como Robinson dedican sus días a indagar sobre lo que sucede bajo la superficie del mar saben que la situación no pinta nada bien para el océano. Cada tanto, publican gráficas que muestran que en los últimos años la temperatura superficial está comportándose de una forma muy diferente a las décadas anteriores. Saben también que ese fenómeno está relacionado con los episodios de blanqueamiento masivos de corales, esenciales para la vida marina.
Dicho de una forma más precisa: las temperaturas de la superficie del mar han aumentado globalmente una media de más de 0,4 °C desde 1993, explica en su página el Copernicus Marine Service. De hecho, el número de olas de calor marinas, a las que llaman wildfires of the ocean, se ha duplicado desde 1982.
No es una casualidad que el Informe Planeta Vivo, de WWF y de la Sociedad Zoológica de Londres (2024), haya incluido a los arrecifes de coral dentro de los puntos de inflexión a los que se acerca el planeta, junto a la Amazonía y la capa de hielo de la Antártida occidental. Es decir, debido al calentamiento global, van rumbo a una situación que será irreversible.
El escenario le causa pavor a Mónica Medina, una científica caleña, PhD en Biología Marina, que está en la Universidad de California en Los Ángeles (Estados Unidos), y que ha dedicado su vida de investigadora a entender mejor a los corales y su evolución.
“Desde que empecé a trabajar con corales, llevo mucho tiempo con angustia y con ansiedad”, cuenta en una llamada virtual. “Siempre pensaba que al final de mi carrera, un punto al que estoy llegando, ya no va a haber qué estudiar. ¡Lo que yo estudio no va a estar! Y esa angustia ha ido creciendo y creciendo. Y siempre me he preguntado, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo, como científicos, podemos influir?”.
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Parte de la respuesta que Medina ha ido buscando y construyendo la publicó el pasado miércoles la prestigiosa revista científica Science Advances. En un breve artículo editorial firmado por ella, por otros dos colegas (Ben-Zvi y Oren Levy) y por un grupo de artistas, entre los que está el pintor Carlos Jacanamijoy y el músico Héctor Buitrago (ex Aterciopelados), llamaban la atención sobre lo importante que es el arte para ayudar a proteger a los corales.
“Los arrecifes de coral no solo son fuente de inspiración estética, sino también un conmovedor símbolo de la fragilidad y la resiliencia de la naturaleza. El arte puede ofrecer más que una simple reflexión; puede ser una poderosa herramienta para inspirar, educar e impulsar la acción colectiva”, escribieron en un apartado.
Más adelante señalaban que “las colaboraciones entre arte y ciencia bien realizadas pueden ampliar perspectivas y potenciar el potencial de conservación”. Son fundamentales, “para movilizar la acción colectiva” y para “transformar la conciencia pasiva en una gestión activa”.
Después de todo, recordaban que, aunque para muchas personas ese mundo de arrecifes de coral aún es abstracto y desconocido, son cruciales para la seguridad alimentaria, para la protección costera y son el “sustento de cientos de millones de personas en todo el mundo”.
Los artistas se unen por los corales
En el artículo también presentaban a un nuevo equipo al que Medina y otros investigadores han ido agrupando: el Consorcio de Arte y Ciencia del Coral (Coral Art Science Consortium), que, precisamente, aparecía como autor de la publicación.
El Consorcio, escribieron, “es una iniciativa sin fines de lucro liderada por científicos y artistas dedicada a proteger los arrecifes de coral mediante la narración de historias, la colaboración y la conciencia ambiental. Dirigido por un grupo diverso de investigadores y creativos, el consorcio conecta el arte y la ciencia para inspirar la conservación de los océanos”.
Además de Jacanamijoy y de Buitrago, a él pertenecen, entre otros, Jodi Lomask, una popular coreógrafa que dirige la compañía de artes escénicas Capacitor, en San Francisco (EE.UU.); la artista textil Vanessa Barragão, que se inspira en el océano para hacer sus creaciones, y Cristina Mittermeier, una bióloga, fotógrafa y artista que hace divulgación sobre ecosistemas marinos.
También está la escultora Courtney Mattison, que hace piezas en cerámica a gran escala que le permiten a muchas personas admirar la belleza de un arrecife de coral. Una fotografía de uno de sus trabajos fue seleccionada por el equipo editorial de Science Advances para que fuera la portada de su última edición.
El Consorcio lo integran, además, 31 científicos que, desde diferentes países, investigan sobre el océano y sobre los corales. En él está Mateo López Victoria, PhD en Biología y profesor de la Universidad Javeriana de Cali, y Lina Carvajal, artista y fundadora de Healing Coral.
Lo que creen Medina y sus colegas es que este esfuerzo representa “un primer paso hacia un movimiento global” por los corales. Sueñan con que haya festivales sobre corales, exposiciones y eventos sincronizados en diferentes países. “Al fomentar la responsabilidad compartida, el consorcio tiene el potencial de transformar esfuerzos aislados en una respuesta cultural cohesionada”, escribieron.
Creen que es un camino para darle un impulso a esos colectivos del llamado Sur Global, que es donde está la mayoría de los arrecifes de coral, como en el Caribe. “Empoderarlos es esencial para evitar pasar por alto las necesidades locales. Financiar esfuerzos tan ambiciosos requerirá no solo inversión pública y privada, sino también alternativas creativas, algunas de las cuales surgen de los miembros de nuestro consorcio”, apuntaron en el artículo.
Por ejemplo, se imaginan que los artistas del Consorcio “pueden impulsar la acción ambiental explorando marcos que reconozcan los derechos de la naturaleza a las regalías, generando flujos de financiación sostenibles para la protección y recuperación de los ecosistemas marinos”.
Para Juan Armando Sánchez, profesor de la Universidad de los Andes, PhD en Ciencias Biológicas, y quien no participó en el artículo, le parece que es una iniciativa valiosa. Tras leer la publicación de Science Advances, dice que lo que está sucediendo con los corales es “una problemática que continúa siendo liderada por gente del Norte Global, muy lejos de las comunidades y de los países donde sufrimos esta crisis. Quizás el arte nos sirva un poco para llamar la atención sobre eso”. Lo que extraña en el texto —que menciona varios ejemplos del diseño gráfico, de la danza, de puestas en escena y de música— es que la literatura esté un poco ausente.
Cuando le pregunto a Medina cómo convenció a esos artistas de sumarse a su idea, hace un recuento de anécdotas. “Todo el mundo iba diciendo que sí de una manera hermosa”, replica. “Llegué a ellos en una búsqueda de cómo comunicar al mundo de una manera más esperanzadora”.
Luego menciona una larga lista de ejemplos de músicos que ya han integrado un mensaje de conservación en sus canciones y giras. En ella está Massive Attack, Coldplay, Pearl Jam, Bomba Estéreo, Pernett y Jalimer Caraballo, un champetero de Tierra Bomba, al lado de Cartagena, que hace unos tres años creó una canción llamada “El planeta” y en la que Medina colaboró.
El coro dice:
“Contaminación hay de más,
pérdida de biodiversidad,
deforestaciones sin pensar
que el mundo podría colapsar.
Cuida y conserva la naturaleza
porque si sigues contaminando
te haces daño a ti mismo”.
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