La demanda mundial de arena se triplicó entre 2000 y 2020, ¿por qué es preocupante?

El planeta enfrenta un “dilema de la arena”: es esencial como material de construcción y como recurso natural. Sin embargo, las prácticas de extracción han mejorado poco y se estima que su demanda aumente en los próximos años, poniendo en riesgo varios ecosistemas.

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13 de mayo de 2026 - 02:30 a. m.
Cada año se extraen alrededor de 50.000 millones de toneladas de arena, estiman los autores del informe del PNUMA.
Cada año se extraen alrededor de 50.000 millones de toneladas de arena, estiman los autores del informe del PNUMA.
Foto: Daniela Quintero Díaz
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“Todos usamos alrededor de 18 kilogramos de arena al día”, señaló en la mañana de este martes 12 de mayo Pascal Peduzzi, director del centro de datos ambientales del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA).

¿Dónde están esos 18 kilogramos? “En el concreto bajo las ciudades, en el vidrio de los rascacielos y las pantallas de los teléfonos inteligentes, en el asfalto que atraviesa las autopistas y en los muros costeros que se levantan frente al aumento del nivel del mar”, explican los autores del informe La arena y la sostenibilidad: un recurso esencial para la naturaleza y el desarrollo, lanzado por el PNUMA desde Ginebra (Suiza).

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Si bien durante décadas la arena se pasaba por alto, hoy en día se reconoce como un problema crítico. Pese a esto, las prácticas de extracción “apenas han mejorado”, aseguran los autores del informe.

A lo largo del tiempo, la arena ha sido vista como “un recurso barato, abundante y prácticamente inagotable”, mientras que, al mismo tiempo, cumple funciones esenciales en la naturaleza: “Regenera playas, estabiliza costas, filtra agua y sostiene hábitats para peces, aves, tortugas y muchas otras especies”.

A esta situación, los autores del informe la califican como “el dilema de la arena”. Es esencial tanto como material de construcción como recurso natural.

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Muestra de lo primero es que entre 2000 y 2020 la demanda mundial de arena se triplicó. Cada año, estiman los responsables del informe, se extraen alrededor de 50.000 millones de toneladas, una cifra que aumentará en los próximos años “a medida que los países inviertan en adaptación climática, expansión urbana e infraestructura de energía renovable”.

Otra forma de ver este fenómeno, según el documento, es que la escala de extracción ha alcanzado una magnitud que, para 2020, el peso total de los materiales construidos por la humanidad superó el peso de toda la biomasa viva del planeta.

“La infraestructura humana pesa más que la de la naturaleza”, dijo Peduzzi, del PNUMA.

El problema, continúan los investigadores, es que extraer demasiada arena de los ríos, deltas y sistemas costeros puede debilitar los ecosistemas que protegen naturalmente a las comunidades de las tormentas, la erosión y la intrusión salina.

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“La arena no solo proporciona servicios ecosistémicos esenciales, sino que también está vinculada a la resiliencia climática, la seguridad alimentaria, la seguridad hídrica y la estabilidad de los suelos”, agregó Stephanie Chuah, una de las editoras del informe.

A pesar del crítico panorama planteado en el informe, también se destacan avances. Uno de ellos es justamente el caso colombiano. Los autores destacaron que el gobierno haya clasificado a la arena, la grava y la arcilla como “minerales de interés estratégico” en 2023.

Esta, dicen, fue una “medida orientada a fortalecer la supervisión ambiental y mejorar la coordinación en un sector marcado con frecuencia por regulaciones fragmentadas y actividades extractivas informales”.

También destacan el caso del estado de Minas Gerais, en Brasil, donde empresas mineras amplían el uso de “arena de mineral”, un subproducto que puede reducir la presión sobre ríos y ecosistemas explotados para obtener arena natural.

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Pese a estos casos, el panorama general no es alentador. Los autores reconocen, por ejemplo, que todavía no hay cifras precisas sobre la cantidad de arena que queda disponible, ni sobre la cantidad que se extrae actualmente y los lugares donde se explota.

“La arena es nuestra primera línea de defensa frente al aumento del nivel del mar, las marejadas y la salinización de acuíferos costeros. Todos peligros agravados por el cambio climático”, concluyó Peduzzi.

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