El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La historia completa de la ballena Timmy, que desató un drama nacional

En Europa, la ballena apodada “Timmy”, que finalmente falleció, generó un enorme debate y varias acusaciones, tras los intentos por rescatarla. Esta es la reconstrucción de lo que sucedió.

Jim Tankersley y Jenny Gross / The New York Times

22 de mayo de 2026 - 03:15 p. m.
Foto aérea de cuando tratando de trasladar a la ballena a finales de abril.
Foto: AFP - PHILIP DULIAN

Un día de mediados de abril, frente a la costa noreste de Alemania, un autor espiritual y conferencista motivacional peruano llamado Sergio Bambarén se metió en el mar Báltico. Sumergió la cabeza en el agua helada y empezó a cantarle a una ballena jorobada.

Bambarén no es biólogo marino. Acababa de llegar a Alemania a petición de un par de millonarios que financiaban una iniciativa privada para salvar a la ballena jorobada. La ballena, apodada “Timmy” por los medios de comunicación, había quedado varada en marzo, y los funcionarios públicos habían intentado liberarla varias veces, sin éxito.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Bambarén, quien dijo tener experiencia en cinco rescates de ballenas jorobadas, cantaba bajo el agua mientras tocaba a la joven ballena. Timmy, dijo, le respondió cantando: “Inmediatamente sintió que intentábamos ayudarla”.

En aquel momento, se sentía como si todo un país lo estuviera haciendo también.

Todos los días acudían multitudes a una tranquila callejuela de la isla de Poel, donde observaban a la ballena medio sumergida y casi inmóvil en el agua. Miles más la siguieron a través de transmisiones en vivo. La gente inundó los foros de mensajes en línea y las reuniones del gobierno local, suplicando por el rescate de la ballena.

En ese primer mes, Timmy pareció sacar lo mejor del público alemán.

Al final, había sacado algo completamente distinto.

Dos anhelos de la vida occidental moderna son la comunidad y la conspiración. En los más de dos meses transcurridos desde que se adentró en el Báltico, Timmy satisfizo ambos deseos.

(Lea En video: cría de elefante huérfana, de cuatro meses, se reencuentra con su familia)

La ballena se convirtió en una estrella de los tabloides y en un imán para los influentes de las redes sociales afines a los mamíferos marinos. Se liberó sola pero volvió a atascarse. Sus admiradores se volvieron contra los expertos que habían intentado liberarla sin éxito, armados con elaboradas teorías sobre por qué el gobierno la quería muerta. De hecho, los funcionarios del gobierno consideraron brevemente la posibilidad de matarla —por razones humanitarias, dijeron—, pero decidieron no hacerlo.

Finalmente, los funcionarios permitieron un intento de rescate por parte de un equipo privado financiado por los dos millonarios. Uno de ellos, Walter Gunz, fundador de una cadena alemana de tiendas de electrónica, nos dijo en una entrevista monologada que tenía la misión divina de salvar a la ballena. Aquel equipo sacó a Timmy de la bahía, llevó a la ballena al mar y la arrojó, para conmoción de muchos de los rescatadores, a una concurrida vía marítima comercial. Poco después, el dispositivo de rastreo que los rescatadores habían colocado en la ballena se silenció.

No ad for you

El primer avistamiento de la ballena, enredada en una red de pesca, fue el 3 de marzo frente a la costa alemana. El mar Báltico es un vecindario difícil para las ballenas jorobadas, sobre todo porque sus aguas no son tan saladas como las del océano Atlántico, y la baja salinidad afecta a su flotabilidad y puede dañar su piel. Los expertos no estaban seguros de por qué la ballena estaba allí. El 23 de marzo, la ballena volvió a quedarse atrapada, en un banco de arena cerca de una municipalidad costera llamada Timmendorfer Strand. Inspirados por el lugar, los medios de comunicación, incluido el mayor tabloide de Alemania, Bild, empezaron a llamarla “Timmy”.

Los primeros equipos de rescate, autorizados por el gobierno local, estaban repletos del tipo de expertos que cabría esperar en un intento por guiar a una ballena perdida de regreso a su hogar: bomberos, agentes de la policía costera, veterinarios y organizaciones sin fines de lucro dedicadas al rescate de animales. Consiguieron desalojar a la ballena, pero una y otra vez acababa atascada en aguas poco profundas.

No ad for you

(Lea Regresaron al bosque a monitorear al imponente águila crestada, pero encontraron un potrero)

El 1 de abril, luego de que la ballena encallara en la bahía de la isla de Poel, el ministro estatal de medioambiente, Till Backhaus, suspendió los intentos de rescate y aseguró que estaba claro que moriría.

No ad for you

“Dijimos: ‘Miren, no tiene sentido’”, recordó Burkard Baschek, director del Museo del Océano de Alemania, quien había sido director científico de varios de los primeros intentos de rescate. La ballena estaba débil y aún tenía una red de pesca atascada en la boca. “Realmente, a largo plazo, no supondría ninguna diferencia”, señaló.

“Fue entonces”, añadió Baschek, “cuando todo tomó un rumbo completamente distinto”.

No ad for you
Imagen de Timmy de finales de marzo. El biólogo Robert Marc Lehmann en la fotografía.
Foto: EFE - SELIM SUDHEIMER

El público alemán no estaba listo para dejar ir a Timmy y se enfureció con los expertos que sugerían que lo hiciera.

Los residentes locales habían escuchado a la ballena aullando angustiada. Personas de todo el país habían visto cómo se desarrollaban los esfuerzos de rescate en las transmisiones en vivo, se conectaban en las secciones de comentarios y formaban chats de grupo. Se encariñaron con los personajes principales de la saga. Uno de ellos se llamaba Robert Marc Lehmann, un biólogo carismático que se había convertido en influencer de ballenas en las redes sociales.

No ad for you

Lehmann nadó con la ballena durante los primeros intentos de rescate. Luego algunos miembros del equipo empezaron a preguntarse si solo estaba persiguiendo fama en línea. Los periodistas cuestionaron sus credenciales científicas. Desapareció y reapareció días después con un documental en línea de una hora de duración que calificaba los rescates fallidos de poco profesionales y descoordinados. Contribuyó a alimentar la idea de que Timmy podría salvarse si tan solo contara con ayuda más competente.

Más de 50 espectadores, muchos de los cuales albergaban fuertes simpatías por Lehmann, estaban presentes el 17 de abril, día en que otra estrella de las redes sociales, Bambarén, fue a nadar con la ballena. Muchos de los presentes expresaron su profunda desconfianza hacia los expertos de los equipos de rescate iniciales, respaldados por el gobierno, por no hablar de los políticos locales.

No ad for you

Los tabloides y TikTok alimentaban su ira. Los reporteros e influencers relataban que Timmy seguía respirando. A veces movía la cola o una aleta. A veces escupía agua. Se revolcaba. Las autoridades estaban echando agua en el lomo expuesto de la ballena con un rociador para mantenerla cómoda, pero no hacían nada más. Se suponía que una empresa local se disponía a convertir el cadáver de la ballena en combustible de biodiésel.

Bild, que estuvo haciendo una crónica de los acontecimientos durante todo el día, dijo que el ministro estatal de medioambiente enfrentaba amenazas de muerte luego de que se negara a realizar más rescates. Alguien lo había denunciado a él y a otros rescatistas ante la policía por crueldad con los animales.

No ad for you

El ministro Backhaus se doblegó en parte ante sus críticos y permitió que prosiguiera un plan de rescate amateur, financiado y dirigido por los dos millonarios. “Soy un creyente”, nos dijo Gunz, explicando sus motivaciones. “Cuando el oído humano se convierte en el oído de Dios, y la mano humana se convierte en la mano de Dios, es cuando uno quiere ayudar”.

Esos rescatistas operaban en secreto. No dieron conferencias de prensa. Tenían su propio cuartel general, incluidos sus propios baños portátiles, playa abajo de los periodistas y otros espectadores.

No ad for you

Las personas reunidas para observarlos estaban a la vez tristes y esperanzadas, curiosas y conspiranoicas. Un hombre llamado Marco Thomas expresó una teoría predominante entre los seguidores de Timmy. Había leído en línea, afirmó, que el esqueleto de Timmy se le había prometido a una universidad local y que se habían hecho planes para recuperar y trasladar el cuerpo una vez que la ballena muriera.

Apartando de vez en cuando las lágrimas, Thomas sugirió que ése era el motivo por el que las autoridades no habían hecho todo lo posible por salvar a la ballena.

No ad for you

“Estaba claro desde el principio”, dijo.

El biólogo marino Robert Marc Lehmann atendiendo a medios de comunicación.
Foto: EFE - SELIM SUDHEIMER

Algunos fans de Timmy estaban convencidos de que el museo quería el esqueleto para exhibirlo, atraer más visitantes y ganar más dinero. “No quería que muriera para el museo”, advirtió arianne Hess, exasesora financiera de Hamburgo, Alemania.

Hess, que se puso en contacto con otras personas a través de TikTok para hablar de Timmy y se convirtió en parte de la misión de rescate financiada con fondos privados, dijo que le horrorizaba que los responsables del museo estuvieran discutiendo qué pasaría con los restos de Timmy mientras esta seguía viva.

No ad for you

(El museo tenía previsto conservar el esqueleto si la ballena moría, pero solo con fines de investigación y no para una exhibición, aclaró Baschek).

Mientras se enconaba la ira contra las autoridades, el equipo de rescate privado tenía dificultades. Sus líderes tenían una idea no probada de mover a la ballena utilizando pontones inflables, y luego remolcarla de vuelta al océano. Su primer esfuerzo fracasó.

No ad for you

Jenna Wallace, veterinaria de Honolulu, señaló que un miembro del equipo se comunicó con ella tras ver sus publicaciones en redes sociales en las que criticaba los intentos iniciales de rescate respaldados por el gobierno. Los millonarios la enviaron en avión a Alemania para ayudar.

Wallace se quedó solo cuatro días, pero fue suficiente para convencerse de que el esfuerzo de rescate era, en sus palabras, un “desastre total”. Estaba dirigido por un estudiante de 22 años, un YouTuber y Bambarén. Uno de los rescatistas casi fue golpeado por la aleta caudal de la ballena por acercarse demasiado. Otros hablaron de usar resina para fijar un Apple Watch a la ballena.

No ad for you

Al oír a Bambarén hablar de cómo se comunicaba con las ballenas mediante canciones, la preocupación de Wallace aumentó. “Metía literalmente la cara en el agua junto a la ballena, como haciendo ruidos”, dijo en una entrevista telefónica. “Yo decía: ‘Dios mío’”.

(Bambarén aseguró que Wallace pasó la mayor parte del tiempo que estuvo en Alemania durmiendo por el jet lag en una camioneta, algo que ella negó).

No ad for you

A finales de abril, Bambarén y un equipo de colegas arrastraron a Timmy, utilizando una manguera de incendios blanda, hasta una barcaza de transporte. Pasó por un pequeño canal que los rescatistas habían excavado para ella. “No sufrió y sabía que lo estábamos ayudando”, afirmó Bambarén. Embarcaron y navegaron en la barcaza que llevaba a Timmy al océano Atlántico.

El plan había sido liberar a Timmy lejos, en el Mar del Norte, frente a la costa de Noruega.

No ad for you

Pero Pedro Baranda, biólogo marino que voló desde Noruega para ayudar en el rescate, dijo que se despertó temprano el 2 de mayo y no encontró a nadie en el comedor del barco, donde el equipo se reunía para tomar café, huevos y fruta cada mañana. Mirando a través de binoculares desde el puente, vio que un remolcador había llevado a la gente a la barcaza a más de 140 metros de distancia.

Jeff Foster, especialista en mamíferos marinos, indicó, por su parte, que había subido al remolcador para evaluar el estado de la ballena, pero no para liberarla. Estaba de pie en el puente del remolcador cuando vio a un buceador —que formaba parte de la tripulación pero no tenía experiencia con ballenas— entrar en la barcaza que sujetaba a Timmy y empujar su cabeza para intentar voltearla. Foster, horrorizado por el trato que recibía la ballena, filmó al buceador. Foster dijo que el capitán del remolcador le exigió que dejara de filmar e intentó arrancarle el teléfono de la mano.

No ad for you

“Era un tipo grande y no quería meterme en más conflictos con él de los que ya tenía”, recordó Foster del capitán. Foster dejó de filmar.

Finalmente, Timmy fue arrastrada fuera de la barcaza. “Pobre animal”, añadió Foster. “No tenía idea de qué diablos estaba pasando”. (Un abogado del capitán y la tripulación dijo que actuaban bajo instrucciones del equipo de rescate privado y que el capitán nunca amenazó con arrojar al mar el celular de Foster).

No ad for you

Baranda observó mientras Timmy era liberada en el agua, mucho antes de lo previsto, frente a la punta norte de Dinamarca. “Cuando vi que la ballena se liberaba y estaba viva, quise gritar de felicidad”, apuntó. “Y luego volví a enfurecerme”.

Cuando el equipo que había liberado a Timmy por sorpresa regresó al barco, Baranda gritó: “¿Qué fue eso?”, utilizando un improperio. Baranda dijo que nunca le dijeron quién autorizó la liberación de la ballena ni por qué se hizo en secreto.

No ad for you

No hubo señales de Timmy durante dos días. Luego, un rastreador adherido a la ballena empezó a transmitir datos que mostraban que había realizado varias inmersiones profundas, incluida una a casi 150 metros. Recorrió 240 kilómetros en los cinco días siguientes, afirmó Foster. El séptimo día, el rastreador dejó de funcionar.

El jueves pasado, un cadáver de ballena jorobada apareció en la pequeña y ventosa isla danesa de Anholt, situada entre Dinamarca y Suecia.

No ad for you

Bild publicó una noticia destacada. Un día después, el tabloide proclamó el “triste final” de su amada ballena. Publicó una fotografía de gaviotas que se daban un festín con el cadáver. El titular parecía responder a su propia pregunta: “¿Se están comiendo a Timmy?”.

¿Se lo estaban comiendo? Incluso entonces, muchos superfans del equipo de rescate y de internet mantenían la esperanza de que Timmy siguiera ahí fuera, nadando feliz. “90 por ciento de probabilidades de que NO SEA NUESTRA BALLENA”, dijo Bambarén por mensaje de texto el sábado.

No ad for you

Para el público, probablemente fue muy difícil comprender que no había nada que los rescatistas pudieran hacer para salvar a la ballena, añadió Baschek, quien, como otros involucrados en los primeros intentos de rescate, recibió mensajes de odio y amenazas de personas que decían que él quería a la ballena muerta.

La gente, ya escéptica respecto al gobierno, estaba encantada de creer que los científicos y los ministros locales estaban confabulados para dejar morir a la ballena. “Tiene mucho sentido en su mundo”, dijo Baschek.

No ad for you

El sábado, las autoridades confirmaron que el cadáver que llegó a la costa era el de Timmy, ya que el dispositivo de rastreo seguía sujeto al lomo de la ballena.

No estaba previsto retirar el cadáver de la zona ni realizar una necropsia, aseguraron las autoridades. Le advirtieron a la gente que mantuviera su distancia. “La ballena puede ser portadora de enfermedades que también pueden transmitirse a los humanos”, explicaron , “y también puede haber riesgo de explosión”.

No ad for you

Sarah Kaul Hoelgaard, estudiante de la Universidad de Edimburgo, que casualmente estaba en Anholt, en la casa de vacaciones de su familia, señaló que fue a ver la ballena por su cuenta el sábado por la tarde.

La playa estaba casi vacía, aparte de tres periodistas, agregó.

Había una única cámara sobre un trípode, sin nadie detrás, que apuntaba al cadáver de la ballena. Estaba transmitiendo en directo.

No ad for you

*Tatiana Firsova colaboró con la reportería desde la isla de Poel y Berlín.

Jim Tankersley es el jefe de la oficina de Berlín del Times, y dirige la cobertura de Alemania, Austria y Suiza.

Jenny Gross escribe sobre negocios y economía para The New York Times y está radicada en Londres.

No ad for you

Tatiana Firsova colaboró con la reportería desde la isla de Poel y Berlín.

🌳 📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre el ambiente? Te invitamos a verlas en El Espectador. 🐝🦜

Por Jim Tankersley y Jenny Gross / The New York Times

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.