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Ni los rincones más “vírgenes” del Caribe escapan a los plásticos en Colombia

Un nuevo estudio de la Universidad del Atlántico revela cómo ocho islas y playas del Caribe colombiano se encuentran repletas de plásticos y otras basuras, a pesar de no contar con presencia humana. Uno de los datos que destaca la investigación es que cerca del 4 % de los residuos hallados provienen de otros países del mundo.

Fernán Fortich

19 de enero de 2026 - 07:00 p. m.
Cerca del 97 % de las basuras provienen de Colombia, incluso de departamentos del interior, como Huila y Tolima.
Foto: Nelson Rangel-Buitrago

Isla Arena, a unos 70 kilómetros de la desembocadura del río Magdalena, es un islote remoto en la costa caribe colombiana. Como explica Nelson Rangel-Buitrago, investigador de la Universidad del Atlántico, no es más grande que una cancha de fútbol. Tiene un área de apenas 4.122 metros cuadrados, frente a los 7.350 metros cuadrados de una cancha como la del Metropolitano de Barranquilla, y un perímetro de 378 metros.

En una investigación realizada en 1998 —hace 27 años— por el Invemar, la entidad pública encargada del monitoreo de los ecosistemas marinos, se describió este lugar como una “formación coralina saludable” capaz de “defenderse contra afecciones patológicas cuando está sometida a condiciones continuas de estrés”. Sin embargo, el panorama que encontraron hace unos meses investigadores de la U. del Atlántico no fue alentador. En particular, se detalló que no ha podido defenderse de la presencia de un elemento: el plástico.

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“A esa isla no llega nadie y no hay infraestructura humana, pero desafortunadamente está tapizada de basura y están llegando todo tipo de desechos”, asegura Rangel-Buitrago. “Sorprende mucho porque se supone que debería ser uno de los ambientes más prístinos que hay en esta parte del Caribe colombiano, pero lo encontramos cubierto de residuos. Casi el 70 % del material que vimos son botellas de plástico”.

Esta fue una de las ocho islas y playas remotas —ubicadas a lo largo de un tramo de 76 kilómetros de la costa del Caribe central de Colombia, que abarca desde Punta Roca (Atlántico) hasta Galerazamba (Bolívar)— que investigadores de la U. del Atlántico documentaron en un estudio publicado a finales de 2025 en la revista Marine Pollution Bulletin, una de las más prestigiosas a nivel mundial en el campo de las ciencias marinas y la conservación ambiental.

Entre los objetos que encontraron los investigadores colombianos, como puede ver en las imágenes que acompañan estas páginas, se reportaron tapas, botellas, pedazos de espuma, zapatos, plásticos médicos y diversos plásticos de un solo uso. “La densidad de basura puede llegar incluso a los 60,1 ítems por metro cuadrado. Para que se haga una idea, imagine una toalla de playa de unos 2 metros cuadrados; en esa pequeña superficie se encontraría con 120 pedazos de basura de todo tipo. El plástico es lo que más abunda, llegando a representar 54,9 de esos objetos”, precisa el investigador.

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Como explican los autores del estudio, lo hallado en esta zona del país, aunque representa una pequeña muestra, revela la magnitud del problema de la contaminación por plásticos en las costas colombianas.

Un flujo incontrolable e internacional

Los municipios de la cuenca del río Magdalena, muchos de los cuales no cuentan con gestión de residuos, son una parte crucial de la problemática.
Foto: Nelson Rangel-Buitrago

Si usted mira a su alrededor, es muy posible que encuentre algún elemento o producto hecho de plástico. Sean botellas, contenedores, empaques, entre otros; este material se ha apoderado de la cotidianidad de nuestras vidas. Pero, ¿cómo llegan estos residuos a las playas e islas remotas a varios kilómetros de distancia de las costas colombianas?

Como explica Jonathan Sánchez, especialista en cambio climático y biodiversidad de WWF Colombia, quien no participó en el estudio, es una problemática que se conoce como la fuga de plásticos. “Esto se refiere a todos los residuos que no son tratados adecuadamente, ni de manera regular ni irregular, como en botaderos o en quemas al aire”.

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En un informe que será publicado a finales de enero, los investigadores de WWF estiman que, para 2022, entre el 6 % y el 7 % de los plásticos consumidos en Colombia se filtran a la naturaleza, es decir, terminan en ecosistemas acuáticos o terrestres. “Para sumarle a esto, nuestros nuevos cálculos estiman que se consumen 2 millones de toneladas por año, un aumento frente a las 1,2 que se calculaban en 2016. Vale señalar que se trata de datos en los que se procesó más información, con nuevas categorías y fuentes de datos”, sostiene Sánchez.

Según datos de un informe emitido hace menos de un mes por la Plataforma de Acción sobre los Plásticos de Colombia (PAPC), cerca de 31.000 toneladas de plástico terminan en los ecosistemas acuáticos. “Una de las zonas más críticas es la macrocuenca Magdalena–Cauca, donde habita el 77 % de la población del país y desde donde unas 450 toneladas de residuos plásticos llegan cada año al mar Caribe”, se lee en el informe.

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En esto también coinciden los investigadores de la Universidad del Atlántico a la hora de explicar la presencia de plásticos en lugares remotos del Caribe. Y uno de los principales factores para reconstruir el camino de estos desechos es el río Magdalena. “Hay una cosa que hay que entender: todos los ríos del mundo, desafortunadamente, están aportando, de una u otra forma, basura al océano. No es culpa del río, sino de las actividades y la gente que vive en el río Magdalena, ya sea deliberada o no. Y es clave ver cómo la costa no es solo una línea, sino que esta comienza desde los ríos, lo que explica cómo todo lo que pasa arriba va a parar acá”, asegura Rangel-Buitrago.

En el estudio se apunta que “río arriba” hay claras fallas en la gestión de las basuras, pues más de 334 municipios en su cuenca carecen de infraestructura básica para el manejo de residuos, lo que convierte al río en un receptor de desechos continentales. Esta hipótesis se ve soportada por la relación de que las playas remotas más cercanas a la desembocadura del río registran una mayor contaminación. Además, en la auditoría de los desechos se encontraron productos que se comercializan en Tolima y Huila.

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Los otros orígenes del plástico en estas zonas remotas son las actividades recreativas, así como fuentes médicas y sanitarias, que sugieren vertimientos clandestinos. Además, en el caso de lugares más remotos como Isla Arena, se detectó que las corrientes marinas y los giros oceánicos actúan como agentes de redistribución, llevando el material expulsado por el río hacia sitios alejados.

“Y esto es clave, pues mucha de la contaminación que estamos viendo no viene solo del país”, alerta Rangel-Buitrago. “Aunque el 97 % de la basura es colombiana, el 3 % restante proviene de 40 países diferentes, incluyendo Panamá (el que más aporta), China, Nigeria y Estados Unidos, lo cual se presentará en un nuevo informe que saldrá en junio”.

Lo cierto es que los investigadores de la U. del Atlántico indican que, más que datos, la presencia de plásticos está afectando los ecosistemas, con, por ejemplo, la proliferación de especies invasoras que viven dentro de estos residuos en los océanos. Por su parte, según el informe de la PACP, a nivel nacional se han documentado afectaciones a más de 50 especies de peces, 17 invertebrados, 9 plantas y, entre otros, dos mamíferos.

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“Hay que señalar que, a pesar de los avances que se tienen, existe el gran desafío de que no hay información sobre lo que ocurre en otras zonas del país, sobre todo en la Orinoquía y la Amazonía”, afirma Sánchez, de WWF. “Por el momento, otros puntos críticos que hemos detectado se ubican en la bahía de Buenaventura, Tumaco, en zonas del Norte de Santander, en particular en Parque Nacional Tamá, entre otros”.

¿Qué está fallando?

Los investigadores reportaron cerca de 60 ítems de basura por metro cuadrado.
Foto: Nelson Rangel-Buitrago

Para entender qué factores están detrás de esta problemática, Paola Obando, investigadora de Invemar, participó en un estudio que analizó dos casos críticos de contaminación por plásticos en el país: Tumaco (Nariño) y Puerto Colombia (Atlántico). La investigación, publicada a finales de diciembre en la revista Marine Pollution Bulletin, estimó que mientras en el municipio de Atlántico se generan cerca de 4.875 toneladas de residuos al año (1,5 kilogramos por persona), en Tumaco esa cifra asciende a 6.533 toneladas, lo que equivale a unos 9 kilogramos por habitante.

Este último dato es especialmente preocupante. De acuerdo con la comparación realizada con otros 50 sitios del mundo evaluados bajo la misma metodología, Tumaco se ubica entre las localidades con las tasas más altas de contaminación plástica en ambientes acuáticos a nivel global.

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El estudio también identificó varios factores que explican esta situación. Uno de los más relevantes es la dinámica de las mareas, que actúa como un mecanismo de transporte en doble vía: los residuos son arrastrados hacia los manglares y se acumulan bajo las viviendas palafíticas, donde quedan atrapados de forma permanente cuando baja la marea. A esto se suman fallas en la disposición final de los desechos. El análisis señala que el 6,3 % de la fuga de plásticos proviene de deficiencias en el propio relleno sanitario, asociadas a la falta de cobertura y compactación diaria, lo que facilita que el viento y la lluvia dispersen los residuos.

“Es imperativo fortalecer la infraestructura de gestión de residuos sólidos en todas sus etapas, desde la recolección hasta la disposición final, con especial énfasis en mejorar la eficiencia de la recolección de plásticos”, señala Obando. Para la investigadora, la adopción de estrategias de economía circular, la valorización de residuos y el impulso al reciclaje son claves para reducir la fuga de plásticos hacia el medio ambiente.

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Para Sánchez de WWF, el foco de este problema es ver este desafío como uno del sistema. “Se necesita trabajar mucho en las rutas de reciclaje y en la implementación de las reglas para los plásticos de un solo uso. Los consumidores tienen un gran poder de realizar pequeños actos, como llevar bolsas propias al supermercado y separar sus residuos, para no tener solo una base para el reciclaje, sino dignificar la vida de los recicladores. Este es un problema social, al final, y no de demonizar a los plásticos simplemente”, sostiene.

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Por Fernán Fortich

Periodista con enfoque en temas ambientales, posthumanistas y sociales.@fernanfortichrffortich@elespectador.com
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