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Un grupo de científicos de universidades y centros de investigación de Brasil, Australia, Ecuador y Estados Unidos pasaron varios meses analizando 19.283 fotos de alta calidad de las aletas caudales (popularmente la cola) de las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae).
Las fotografías, que fueron aportadas por científicos y ciudadanos a través de una plataforma global, fueron tomadas entre 1984 y 2025 en el oriente de Australia y América Latina.
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En términos generales, los científicos buscaban analizar los movimientos entre poblaciones reproductoras de ballena jorobada. Pero, tras adelantar su análisis, se llevaron dos grandes sorpresas. El estudio fue publicado recientemente en la revista académica Royal Society Open Science.
En la primera, identificaron una ballena que fue fotografiada en Queensland (Australia) en 2007 y 2013, para luego aparecer frente a las costas de São Paulo (Brasil) seis años después.
“Estas dos zonas de cría están separadas por una distancia mínima en línea recta a través del océano de unos 14.200 km, aproximadamente la distancia que hay entre Sídney y Londres”, señalaron los investigadores.
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En el otro caso, una ballena fue fotografiada por primera vez en 2003 frente a la costa de Bahía (Brasil). 22 años después, en septiembre de 2025, la misma ballena fue avistada en Hervey Bay (Australia), lo que representa una distancia de viaje de 15.100 kilómetros.
Este último registro, explican los investigadores, se convierte en “la mayor distancia jamás documentada entre avistamientos de la misma ballena jorobada”. Dado que solo se documentaron los puntos de inicio y final, advierten los científicos, la distancia real que nadaron ambas ballenas sigue siendo desconocida.
En más de cuatro décadas de datos que abarcaron a casi 20.000 ballenas, los investigadores solo encontraron dos animales de este tipo, lo que representa el 0.01 % de los individuos identificados.
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Como explicó la científica Stephanie Stack, una de las autoras del estudio, “a pesar de su rareza, estos intercambios son importantes para la salud a largo plazo de las poblaciones de ballenas”.
Ocasionalmente, continuó Stack, “los individuos que se desplazan entre zonas de reproducción distantes pueden ayudar a mantener la diversidad genética entre poblaciones e incluso pueden transmitir nuevos estilos de canto de una región a otra; se sabe que los cantos de las ballenas jorobadas se propagan culturalmente a través de las cuencas oceánicas, de forma muy similar a como se difunden las tendencias musicales en las poblaciones humanas”.
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Por su parte, Cristina Castro, de la Pacific Whale Foundation, y la autora principal del estudio, resaltó el valor de la ciencia ciudadana: “Cada fotografía contribuye a nuestra comprensión de la biología de las ballenas y, en este caso, ayudó a descubrir uno de los movimientos más extremos jamás registrados”.
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