12 Mar 2018 - 4:07 a. m.

Científicos prevén las inundaciones más graves

Mientras el nivel de los océanos aumenta en 3,2 milímetros por año, investigadores intentan predecir qué ciudades serán las más impactadas por la mezcla de tormentas, mareas altas y olas.

Redacción Medio ambiente

El año pasado, Tomas Wahl se topó con una oportunidad incomparable para cualquier ingeniero costero. Hace siete meses, mientras visitaba a su familia en Orlando, el experto fue sorprendido por el huracán Irma en su fase más devastadora, la categoría cinco. El ciclón, que ya dejaba un saldo de 43 muertos en el Caribe, amenazaba con hacer trizas el estado de Florida, EE.UU.

Wahl sabía mejor que nadie a qué se enfrentaban los habitantes del sureste de los Estados Unidos. Una mezcla de vientos de 250 kilómetros por hora, olas por encima de los 6 metros y una tormenta impetuosa que daban como resultado un aumento extremo del nivel del mar. Esa subida de agua ha sido su preocupación desde que era estudiante en la Universidad de Florida Central, y varios científicos coinciden con él.

La razón está en que, independientemente de los desastres naturales, el nivel promedio del mar ya está aumentando 3,2 milímetros cada año. Un aumento causado por el derretimiento de los glaciares y las capas de hielo en los polos. (Lea: El nivel promedio del mar aumenta 3.2 milímetros al año) 

La situación es tan alarmante que las inundaciones de 100 años, aquellas que tienen un 1 % de probabilidad de golpear en un año determinado, o un intervalo de retorno promedio de 100 años, podrán ocurrir con una frecuencia de uno o dos años en el futuro.

Aunque tales desastres traen consigo más consecuencias. Se cree que en los próximos cien años el costo económico de esas inundaciones extremas aumentaría en un 20 % para el continente europeo. Esto es un panorama nada esperanzador si se tiene en cuenta que, aseguró Wahl para la revista Nature, “tales desastres serán una de las mayores amenazas que enfrentará la humanidad en el futuro. Cuando hablamos de riesgo de inundación, en algún momento tenemos que lidiar con análisis extremos. Son esos eventos de alto impacto y baja probabilidad de los que realmente tenemos que preocuparnos”.

Para ello, Wahl y algunos de sus colegas combinan registros históricos con modelos para estimar el riesgo. De esa forma predicen los peligros que puede causar una inundación al aumentarse el mar. El asunto es que los resultados varían por cada lugar. Mientras para algunas ciudades costeras hay posibilidades de inundaciones molestas pero inofensivas, hay otras que enfrentarían peligros mayores.

Así que la única manera de saber cuánta amenaza tiene un lugar es a través de datos empolvados. Esa fue la conclusión a la que llegó Philip Woodworth, del Centro de Oceanografía Nacional de Liverpool, en Reino Unido, después de analizar los apuntes recogidos por medidores de todo el mundo sobre el flujo y reflujo de las mareas diarias y el nivel del agua producido por las tormentas y sus marejadas del pasado.

Por eso, desde hace nueve años se puso la tarea de armar una base de datos global personalizada. Una lista de las mediciones más precisas registradas al menos una vez por hora durante una tormenta. Es decir, los cambios repentinos de la marea en medio de esos eventos.

El éxito de la base de datos, conocida como el proyecto Global Extreme Sea Level Analysis (Gesla), se ha convertido en un referente mundial para analizar cómo los niveles extremos del mar han cambiado con el tiempo. Por ejemplo, el cruce de esos datos muestra que desde 1970 la magnitud y la frecuencia de los niveles extremos del mar han aumentado en todo el mundo. O que, de manera alarmante, las inundaciones actuales han aumentado el nivel del mar hasta 10 centímetros por cada década desde hace 50 años.

Para entender el fenómeno, los creadores de Gesla sostienen varias hipótesis. Según Woodworth, el mayor culpable es el aumento del nivel medio del mar. La combinación entre el choque de los océanos contra las costas y las mareas generadas por las tormentas crea marcas más altas de inundación. Pero la responsabilidad no es exclusiva de este factor, sino los patrones de circulación atmosférica a largo plazo, los fenómenos como El Niño y los cambios en la altura relativa de la tierra y el mar.

Por ahora, lo que ofrece Gesla le cae de maravilla a la comunidad científica, quienes pueden acceder a 1.355 registros de todo el mundo, con más de 39.000 estaciones-año de datos actualizados por última vez en 2016.

Sin embargo, subrayan sus creadores, la mayoría de esos registros datan de la segunda mitad del siglo XX, es decir, una cobertura de información insuficiente para prever un evento de inundación en 10.000 años como lo requieren algunos planeas urbanos para construir infraestructura resistente junto al mar.

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