Sobre las 7:00 pm, en las instalaciones del Hotel Estelar de Santa Marta, las ministras Ambiente de Colombia y Países Bajos dieron el último balance de la primera Conferencia para la transición más allá de los combustibles fósiles, que tuvo lugar en Colombia desde el pasado viernes.
No hubo informe ni documento final de la conferencia, como lo anticipó desde hace varios días Irene Vélez, ministra (e) de Ambiente de Colombia. Sin embargo, para la funcionaria hubo una conclusión clara y es que en Santa Marta surgió un espacio para pasar “de la negociación a la implementación” de las medidas que se necesitan para dejar atrás los combustibles fósiles y hacer la transición energética.
Como contamos en esta nota, el centro de discusión de esta Conferencia estaba enmarcado en las advertencias del Panel Científico de Naciones Unidas para el Cambio Climático (IPCC). Este grupo de expertos ha señalado en varias ocasiones que el tiempo para reducir las emisiones contaminantes y mantener el incremento de la temperatura del planeta por debajo de los 1,5 °C se está agotando y se necesitan acciones urgentes.
Algunas de las consecuencias de no cumplir esta meta son el colapso de ecosistemas claves, como la Amazonia o los páramos, la intensificación de fenómenos meteorológicos, como los huracanes o las sequías, y la capacidad de regeneración del planeta.
Los combustibles fósiles entran en la discusión cuando se tiene en cuenta que el 75 % de las emisiones contaminantes en el mundo son generadas por el carbón, el petróleo y el gas.
La intención de Colombia y Países Bajos al albergar la primera conferencia para discutir cómo dejar atrás los combustibles fósiles era, como señaló Vélez en el balance final, tener un espacio alternativo a las cumbres de cambio climático (conocidas como COP). De acuerdo con la funcionaria, tras la llegada de delegaciones de 57 países, este objetivo se logró.
Además, destacó que hay una intención de varios de estos países para seguir una de las recomendaciones científicas que se hizo durante la Conferencia: crear hojas de ruta detalladas para abandonar los combustibles fósiles.
Estas hojas de ruta deberían incluir temas como las acciones para fortalecer economías alternativas que sustituyan las rentas de los combustibles fósiles y eviten el impacto de esta salida en las comunidades que dependen de ellos. Además, las medidas para poner fin a los subsidios que petróleo, gas y carbón tienen en las economías de gran parte del mundo.
Aunque hay una buena disposición de los países que asistieron a Santa Marta para crear estas hojas de ruta, de acuerdo con la ministra (e), su entrega no será obligatoria.
La siguiente conferencia tendrá lugar en Tuvalu, una pequeña isla del Pacífico que ha sufrido los impactos del cambio climático al punto de estar cerca de la desaparición, debido al incremento del nivel del mar. Será, además, organizada en conjunto con Irlanda.
Maina Talia, ministro de Cambio Climático de esa isla, dijo que “hacemos un llamado a todos los países a que lleguen (a la segunda conferencia) con esas hojas de ruta definidas”. A pesar de la invitación, “al final del día, es algo voluntario”, añadió.
El balance agridulce
Las organizaciones de la sociedad civil y los pueblos indígenas que participaron en la Conferencia de Santa Marta también reconocieron con optimismo que se diera por primera vez un espacio internacional para discutir la salida de los combustibles fósiles.
“Santa Marta abrió un debate importante sobre lo que está en juego para los países productores del Sur Global — independencia energética, menos inestabilidad, un desarrollo más inclusivo y equitativo — y dio voz a actores que suelen quedar afuera, como los gobiernos subnacionales", dijo Ana Carolina González, directora para América Latina del Natural Resource Governance Institute (NRGI), una ONG dedicada a impulsar la transición energética a nivel global.
Por su parte, Ximena Barrera, directora de Asuntos Gubernamentales y Relaciones Internacionales de WWF Colombia, destacó que Colombia haya tomado el liderazgo de esta discusión. “Basado en un enfoque científico y participativo, este proceso reúne a gobiernos, pueblos indígenas, afrodescendientes y comunidades locales, el sector privado, el mundo académico y la sociedad civil, lo que sitúa al país a la vanguardia de los esfuerzos para pasar de los compromisos a la implementación”, agregó la investigadora.
Sin embargo, no todo fue positivo. Como señaló González, esta conferencia “también expuso un gran punto ciego: la ausencia de las empresas petroleras estatales, pilares de las economías productoras del Sur Global. Estas empresas no juegan un rol menor: producen más de la mitad del petróleo y gas del mundo, una proporción que se prevé que alcance el 62% para 2050, y son la columna vertebral económica de países como Colombia, México y Nigeria”.
A pesar de ser en Santa Marta y de que Colombia fuera el país anfitrión, Ecopetrol no hizo parte de los diálogos. Tampoco hubo un rol activo en la organización y las discusiones por parte del Ministerio de Minas y Energía, encargado de las políticas públicas del sector de hidrocarburos en el país. Tampoco hicieron presencia países claves para la producción y consumo de combustibles fósiles, como Estados Unidos, India y China.
“El siguiente paso debe ser incorporarlas como socias esenciales en cualquier hoja de ruta de transición creíble”, apuntó González sobre las empresas estatales de hidrocarburos. El reto será que esto pase durante el próximo año y que, como espera Tuvalu, según su ministro de Cambio Climático, se sumen más países a la discusión.
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