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En 2025 el mundo perdió menos bosques tropicales que en 2024, pero estamos lejos de la meta

En 2025, los bosques tropicales del mundo perdieron 4,3 millones de hectáreas, un 36 % menos que en 2024, cuando se presentó una cifra récord, según el análisis de Global Forest Watch. A pesar del avance, los niveles actuales están un 70 % más altos de lo necesario para cumplir la meta de detener y revertir la deforestación en 2030. Colombia está en un “progreso frágil”.

César Giraldo Zuluaga

29 de abril de 2026 - 06:00 a. m.
Vista aérea de un incendio forestal en São Félix do Xingu, estado de Pará (Brasil), tomada el 16 de junio de 2025. Brasil volvió a ocupar por lejos el primer lugar al perder poco más de 1,6 millones de hectáreas.
Foto: AFP - IVAN PISARENKO
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Durante 2025, los bosques tropicales del mundo perdieron 4,3 millones de hectáreas, un área tan grande como el departamento del Casanare, de acuerdo con los datos revelados en la medianoche de este martes 28 de octubre por el Laboratorio de Análisis y Descubrimiento Global de Tierras de la Universidad de Maryland (Estados Unidos), disponibles en la plataforma Global Forest Watch del World Resources Institute (WRI).

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Frente a las 6,7 millones de hectáreas que se perdieron en 2024, una cifra récord en los registros de los últimos 20 años, el dato de 2025 significa una disminución del 36 %. A pesar de esta disminución, explicaron las entidades encargadas del monitoreo, la pérdida sigue siendo un 46 % mayor que hace una década. Para que se haga una idea, los bosques tropicales durante 2025 desaparecieron a un ritmo de 11 canchas de fútbol por minuto.

Foto: Global Forest Watch

Para Elizabeth Goldman, codirectora de Global Forest Watch del WRI, “una caída de esta magnitud en un solo año es alentadora: muestra lo que una acción gubernamental decidida puede lograr”. Sin embargo, Goldman también advirtió que la disminución refleja una pausa tras un año extremo de incendios. Vale la pena recordar que, en 2024, y por primera vez desde que se elabora el informe, los incendios forestales fueron la principal causa de pérdida de bosques tropicales primarios.

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Por eso, la bióloga estadounidense señaló que, con un fenómeno de El Niño en el horizonte para 2026, “las inversiones en prevención y respuesta serán críticas a medida que las condiciones extremas de incendios se conviertan en la norma”.

Si la mirada se fija en 2030, el plazo que 140 países acordaron en noviembre de 2021 para detener y revertir la pérdida de bosques, el panorama no es nada alentador. “Los niveles actuales son aproximadamente un 70 % más altos de lo necesario para cumplir esa meta”, señalaron las organizaciones responsables de la medición.

¿Qué pasó durante 2025?

Así como Brasil jalonó los resultados récord de 2024, al perder más de 2,8 millones de hectáreas, el 42 % del total de la pérdida registrada durante ese año, en 2025, el hogar de la selva tropical más grande del mundo también fue el responsable de impulsar la reducción a nivel mundial. Aunque volvió a ocupar por lejos el primer lugar al perder poco más de 1,6 millones de hectáreas, si se compara con 2024, el país redujo en un 41 % la pérdida de bosque primario no causada por incendios, alcanzando su nivel más bajo registrado.

Foto: Global Forest Watch

Para Global Forest Watch, “la disminución coincide con políticas ambientales más sólidas y una aplicación más fuerte de la ley bajo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, incluido el relanzamiento de un plan federal antideforestación y el aumento de sanciones por delitos ambientales”.

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Entre los países que suelen concentrar la pérdida de selvas tropicales y que también mostraron avances, las organizaciones destacaron los casos de Indonesia, Malasia y Colombia, que revirtió un repunte observado en 2024, que abordaremos más adelante.

A nivel mundial, la expansión agrícola sigue siendo el principal motor de la pérdida de cobertura arbórea, seguida por los incendios forestales que en 2025 representaron el 42 % de la pérdida de cobertura.

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“Las selvas tropicales primarias son vitales para la estabilidad climática, la biodiversidad y los millones de personas que dependen de ellas para obtener alimentos, ingresos y contar con protección frente a eventos climáticos extremos”, explicaron las organizaciones. La pérdida de estas selvas libera enormes cantidades de carbono, lo que no solo debilita una de las defensas naturales del planeta, sino que acelera el cambio climático, reforzando un peligroso ciclo de retroalimentación.

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Colombia, la historia de un progreso frágil

Joaquín Carrizosa, asesor sénior de WRI Colombia, cree que cuando se aborda el comportamiento de pérdida de los bosques del país, “cada reporte anual es simplemente un capítulo de un libro más grande. Para entender toda la narrativa, se deben juntar los diferentes capítulos”.

En 2025, según los datos del Global Forest Watch, el país perdió 81.897 hectáreas de bosques primarios, un 17 % menos si se compara con el dato de 2024. A ojos de Carrizosa, es un dato interesante, pues es la segunda cifra más baja desde 2016 (cuando se firmó el Acuerdo de Paz y se disparó la deforestación en la Amazonia), pero si se compara con el dato de 2023, el más bajo de la última década, hubo un aumento de más del 23 %.

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Foto: Global Forest Watch

Por estas razones, la frase que Carrizosa elige para explicar el comportamiento de la pérdida de bosques en los últimos años en el país, que también podría ser el título del libro, siguiendo su analogía, sería: “Colombia, la historia de un progreso frágil”.

Pero, antes de abordar las particularidades del caso colombiano, es importante hacer una aclaración. Las cifras que presenta el Global Forest Watch son distintas a las que anualmente presenta el Ideam sobre la deforestación, que, además, son las cifras oficiales sobre este fenómeno. Mientras el Ideam se enfoca en la deforestación, “un cambio provocado por el ser humano en el que un bosque pasa a tener otro uso del suelo”, el trabajo del Global Forest Watch rastrea la pérdida de cobertura arbórea, que incluye pérdidas por deforestación, pero también tala de madera en bosques de plantación o alteraciones naturales. Aunque ambas mediciones puedan coincidir en la tendencia, las cifras suelen diferir.

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A pesar de estas diferencias, Carrizosa, antropólogo con un doctorado en Antropología Ambiental de la Universidad de Kent (Reino Unido), señala otro punto en el que el trabajo del WRI y el Ideam coinciden: “El problema colombiano es un tema amazónico. No es sorpresa, teniendo en cuenta que el 50 % del territorio continental es la Amazonia, donde además se concentran los bosques”. Por eso, la lectura del libro, agrega, está enfocada en los territorios amazónicos, donde ocurre el 70 % de la pérdida de bosques primarios del país.

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Parche de deforestación en el Parque Nacional Natural Sierra de la Macarena.
Foto: Catalina Sanabria Devia

A diferencia de gran parte del mundo, donde la expansión agrícola es el principal motor de la pérdida de cobertura arbórea, en Colombia, explica Carrizosa, la pérdida de los bosques está influenciada por dinámicas de control y apropiación de la tierra, “que ocurren desde hace mucho, pero se intensifican a partir del Acuerdo de Paz de 2016, con un control territorial que se atomizó a través de sistemas de macrocriminalidad”.

Como han insistido desde hace varios años organizaciones que trabajan en la región, como la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), y varios expertos, los principales motores de la deforestación en la Amazonia colombiana son la praderización, la expansión de la frontera agrícola, la colonización, la construcción de obras, los cultivos de uso ilícito y malas prácticas de ganadería extensiva.

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Detrás del tablero de control que impulsan o regulan estas actividades, expone Carrizosa, están actores armados. Desde hace años, las disidencias del Estado Mayor de los Bloques y Frente (EMBF), que encabeza Alexander Díaz “Calarcá Córdoba”, y la del Estado Mayor Central (EMC), bajo el mando de “Iván Mordisco”, ambas de la extinta guerrilla de las FARC, se disputan el control territorial de amplias zonas de la Amazonia, donde la deforestación ha jugado un rol central.

A pesar de reconocer que estos actores armados desempeñan un rol importante en el comportamiento de la deforestación, el asesor sénior de WRI Colombia destaca algunos avances que se han dado en el último año y que podrían influir sobre la gobernanza del Estado en la región amazónica. El primero de ellos es la formalización de las primeras Entidades Territoriales Indígenas (ETIS), una figura político-administrativa contemplada en la Constitución Política de 1991 que goza de autonomía política, administrativa y fiscal.

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Carrizosa también destaca la reciente aprobación de un proyecto de ley que busca rastrear el origen de la carne vendida en Colombia para evitar que venga de zonas deforestadas, lo que, en teoría, ayudaría a contener algunos de los principales motores de la deforestación en Colombia.

Para Global Forest Watch las próximas elecciones presidenciales que vivirá el país (así como Brasil) serán fundamentales para determinar si se puede mantener la reciente disminución de la deforestación.

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Pero a Carrizosa le gustaría que la deforestación en la Amazonia tuviera un rol más protagónico en la campaña electoral que atraviesa el país. “Independientemente de la orilla lejana desde la que se esté hablando, hay una oportunidad muy grande de que en esta campaña se empiece a entender el problema de una manera más integral”.

Más allá de proyectos cortoplacistas, explica, esperaría ver una apuesta mejor estructurada en términos de desarrollo económico rural para los municipios que hacen parte del arco de deforestación (Caquetá, Guaviare, Meta y Putumayo). De acuerdo con Carrizosa, se deberían estar discutiendo planes más estructurados de cómo ordenar el territorio amazónico, pensados a 20 años y no a cuatro.

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