14 Nov 2020 - 11:35 p. m.

¿Energía varada?: Mapeando las termoeléctricas de América Latina

El nuevo mapa interactivo de la plataforma de periodismo independiente, Diálogo Chino, localiza todas las plantas termoeléctricas de América Latina a medida que los países emprenden una transición energética. Conózcalo aquí.

Andrés Bermúdez Liévano/Diálogo Chino

Una de las preguntas claves para entender qué está haciendo cada país para contrarrestar la crisis climática es mirar de dónde viene su electricidad.

Dependiendo de su origen, la energía que usamos es más limpia o más sucia. Por ejemplo, una central termoeléctrica que quema carbón para producir electricidad libera más gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera que una planta solar o una nuclear.

Aunque los países de América Latina y el Caribe no figuran entre los mayores contribuyentes globales de emisiones que causan el cambio climático, la región es una de las más vulnerables a eventos climáticos extremos como sequías o inundaciones, por lo que también vienen planeando seriamente cómo reducirlas.

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Eso significa que los países -empezando por sus gobiernos pero abarcando a toda su sociedad- avancen en una transición energética que privilegie la electricidad generada por fuentes renovables como el agua, el sol, el viento, la geotermia o la biomasa por encima de la energía derivada de combustibles fósiles como el petróleo, el gas natural y, sobre todo, el carbón.

Esa transición hacia fuentes más limpias de energía implica que una serie de obras de infraestructura -usadas para extraer, procesar y transportar- combustibles fósiles deberán ser eventualmente cerradas o reconvertidas para poder cumplir con las metas de carbono neutralidad y evitar los peores escenarios previstos. A esas instalaciones se les ha bautizado como activos ‘abandonados’ o ‘varados’ (‘stranded assets’ en inglés y ‘ativos encalhados’ en portugués) en los círculos de finanzas climáticas y planeación energética, por cuanto los países deberán empezar a hacer cuentas sobre hasta qué momento les resulta rentable -en lo económico, y lo ambiental- mantenerlos en operación a largo plazo.

Con esto en mente, Diálogo Chino, una plataforma de periodismo independiente sobre medio ambiente, presenta un mapa único que rastrea todas las plantas de energía térmica basadas en combustibles fósiles de América Latina y detalla, donde hay información disponible, su capacidad energética, su estado y sus propietarios. Los datos que han recopilado pretenden servir como punto de referencia para quienes esperan comprender cómo están progresando los países de la región en la transición energética.

La energía térmica -electricidad generada por el calor que produce la quema de combustibles fósiles- sigue siendo la más extendida en América Latina y el Caribe, con casi 500 centrales repartidas por toda la región. En al menos 14 países las termoeléctricas eran la principal fuente de electricidad en 2015, según datos del Sistema de Información Eléctrica de Latinoamérica y el Caribe (Sielac) que lleva la Organización Latinoamericana de Energía (Olade). En casi todos los demás era la segunda fuente.

En algunos casos, esas centrales termoeléctricas están como alternativa a la mayor fuente energética presente en la región: la hídrica, que domina en siete países, es segunda en al menos otra decena y cuya generación eléctrica es más limpia (aunque eso no tiene en cuenta los efectos y conflictos socio ambientales que ha dejado la construcción de muchas hidroeléctricas en el continente). Esto sucede porque la capacidad de generar energía de las hidroeléctricas depende de los niveles de agua de ríos y represas. En épocas de estrés hídrico, que justamente se han vuelto más frecuentes en varios países por cuenta del cambio climático, esto significa encender más las termoeléctricas.

“Mientras avanzamos en otras soluciones, la región debe preguntarse cómo lograr un equilibrio entre transitar hacia matrices de energía más limpias y mantener las termoeléctricas necesarias para brindar la energía de respaldo en los países”, dice Giovanni Pabón, investigador en temas carboníferos y ex coordinador del Grupo de Mitigación de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente de Colombia.

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“Algunos ya están encontrándolo. Chile decidió incluir en su visión de largo plazo las termoeléctricas de biomasa por encima de las de carbón, quedarse con las que ya tiene y explorar otras alternativas renovables. Costa Rica y Uruguay ya tienen una matriz que, varios meses del año, es 100% renovable”.

Entre los distintos combustibles fósiles usados para generar electricidad también hay diferencias. Muchas termoeléctricas vienen privilegiando o convirtiéndose al gas natural, que genera menos emisiones que el carbón, es abundante en la región y es considerado como un combustible temporal que puede ayudar a apuntalar esa transición.

En nuestro mapeo encontramos al menos 274 que funcionan con gas natural como principal combustible, contra 75 que aún lo hacen con carbón.

El costo de esta forma de producir energía de esta forma es alto. Las emisiones de todas las termoeléctricas que existen en América Latina a lo largo de su vida útil -algo que los observadores del sector llaman ‘emisiones comprometidas’- suman 6,9 gigatoneladas de carbono, según un estudio de investigadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el año pasado. La puesta en marcha de las demás termoeléctricas que están en proceso de planeación, autorización o construcción sumaría otras 6,7 gigatoneladas, para un total de 13,6 gigatoneladas que pondría a la región muy por encima de sus compromisos de mitigación en el marco del Acuerdo de París.

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De hecho, nuestro mapeo muestra que al menos 100 de las termoeléctricas activas en la región se inauguraron en la última década, incluyendo 10 a base de carbón.

Esto demuestra que, aunque la mayoría de países viene haciendo compromisos sobre cómo recortar las emisiones en el sector eléctrico, en la práctica sigue apostándole a la energía térmica por encima de otras opciones como solar, eólica o hídrica, que pasó de representar el 58% de la electricidad en 2009 a 50% en 2016.

En este mapa aparecen muchas de las termoeléctricas que los países de América Latina y el Caribe -ricos en yacimientos de combustibles fósiles pero muy vulnerables a los efectos del cambio climático- deberán pensar si abandonan un día, en favor de alternativas más verdes.

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