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¿Es posible un pacto nacional sobre el ambiente, tras elecciones? Sandra Vilardy cree que sí

Sandra Vilardy, exviceministra de Ambiente, cree que, aunque hay diferencias entre las propuestas de Cepeda y De la Espriella, en los temas ambientales será posible llegar a consensos y trabajar de manera conjunta. El desafío más urgente que requiere de ese esfuerzo colectivo será, dice, el fenómeno de El Niño, que podrá tener consecuencias muy graves.

Sergio Silva Numa

18 de junio de 2026 - 07:17 a. m.
Sandra Vilardy es doctora en Ecología y profesora de la Universidad de los Andes.
Foto: El Espectador
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La profesora Sandra Vilardy ha seguido de cerca las campañas a la Presidencia de Colombia. Conoce bien las diferencias, semejanzas y las ausencias que hay, en términos ambientales, en las propuestas de Iván Cepeda y de Abelardo de la Espriella. Aunque alguno gobernará en un país dividido, Vilardy confía en que es posible un acuerdo nacional en torno al ambiente. Después de todo, dice, será la única manera de hacerle frente al primer gran desafío que tendrá el próximo mandatario: un fenómeno de El Niño mucho más intenso de los que hemos vivido en los últimos años.

Así que espera que, mientras se estructura el próximo Plan de Desarrollo, Cepeda o De la Espriella tengan la grandeza de hacer un “llamado nacional” que una a diferentes posturas políticas y voces diversas, entre las que están las comunidades indígenas, el sector empresarial, las autoridades locales, la sociedad civil y la academia. Será la única manera de sortear las inquietantes consecuencias económicas y sociales que suele traer El Niño.

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Vilardy, profesora de la Universidad de los Andes y doctora en Ecología, sabe bien que se requieren ese tipo de pactos para enfrentar los principales desafíos ambientales de Colombia. Hace cuatro años, cuando Susana Muhamad llegó a la cabeza del Ministerio de Ambiente, la nombró a ella como viceministra de Políticas y Normalización Ambiental, donde tuvo que asumir asuntos relacionados con la deforestación o la gestión del agua, que atraviesan varios sectores.

Desde que volvió a la academia, un año más tarde, ha observado con detenimiento — y ojos críticos— lo que sucede en el sector ambiental del país. En sus columnas, en El Espectador, también ha insistido en que le prestemos más atención a fenómenos globales que están impactando nuestro día a día. Conversamos con ella sobre lo que puede esperar Colombia con las elecciones del próximo domingo y sobre las fortalezas y vacíos en los planes ambientales de Cepeda y De la Espriella.

Independientemente de quién gane el domingo, ¿cuáles deberían ser las prioridades ambientales urgentes para el próximo presidente?

Antes de responder eso, quiero decir que me parece muy importante que las dos campañas tengan temas ambientales. Es una ganancia que hemos tenido como sociedad colombiana. Ahora, sin duda hay un par de cosas que son fundamentales. A cualquiera que llegue, el fenómeno de El Niño lo va a recibir con los brazos abiertos. Será un fenómeno que, según los indicadores oceanográficos y atmosféricos, está batiendo todos los récords en los modelos. Parece que será muy intenso y que tendrá una duración más prolongada de lo normal. Esto tiene repercusiones en todo sentido.

En un momento en el que la economía mundial está teniendo golpes asociados a la situación del estrecho de Ormuz, va a afectar la producción económica, especialmente, en términos agrícolas. La generación hidroeléctrica también va a tener unos retos importantes. Afortunadamente, hoy tenemos una capacidad importante almacenada de agua, pero si se prolonga El Niño no sabemos cuánto vamos a mantener esa capacidad. En los temas de salud pública también vamos a tener repercusiones.

Entonces, mientras el próximo Presidente esté elaborando su plan de desarrollo, va a tener que enfrentar los efectos de El Niño y sus consecuencias sociales y económicas, en un país con muchos retos y muy dividido en términos políticos. Ojalá pueda haber una buena comunicación, un llamado a un acuerdo nacional para poder enfrentar juntos a El Niño, desde el sector privado, desde el sector político en las diferentes escalas nacionales, regionales, municipales y de la sociedad civil porque vamos a necesitar mucha solidaridad.

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El segundo punto tiene que ver con la reconfiguración de las confianzas. En un país muy fragmentado políticamente, es importante que quien llegue reconozca lo que ha avanzado Colombia en términos ambientales. Hemos avanzado no solamente en institucionalidad, en normativas, sino sobre todo en pensarnos el ambiente de una manera más intersectorial. Hemos avanzado en el reconocimiento de la importancia de las comunidades locales, de los pueblos indígenas y de las comunidades afrodescendientes. Hemos podido avanzar en esa multidisciplinariedad para entender los temas ambientales. Retroceder no es una opción.

El país tiene una historia de crear consensos en términos ambientales. Entonces, ojalá, quien quede como presidente de la República pueda entender esa situación y pueda hacer un llamado y una convocatoria para seguir trabajando de manera conjunta. Esto es una tarea de todos.

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Pero, en medio de esta polarización, ¿ve la posibilidad de un camino para llegar a ese acuerdo nacional en torno al ambiente?

Las dos campañas tienen miradas que se parecen en algunos puntos y otras muy diferentes. Por ejemplo, en la campaña de Iván Cepeda hay un énfasis muy importante en ese reconocimiento del papel de los pueblos indígenas, del trabajo colectivo y comunitario desde los territorios, aunque con poca definición de instrumentos. Pero hay un reconocimiento de lo que también es Colombia: no solamente la tecnocracia, sino la realidad de los habitantes de la naturaleza y de la biodiversidad.

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Por el lado de la campaña de Abelardo de la Espriella, veo un desarrollo muy importante sobre instrumentos económicos, sobre poder mejorar las finanzas del sector ambiental, pero con una mirada un poquito más alejada, más tecnocrática de la eficiencia, del uso de la naturaleza. Son dos miradas que, digamos, reconocen la importancia de la naturaleza, pero la van a gestionar de maneras diferentes.

Yo creo que con El Niño, cualquiera de los dos va a tener la necesidad de reconocer a los otros, porque los necesitamos a todos: a las comunidades locales, al sector empresarial, a las innovaciones financieras. Lo que sí es cierto es que la agenda ambiental no solamente está en el capítulo ambiental de los programas de gobierno, está, sobre todo ,en las agendas productivas: en la agenda minera, en la agenda agrícola, en la agenda de infraestructura. Hay otros temas, como el fracking, que dividen. Ahí hay una línea clara de separación. Cepeda dice “no vamos a hacer fracking”, y De la Espriella dice, “Fracking a lo que dé”. En el medio, hay un montón de matices.

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¿En qué puntos no puede retroceder el próximo Presidente frente al terreno ambiental que ya hemos ganado en estos últimos años?

Colombia ha sido un país profundamente innovador en términos ambientales. En términos de reconocimiento de la importancia de la biodiversidad, de la economía circular, de la participación comunitaria o de los instrumentos económicos, somos un país diferente a la región y muy innovador. Ahí nos hemos sumado todos: comunidades, empresa privada, sector político. En ese papel que ha tenido Colombia en las innovaciones para mejorar su gestión ambiental no podemos retroceder.

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En segundo lugar, hemos podido reconocer el papel que tiene la biodiversidad y el agua como elementos fundamentales de la economía productiva en la región. Hemos avanzado mucho en términos normativos y en términos de política pública. Todavía falta interiorizarlo mucho en algunos sectores y en algunos discursos políticos, pero tenemos normas y reglas. Ahí no podemos detenernos; mucho menos en términos de la adaptación climática, que es un imperativo. Necesitamos reconocer que el ciclo del agua, más allá del recurso hídrico, es, tal vez, el activo más importante del país para conservar en términos de biodiversidad, de economía productiva y de seguridad nacional. Ahí no podemos retroceder: en poder ver esa multidimensionalidad del agua.

Hay otro asunto: los temas de seguridad. Colombia ha innovado, aunque esto ha sido un ensayo y error en los territorios más biodiversos que, lamentablemente, coinciden con los territorios más cooptados por las estructuras criminales y sus economías ilegales. Hoy hemos podido generar un poco más de confianza en cómo llegamos a la gente que está en esos lugares, en cómo acompañamos a quienes han estado en ese sándwich entre la ilegalidad de los grupos armados criminales y el desarrollo de actividades económicas en esas zonas grises. Hay grupos de personas que tienen algo de confianza en lo que ha hecho el Estado con la cooperación internacional, con las organizaciones de la sociedad civil. Sin duda hay que recuperar la gobernabilidad de esos territorios, pero necesitamos seguir cuidando mucho esa confianza. Ahí tampoco podemos retroceder.

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No solamente es con bombardeos: sin duda hay que hacer toda una inteligencia detrás de los dineros que se están moviendo con los actores criminales, pero a la gente tenemos que darle garantías y derechos para poder incorporarlos a lo que es un Estado Social de Derecho. En este tema, hemos ganado institucionalidad.

Tenemos una Constitución verde que es ejemplo en la región. Tenemos un Sistema Nacional Ambiental con sus peros y cosas por mejorar, pero tenemos una institucionalidad que ha podido responder a algunos de nuestros retos. Y cada vez le añadimos más cosas: los temas climáticos, los temas de las sentencias de las cortes o las demandas internacionales. No podemos disminuir sus capacidades; todo lo contrario, necesitamos fortalecerla.

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De nuevo: la naturaleza nos está subsidiando la economía desde hace mucho tiempo. Si no pagamos eso, si no mantenemos ese capital natural que agrega valor en términos económicos, pues va a ser un reto en tiempos climáticos. Entonces, necesitamos mejorar esa relación con sectores está subsidiando la naturaleza. Ahí tenemos que avanzar.

Y en último lugar, hay temas que están emergiendo, que llevan 30 años intentando una oportunidad: son los temas de un nuevo sector económico basado en la innovación, en la biodiversidad y en la economía circular. Por ejemplo, los residuos sólidos ya no tenemos que verlos como un problema, sino como una nueva oportunidad de empleos. Lo que han hecho siempre nuestros recicladores ha sido muy valioso, pero es como el primer estadio de innovación. Necesitamos agregar valor, necesitamos agregar tecnología, lo mismo que en bioeconomía que tiene un montón de posibilidades. Nosotros solamente hemos visto la naturaleza como un recurso por extraer en lugar de poder inspirarnos en ella. Ahí estamos perdiendo oportunidades muy importantes de poder tener una economía productiva basada en esos otros valores de la biodiversidad sin necesidad de extraerla. Hay mucha gente en las comunidades locales, en la academia y algunos emprendedores que están listos para que nos agrupe el próximo gobierno. Incluso, también la banca de desarrollo.

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¿Cuál es el gran ausente en las propuestas ambientales de Cepeda y De la Espriella?

El fortalecimiento institucional. Ninguna de las dos campañas es consciente de que al sistema lo tenemos estrangulado. Todo lo contrario: las dos campañas lo quieren simplificar. Y eso no es realista con el país. El gran ausente es la necesidad de revisar con qué contamos y con qué no contamos para poder avanzar. Le doy una cifra: los funcionarios públicos del sector ambiental, sumado a las Corporaciones Autónomas (CAR), Parques Nacionales Naturales más el Ministerio de Ambiente, no suman más de 6.000 funcionarios. En cambio, el Ministerio de Agricultura está por el orden de los 21.000 o 22.000 funcionarios. Obviamente se llena con contratistas, pero eso no permite tener memoria institucional. Entonces, tenemos estrangulados a nuestros funcionarios ambientales, que los valoro mucho. Es un cuello de botella muy importante que necesitamos mejorar.

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Ha sido una gran defensora del agua y siempre ha puesto conversaciones en torno al país anfibio que somos y lo que eso implica. ¿El agua ha estado visible en estas dos campañas o ha estado ausente?

En la campaña de Abelardo de la Espriella están los océanos mencionados y sabemos que Sandra Bessudo ha estado acompañando esa campaña. Ella ha sido una gran líder en temas de conservación de Malpelo y de los tiburones. Y en el caso de la campaña de Iván Cepeda, los temas del agua están más ligados a los territorios, pero de una manera un poco ambigua. Sin duda, una mirada más estratégica e integral hace falta en las dos campañas. Una mirada del agua, en tiempos de cambio climático, está haciendo falta. Además, en las dos campañas el tema climático no está; la adaptación climática no está.

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Es otro gran ausente…

Es un gran ausente. Se menciona en los instrumentos económicos, como el mercado de carbono, en el caso de la campaña Abelardo de la Espriella. En el caso de Iván Cepeda, de nuevo, hay una mirada más integrada, pero no con el énfasis y la urgencia que necesitamos, y el relacionamiento con otros sectores.

Lamentablemente no está. Y no solamente tenemos un reto asociado a la permanencia del agua, de los caudales, de la regulación, sino también los temas de contaminación. Colombia sigue siendo un país que tiene una deuda profunda con la contaminación de sus ríos, de sus ciénagas, de sus mares. Esa mirada de cómo enfrentar la contaminación pareciera que es una batalla perdida.

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¿Qué le gusta y qué no le gusta de las propuestas ambientales de De la Espriella?

Me gusta que aparezcan.. Además, hay una diversidad de temas que me parecen relevantes. Me parece importante que hagan énfasis en los temas económicos, en los instrumentos económicos y que en los temas de conservación. Creo que está muy bien ir detrás de la deforestación. Sin embargo, ya lo mencioné: cuidando la confianza construida con las personas que están en ese “limbo” en esos territorios. Entonces, creo que es una colección de temas apropiados desde ese enfoque, pero ya cuando los contrastamos con los otros temas mineros, energéticos, pues la coherencia de la apuesta, digamos, puede ser un poco difícil de entender.

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¿Qué le gusta y qué no le gusta de las propuestas ambientales de Iván Cepeda?

Me gusta mucho la propuesta de Iván Cepeda que tiene un especial énfasis en los pueblos indígenas. El reconocimiento de las ETIS (Entidades Territoriales Indígenas), del papel de los pueblos indígenas como autoridades ambientales, es un tema importante, muy valioso, que necesita desarrollarse, sin duda alguna.

Creo que también es importante que recoge algunas cosas que se hicieron en este gobierno asociado, precisamente, a esos cuidadores del territorio, a una economía que pueda estar basada en la biodiversidad, pero de nuevo, hay todavía unos faltantes en el desarrollo. Pero con las otras líneas del programa de gobierno, creo que hay un poquito más de coherencia y existirán menos tensiones. Por la lectura transversal, obviamente hay vacíos importantes que seguramente serán desarrollados en el Plan de Desarrollo si llega a ser elegido, pero creo que el programa es más coherente. En el programa de Abelardo de la Espriella hay un poquito más de incoherencias. En cualquiera de los dos casos, se tendrán que conciliar en el Plan de Desarrollo.

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El tema que ha causado más polarización en asuntos ambientales es el fracking. ¿En qué punto se para en esta discusión?

En septiembre escribí una columna al respecto. Siento que el fracking se convirtió en un nuevo canto de sirenas. Y es un canto de sirenas que uno logra entender: tenemos una crisis fiscal muy importante; pero pareciera que se va a resolver con los recursos del fracking de forma inmediata y no es así. Por ejemplo, si llega Abelardo de la Espriella a hacer pilotos, los resultados van a tomar tiempo y seguramente no estarán para ese gobierno. Es decir, no va a resolver la crisis fiscal en el corto y en el mediano plazo. La preocupación que yo tengo, además de los tiempos, es si realmente tenemos la claridad de la expectativa del volumen del negocio con lo que vamos a recibir como país y con los retos que tenemos de adaptación climática y si realmente ese recurso va a llegar a suplir lo que, por ejemplo, El Niño nos va a demostrar. Entonces, siento que es como vender el riñón para hacerle diálisis al otro que está muy enfermo.

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En términos de inversiones, de pronto podría ser más interesante invertir esos recursos de los pilotos en otro tipo de energías. Tenemos que hacer la transición energética, tenemos que ampliar y diseñar la hoja de ruta. Entonces, ¿por qué en lugar de invertir los recursos del fracking, no los invertimos en otras tecnologías a las cuales nos podamos insertar más rápidamente?

Es un tema de inversiones: hay información muy valiosa a nivel mundial sobre los riesgos asociados y tenemos que hacer la transición energética. Hay un mandato: tenemos que ir disminuyendo las emisiones de combustibles fósiles. Tengo otro símil: es como cuando a un diabético le dicen “deja de comer azúcar” y quiere comerse el último chocolate. Pues, mejor, come más sano.

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Entonces, mi posición es que esas inversiones, que son recursos escasos del gobierno, deberían ir dirigidas a otras energías, que vamos a necesitar de una manera más real y concreta, después de que hagamos la transición.

Más allá de este punto, la noto un poco esperanzada en que va a ser posible que surja un acuerdo nacional en torno al ambiente y nos olvidemos un poco, al menos en estas discusiones, de la polarización.

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Creo que hay que confiar en la inteligencia colectiva y en la sociedad civil de este país; el sector privado ha logrado avanzar mucho. Creo que somos capaces de impulsar un acuerdo nacional en estos temas. De nuevo, El Niño nos va a arrinconar. Y ahí vamos a poder encontrar un espacio en medio de una dificultad muy grande, vamos a poder encontrarnos entre todos.

Yo confío en eso. Los colombianos hemos tenido momentos muy difíciles, muy oscuros y nos hemos podido unir desde la solidaridad. Entonces, confío en la inteligencia colectiva, en que tenemos que aprender, en que ya lo hemos hecho en otros momentos. Desde la sociedad civil creo que vamos a estar siempre dispuestos a sumar. La polarización nos impide reconocer en el otro cosas y reconocer también los vacíos que tenemos desde adentro y las complementariedades. Desde la academia y desde otras organizaciones tenemos que hacer eso: tender puentes; podemos ayudar a tener conversaciones difíciles sin agresión. Tenemos que tener las conversaciones incómodas con altura, con respeto y con los argumentos. Confío en lo que hemos sido los colombianos.

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Por Sergio Silva Numa

Editor de las secciones de ciencia, salud y ambiente de El Espectador. Hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos. También tiene una maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. Fue ganador del Premio de periodismo Simón Bolívar.@SergioSilva03ssilva@elespectador.com
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