El aumento de las temperaturas nocturnas está generando preocupación en los científicos debido a sus peligrosos efectos para la salud. Esta inquietud se ve reflejada en un análisis publicado este 7 de agosto por Climate Central, una organización independiente de científicos y comunicadores dedicados al estudio del cambio climático.
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De acuerdo con el informe, 2.400 millones de personas experimentaron al menos dos semanas adicionales por año de noches con temperaturas superiores a 25 °C en los últimos 10 años. Otros 1.300 millones se enfrentaron a temperaturas mínimas nocturnas superiores a 20 °C durante el mismo período de tiempo. La causa de esto sería el cambio climático global impulsado por la quema de combustibles fósiles, la deforestación y demás actividades humanas.
Para determinar esto, Climate Central estudió lo que sucedía durante las noches entre 2014 y 2023. Como cada país tiene una temperatura promedio diferente, la organización hizo sus análisis a partir de tres umbrales: 18 ° C, 20 ° C, y 25 ° C.
Por ejemplo, en Reino Unido, la temperatura promedio del dormitorio ideal debería oscilar entre los 16 ° C y los 18 ° C, según la organización sin ánimo de lucro The Sleep Charity. Sin embargo, en países como España, Francia, Suiza, Alemania, Irlanda y Estados Unidos el umbral comienza a partir de los 20 ° C.
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Ahora, en países como Japón, el peligro está después de que se cruzan los 25 ° C. Para esos casos, Climate Central estimó que hay un 3,5 % más de probabilidad de que sus habitantes duerman menos de las siete horas diarias recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La organización evaluó el impacto al medir los días en que las temperaturas superaron dichos umbrales, comparándolos con un modelo simulado de temperaturas en el que no había influencia del cambio climático. En Colombia, por ejemplo, se registró un promedio de seis noches adicionales por año con temperaturas superiores a 25 °C entre 2014 y 2023. Una cifra similar se presentó en El Salvador; en Trinidad y Tobago, se registraron 47; en Jamaica, 28; y en Cuba, 19. En cuanto a temperaturas superiores a 20 °C, Ecuador experimentó 16 noches adicionales por año, mientras que Colombia y Venezuela registraron nueve.
Además, en 335 ciudades alrededor del mundo, el cambio climático llevó a que las temperaturas fueran superiores a 25 °C entre 10 y 30 días adicionales por año. Barranquilla, Cartagena y Cúcuta fueron las más afectadas por este aumento en Colombia.
El Caribe, en general, también fue duramente impactado, con un aumento promedio de 22 noches por año en las que se superó este umbral entre 2014 y 2023. Según el informe, 136 ciudades de América Latina experimentaron al menos un mes adicional con estas condiciones, y en ciudades como Culiacán y El Dorado, en México, el cambio climático añadió al menos 60 días con temperaturas por encima de 25 °C en esos años.
“Algunas ciudades de Estados Unidos, México, América Central y América del Sur también observaron cambios de esta magnitud (entre 30 y 60 días más con temperaturas mínimas superiores a 25 °C). Ese es el caso de Maracaibo (Venezuela), San Luis (Brasil), Villahermosa y Managua (Nicaragua), Tampa, Phoenix y Nueva Orleans (Estados Unidos)”, se lee en el informe.
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Para Lisa Patel, pediatra y directora ejecutiva del Consorcio de la Sociedad Médica sobre Clima y Salud, este análisis es particularmente importante, ya que prueba que la crisis climática tiene repercusiones directas en la salud pública. “El mundo se calienta aún más rápido en la noche que durante el día y nuestro organismo no puede adaptarse. Esto le impide al cuerpo humano recuperarse y dormir bien, dos factores cruciales para la salud y el bienestar”, explica la experta en un comunicado de Climate Central.
¿Cuáles son los riesgos para la salud?
La doctora Gill Adynski, integrante del Consejo Internacional de Enfermeras, concuerda con las amenazas reiterativas que señala Climate Central respecto al riesgo que representan las altas temperaturas nocturnas para el sueño. “Además, contribuyen a los problemas de salud a largo plazo”, complementa Adynski en la comunicación de la organización.
Al respecto, el informe menciona el impedimento de que el cuerpo se enfríe para recuperarse del calor diurno, lo que aumentaría el riesgo de padecer un derrame cerebral, desarrollar enfermedades cardiovasculares, e, incluso, aumentar los índices de mortalidad. La falta de sueño también llevaría a un deterioro en la función cognitiva, el desarrollo cerebral, y la salud física y mental. Adynski menciona que quienes corren más riesgo son las poblaciones vulnerables, como las mujeres embarazadas, los recién nacidos y las personas de edad avanzada.
Otro factor que incluye son las capacidades socioeconómicas de cada país y los índices de desigualdad que estos tengan. Por ejemplo, en un mismo territorio, las altas temperaturas nocturnas podrían afectar de manera diferente a personas con mayores ingresos respecto a las que poseen menores recursos económicos. La calidad de la vivienda y la capacidad para adquirir aire acondicionado u otro método para mantener una temperatura adecuada son producto directo de esa desigualdad. “Una temperatura exterior de 20 °C o 25 °C puede parecer incluso más cálida en los hogares debido a una serie de factores, como los tipos de vivienda más propensos al sobrecalentamiento, la falta de ventilación y el calor acumulado”, se lee en el informe.
Además, podría presentarse lo que se conoce como efectos de “isla de calor”, que pueden ocasionar temperaturas mucho más altas en determinadas zonas urbanas según sus condiciones geográficas.
Respecto a las personas que no tienen una vivienda, Climate Central señala que el calor nocturno podría agravar mucho más sus condiciones de vida, sobre todo en el caso de los desplazados internos y quienes viven en campos de refugiados o zonas de conflicto.
Debemos recordar que las altas temperaturas no son un panorama extraño. De hecho, desde 2023 se vienen presentando incrementos que baten récords históricos. Como lo mencionamos en estas páginas, julio de 2024 fue catalogado como el decimotercer mes consecutivo más caluroso que se haya registrado.
Durante 11 meses seguidos, la Tierra tuvo temperaturas mundiales 1,5 °C más altas que en 1850. Además, el 22 de julio fue el día en el que la media mundial alcanzó su punto más alto, con 17,15 °C, la cifra más alta que se ha visto desde 1940.
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