El pasado 17 de diciembre, Parques Nacionales Naturales (PNN) tuvo que dar una noticia inesperada: el oso andino (Tremarctos ornatus) Tamá, que había sido rehabilitado y estaba listo para volver a su hábitat natural, falleció cuando lo trasladaban hacia el lugar donde iba a ser liberado.
Tras un extenso proceso, en el que también participaron especialistas de corporaciones autónomas y de la Fundación Parque Jaime Duque, este individuo de 11 años y 174 kilos esperaba convertirse en una muestra de éxito de manejo de fauna silvestre. Había sido hallado huérfano en 2014 y, después de una década, volvería a su hábitat natural.
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Sin embargo, el proceso no terminó como todos esperaban. “Informamos con profundo dolor que, durante el traslado para su liberación, el oso Tamá falleció. Su historia refuerza nuestro compromiso de seguir trabajando por la protección de la fauna silvestre y la vida”, fue la manera como PNN anunció lo sucedido.
Hoy, dos meses después, la entidad ya recibió los resultados de la necropsia que le hicieron a Tamá investigadores de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la Universidad Nacional, como pudo confirmar El Espectador. El documento, de dos páginas, conocido por este diario, está firmado por los patólogos Lucía Botero Espinosa y Sazi Alberto Camacho.
“Lamentablemente los cambios autolíticos no permitieron una evaluación adecuada de los tejidos. La causa de la muerte según los hallazgos evidenciados es sugerente de un colapso microcirculatorio (shock) de origen indeterminado”, se lee en el diagnóstico que hicieron.
Para Luisz Olmedo, director de PNN, el resultado muestra que el estado de salud del animal era bueno, antes del deceso. “Eso indica que todo el tiempo lo cuidamos muy bien, tanto la Fundación Parque Jaime Duque como Parques Nacionales Naturales. No hay precisión de cuál fue el origen del shock, pero entendemos que la situación del traslado y el cambio de presión pudieron incidir. Para nosotros fue algo terriblemente doloroso“.
La necropsia también indica que el oso, que era trasladado al Parque Nacional Natural Tamá, en Norte de Santander, sufrió un edema pulmonar, que es la acumulación de líquido en los alvéolos pulmonares, una condición que dificulta la respiración. Las razones de esa afección pueden ser diferentes motivos, entre ellos, dificultades cardíacas (como un infarto) o infecciones, traumas o grandes alturas.
“No es posible precisar la causa que inició el proceso de colapso microcirculatorio”, escribieron los patólogos. Sin embargo, “se descartaron procesos inflamatorios infecciosos en órganos parenquimatosos como hígado, riñón y pulmón, lo que no fue posible descartar en TGI. Teniendo en cuenta la historia y la lesión evidenciada en hígado de vacuolización, se sugiere considerar un golpe de calor, ya que en múltiples especies se ha observado esta lesión hepática como un hallazgo consistente en animales con golpe de calor, así como otros hallazgos como el edema en musculo y el edema y hemorragia pulmonar”.
En otras palabas, los especialistas sugieren que la muerte pudo estar relacionada con un golpe de calor que sufrió el animal mientras era trasladado. Es algo que, dice Rafael Torres, gerente de la Fundación Jaime Duque, ratifica las sospechas que tenían los veterinarios cuando sucedió el episodio. Pese a que habían seguido un protocolo de forma cuidadosa y habían verificado de manera frecuente el estado de salud de Tamá mientras era trasladado desde el aeropuerto de Guaymaral, en Bogotá, hasta el punto donde iba a ser liberado, en el último tramo presentó signos de dificultad respiratoria.
Como le había dicho entonces a El Espectador, Daniel Rodríguez, biólogo que participó en el proceso e integrante del grupo especialista de osos de Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), cuando llegó a Cúcuta 一tras viajar en avión desde Gaymaral一, Tamá estaba bien de salud. “Tomaba bien agua y no presentaba ninguna complicación. Siempre viajó despierto, porque la idea era llegar al sitio y liberarlo de inmediato”, señaló.
Sin embargo, como recuerda hoy Rodríguez 一también cabeza de la Fundación Wii一, donde investigan al oso andino, tuvieron un par de imprevistos: en el helicóptero inicial no cupo la caja en donde estaba Tamá y tuvieron que esperar una nueva areonave por unas cuatro horas. Cuando, finalmente, despegó, las condiciones climáticas (había mucha neblina) les impidieron tocar tierra firme a los pilotos, que sobrevolaron la zona y optaron por regresar. Fue en ese trayecto, precisamente, donde falleció el oso.
Lo que los resultados le sugieren hoy a Torres, gerente de la Fundación Parque Jaime Duque, es que pudieron influir varios factores, como los cambios de altitud y el tiempo extra que pasó en Cúcuta y en el helicóptero, luego de que no pudiera aterrizar en el lugar planeado por falta de visibilidad.
Esa condición, dice Torres, “era muy difícil de manejar. Aunque los veterinarios que lo acompañaban hicieron todo lo posible, en ese tipo de condiciones 一mientras estaba en el vuelo一 eran realmente muy complicadas”.
Rodríguez, por su parte, insiste que, contrario a lo que algunos críticos aún piensan, era imposible llevar al Tamá sedado, pues “implicaba un riesgo muy alto para el animal. La idea era llegar al PNN y liberarlo de inmediato”. Aunque aun no conoce el documento completo de la necropsia, cree que el diagnóstico es el esperado, debido a las condiciones del último tramo del traslado.
¿Por qué Tamá no fue liberado en otro Parque Natural?
Cuando Tamá murió, muchas personas criticaron a quienes estaban participando en el proceso por no haber liberado a Tamá en un Parque Nacional Natural más cerca del Santuario del Oso de Anteojos, en el municipio de Guasca (Cundinamarca), donde el ejemplar había sido rehabilitado. Allí había llegado en 2023 y, con el paso de los meses, los especialistas de la Fundación Jaime Duque, dueña del centro, se percataron de que tenía las condiciones para volver a su hábitat natural.
Sin embargo, se encontraron con un extenso camino burocrático. Como explicamos con más detalle en este artículo, tocaron varias puertas de Corporaciones Autónomas Regionales (CAR), las autoridades ambientales en los departamentos. Finalmente, la CAR de Cundinamarca les dio el visto bueno para liberar a Tamá en el páramo de Sumapaz, pero encontraron otro obstáculo: Parques Nacionales Naturales les dijo que, debido a una vieja resolución (la 2064 de 2010), que reglamenta las medidas frente al manejo de fauna silvestre decomisada o rescatada, no podían liberar al oso allí. La reintroducción debía hacerse en el lugar de origen, es decir, el Parque Nacional Natural Tamá.
Aunque implicaba un proceso más largo y mayores costos, tanto Rodríguez como Torres no vieron mayor problema, pues anteriores procesos de liberación de osos andinos les habían enseñado que es una especie que suele resistir largos trayectos.
“Son animales que resisten mucho. En otras experiencias, han tenido que estar en guacales hasta por 48 horas. Para liberar dos ejemplares en Putumayo, por ejemplo, tuvimos que viajar desde Bogotá hasta Pasto; luego los llevamos en un camión hasta un sitio de reposo y, después, con la comunidad, cargamos el guacal unas 4 horas a pie para llegar al lugar elegido. Con el tiempo, al monitorearlos, nos dimos cuenta de que ya estaban muy acoplados a los humanos y no iban a sobrevivir, así que los llevamos de vuelta al santuario e hicimos ese mismo recorrido”, le había dicho Rodríguez a El Espectador en ese momento.
Con eso en mente, habían hecho todo lo posible para que Tamá regresara a su hábitat. El miércoles 17 de diciembre, lo llevaron a las 6 a.m. en un guacal especial al aeropuerto Guaymaral. Desde allí, un vuelo charter lo trasladó hasta Cúcuta. Viajó con veterinarios y con un collar satelital que enviaría señales de su ubicación cada dos horas. El vuelo tardó cerca de una hora y media.
Una vez en Cúcuta, revisaron su estado de salud y a las 10:26 a.m. estaba listo para que un helicóptero de Helistar Aviación (que, luego, tuvieron que cambiar) lo llevara al punto seleccionado en el PNN Tamá, donde lo esperaban otros integrantes del equipo. Pero el mal tiempo les obligó a prolongar el vuelo, que debía durar unos 25 minutos.
“Lo que sucedió no lo esperamos nunca. Me dolió y me duele. Para todos fue una sorpresa devastadora”, asegura hoy Rodríguez por teléfono.
“Lo que pasó no es, de ninguna manera, un reflejo de inexperiencia de quienes estaban al frente del proceso”, había asegurado a este diario en diciembre el profesor Germán Jiménez, Coordinador de la Maestría en Restauración Ecológica de la Universidad Javeriana y quien no estuvo involucrado en la liberación de oso Tamá. “Los médicos veterinarios de la Fundación Parque Jaime Duque están muy entrenados en el manejo de fauna silvestre. Son muy profesionales.
Lecciones del proceso con Tamá
Lo sucedido, a los ojos de Olmedo, de Torres y de Rodríguez, deja varias lecciones para futuras liberaciones de osos andinos (este año la Fundación Parque Jaime Duque tiene dos programadas).
Una de las principales, señala el director de PNN, es que “la sociedad paga un costo altísimo cuando hay conductas irresponsables de personas que sacan de su entorno natural a las especies, tanto de fauna como de flora. Solo en el esfuerzo de liberación de Tamá costó más de COP 70.000.000″.
Otra de las lecciones, según Torres, es que hay que sumar esfuerzos para cambiar la norma que guía la liberación de animales que han sido incautados.
“Es una normatividad muy limitada”, señala. “Está contenida, en su mayoría, en un decreto de 1978. No ha tenido muchos cambios. Solo hasta 2010 fue emitida esa resolución (la 2064) que detalla las medidas que se deben tomar luego de la aprehensión de un animal silvestre. Si no es liberado inmediatamente, los procesos de liberación son muy complicados. Ya estamos conversando con varios congresistas para que, en la próxima legislatura, nos ayuden a hacer una actualización”.
Tamá, en su caso, había sido rescatado en 2014, cuando apenas tenía 4 meses de edad. Algún cazador había matado a su madre.
Para Rodríguez, el otro aprendizaje que les ha quedado de todo este proceso tiene que ver con el transporte necesario para trasladar a un oso andino. Con Tamá, tuvieron que recurrir a la empresa privada para poder trasladarlo, pero esto, dice, “no es como hacer un trasteo. Hay que coordinar muchas cosas para que sea oportuno. El esfuerzo debería ser del Estado; la Fuerza Aérea debería ayudar y, seguro, hubiéramos tardado menos en llevar a Tamá al punto elegido. Necesitamos que en esto haya un compromiso de Nación”.
Olmedo, director de PNN, coincide en que se pueden fortalecer esas capacidades para hacer liberaciones más efectivas, pero es una meta no tan fácil de lograr en la estrechez financiera que suele estar Parques Nacionales Naturales. Por el momento, afirma, han logrado resolverlo con convenios con otras entidades que cuentan con helicópteros como la Policía o la UNRGD. “Pero, sin duda”, advierte, “necesitamos más fondos”.
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