Mientras en España y Francia continúan los esfuerzos para controlar incendios forestales sin precedentes en tiempos recientes, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) reveló el alcance de los daños que han dejado los incendios forestales en Europa en 2026.
Según la OMM, en lo corrido del año se han quemado más de 250.000 hectáreas de terreno en Europa, con 1.254 incendios detectados desde principios de 2026. Cabe señalar que los incendios que se registran en Francia y España han afectado más de 120.000 hectáreas.
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“Unos incendios forestales sin precedentes están arrasando Francia, España y otras zonas de Europa, lo que está obligando a realizar evacuaciones masivas y está afectando gravemente a las economías regionales y nacionales, tras las brutales olas de calor que han dejado los paisajes completamente secos”, expresó la OMM, a través de un comunicado.
En un comunicado, Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, aseguró que “estos incendios forestales sin precedentes, que arrasan Francia, España y otras partes de Europa, son consecuencia de las brutales olas de calor que han secado los paisajes. Con las temperaturas previstas para volver a dispararse esta semana, los enormes costos de esta crisis climática —tanto humanos como económicos— están alcanzando niveles de emergencia nacional", indicó Stiell, a través de un comunicado.
Por su parte, la OMM resaltó que estos eventos climáticos no se limitan a Europa. La organización resaltó que en el norte de África, las temperaturas se acercan a los 49 °C, lo que pone en grave peligro vidas y medios de subsistencia. En Chile, unas tormentas han destruido viviendas y se han cobrado vidas. Por su parte, en Japón se están batiendo récords a medida que las temperaturas se disparan, alcanzándose ahora la racha de calor de 40 °C más prolongada jamás registrada.
“Lo que hay que hacer está igualmente claro: abandonar el carbón, el petróleo y el gas lo antes posible, potenciar las energías renovables y proteger a las personas allí donde los efectos ya se están dejando sentir con mayor intensidad. Muchos países vulnerables que se encuentran en primera línea necesitan apoyo para actuar con la rapidez y la envergadura que exige esta crisis”, sostuvo Stiell.
¿Cómo evolucionan los incendios en España y Francia?
En la mañana de este miércoles, el gobierno español informó que los incendios en Ávila y Madrid, que han arrasado más de 70.000 hectáreas, se encuentran “técnicamente estabilizados”. A pesar de esto, se informó que, por el momento, se mantendrá la emergencia nacional.
“Se realizarán las valoraciones y las evaluaciones y, cuando proceda, se tomarán las decisiones oportunas, siempre en términos de lo que es proporcional y adecuado”, explicó el ministro del Interior de España, Fernando Grande-Marlaska.
Por su parte, bomberos en el suroeste de Francia continúan luchando contra un incendio que ocupa una superficie casi cuatro veces mayor que la de París, con fuertes vientos que amenazan con reavivar focos de fuego ya controlados.
Lo cierto es que ambos países se preparan para una nueva ola de calor, con la que se espera un aumento de las temperaturas y mayores riesgos de incendios y para la salud humana.
Como explicó la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), de España, los pronósticos del tiempo apuntan a que una nueva ola de calor podría empezar desde este miércoles 29 de julio, y se extendería por una semana. Según algunas estimaciones, se podrían registrar temperaturas de hasta 40 °C y un descenso considerable de la humedad.
“Se espera un ascenso progresivo de las temperaturas, hasta alcanzar valores muy elevados a partir de mitad de la semana, especialmente en valles fluviales del cuadrante suroccidental, valle del Ebro, depresiones del nordeste y valles pirenaicos. Se espera un nivel de peligro importante o incluso extraordinario durante las horas centrales, especialmente en actividades al aire libre y para personas vulnerables (edad avanzada, enfermedades cardiovasculares, etc.), con noches que serán también muy cálidas”, se lee en un informe de la entidad.
Las olas de calor, como explica la Organización Meteorológica Mundial (OMM), son una de las manifestaciones del calor extremo. “Lo que constituye una ola de calor depende de las condiciones climáticas locales y de cómo se adaptan a ellas las personas, las infraestructuras y los ecosistemas. Por ejemplo, las temperaturas superiores a los 30 °C contribuyeron a la peor ola de calor registrada en algunas zonas subárticas de Noruega, Suecia y Finlandia en 2025″, se lee en el sitio web de la OMM.
Otra de las precisiones que hace la OMM es que las olas de calor no son simplemente una secuencia de días con temperaturas elevadas. Una de las características de este tipo de eventos es la acumulación de calor excesivo a lo largo de varios días y noches consecutivos.
“En condiciones normales, las noches más frescas permiten que las personas, los edificios y el entorno liberen el calor absorbido durante el día. Cuando las noches se mantienen inusualmente cálidas, este proceso de recuperación se ve interrumpido y se disipa una menor cantidad de ese calor”, explica la OMM.
Según expertos de la organización, las olas de calor suelen ir acompañadas de sequías, incendios forestales, humo, contaminación atmosférica e inundaciones repentinas, lo que genera riesgos que se agravan mutuamente.
El impacto en la población es una de las preocupaciones de las autoridades en los próximos días. Un estudio de The Lancet reveló que, entre 2000 y 2019, se produjeron aproximadamente 489.000 muertes relacionadas con el calor cada año, incluidas las más de 70.000 que se registraron durante la ola de calor de 2003 en Europa.
“Aunque los efectos del calor pueden verse agravados en las ciudades debido al efecto de isla de calor urbana (UHI), los medios de vida y el bienestar de las comunidades no urbanas también pueden verse gravemente afectados durante y después de los periodos de calor inusual”, precisa la Organización Mundial de la Salud. “Las olas de calor pueden suponer una carga para los servicios sanitarios y de emergencia, y también aumentar la presión sobre los recursos hídricos, energéticos y de transporte, lo que puede provocar cortes de suministro eléctrico o incluso apagones”.
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