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En una rueda de prensa, dada este martes, 28 de julio, el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, dio una nueva actualización sobre los incendios forestales que se registran en este país, y que dejan más de 90.000 personas evacuadas.
Sánchez informó que en el suelo español permanecen activos ocho incendios forestales, pero aseguró que, gracias a los esfuerzos de los equipos en el terreno, se está cambiando el rumbo de los incendios forestales en el centro del país. “Empezamos a ver la luz al final del túnel, pero aún nos quedan horas complejas”.
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Sin embargo, el funcionario también hizo un llamado a la cautela, en particular frente a lo que se viene en los próximos días. “Se nos acaba de informar sobre un aumento de las temperaturas, con una nueva ola de calor que va a dificultar las labores de extinción de las llamas y que elevará el riesgo de incendios a lo largo de nuestro país”, agregó el presidente del gobierno español.
La situación es similar en el territorio francés. Desde el inicio de la temporada de verano, los incendios han afectado a más de 116.000 hectáreas en Francia, de ellas, 42.000 en la región de Gironda.
Según expresó a principios de semana el presidente Emmanuel Macron, durante una visita a las zonas devastadas por el incendio en la región de Gironda, el país se enfrentaba a un “incendio forestal sin precedentes, el más grave desde la Segunda Guerra Mundial”.
En esta misma línea, Eric Brocardi, portavoz de la federación nacional de bomberos, aseguró a la BBC que “este incendio es como la historia de David contra Goliat”.
Ahora, ambos países se preparan para una nueva ola de calor, con la que se espera un aumento de las temperaturas y mayores riesgos de incendios y para la salud humana.
☀️ ¿Qué es una ola de calor?
Como explicó la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), de España, los pronósticos del tiempo apuntan a que una nueva ola de calor podría empezar desde este miércoles 29 de julio, y se extendería por una semana. Según algunas estimaciones, se podrían registrar temperaturas de hasta 40 °C y un descenso considerable de la humedad.
“Se espera un ascenso progresivo de las temperaturas, hasta alcanzar valores muy elevados a partir de mitad de la semana, especialmente en valles fluviales del cuadrante suroccidental, valle del Ebro, depresiones del nordeste y valles pirenaicos. Se espera un nivel de peligro importante o incluso extraordinario durante las horas centrales, especialmente en actividades al aire libre y para personas vulnerables (edad avanzada, enfermedades cardiovasculares, etc.), con noches que serán también muy cálidas”, se lee en un informe de la entidad.
Las olas de calor, como explica la Organización Meteorológica Mundial (OMM), son una de las manifestaciones del calor extremo. “Lo que constituye una ola de calor depende de las condiciones climáticas locales y de cómo se adaptan a ellas las personas, las infraestructuras y los ecosistemas. Por ejemplo, las temperaturas superiores a los 30 °C contribuyeron a la peor ola de calor registrada en algunas zonas subárticas de Noruega, Suecia y Finlandia en 2025″, se lee en el sitio web de la OMM.
Otra de las precisiones que hace la OMM es que las olas de calor no son simplemente una secuencia de días con temperaturas elevadas. Una de las características de este tipo de eventos es la acumulación de calor excesivo a lo largo de varios días y noches consecutivos.
“En condiciones normales, las noches más frescas permiten que las personas, los edificios y el entorno liberen el calor absorbido durante el día. Cuando las noches se mantienen inusualmente cálidas, este proceso de recuperación se ve interrumpido y se disipa una menor cantidad de ese calor”, explica la OMM.
Según expertos de la organización, las olas de calor suelen ir acompañadas de sequías, incendios forestales, humo, contaminación atmosférica e inundaciones repentinas, lo que genera riesgos que se agravan mutuamente.
El impacto en la población es una de las preocupaciones de las autoridades en los próximos días. Un estudio de The Lancet reveló que, entre 2000 y 2019, se produjeron aproximadamente 489.000 muertes relacionadas con el calor cada año, incluidas las más de 70.000 que se registraron durante la ola de calor de 2003 en Europa.
“Aunque los efectos del calor pueden verse agravados en las ciudades debido al efecto de isla de calor urbana (UHI), los medios de vida y el bienestar de las comunidades no urbanas también pueden verse gravemente afectados durante y después de los periodos de calor inusual”, precisa la Organización Mundial de la Salud. “Las olas de calor pueden suponer una carga para los servicios sanitarios y de emergencia, y también aumentar la presión sobre los recursos hídricos, energéticos y de transporte, lo que puede provocar cortes de suministro eléctrico o incluso apagones”.
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