28 May 2020 - 4:58 p. m.

“La gente de las ciudades se ha dado cuenta de lo necesario que es proteger la naturaleza”: Cholo Valderrama

Las Reservas Naturales de la Sociedad Civil son una alternativa sostenible y rentable. Cualquier dueño de un predio, que quiera aportar a la conservación de la biodiversidad puede constituir una. Este es el caso del cantautor colombiano y otras personas que, como él, ya replican este modelo en diferentes regiones.

Laura Villamil Barrera

El amor infinito que lo une a la tierra, un sentimiento heredado de sus ancestros y fortalecido por atardeceres anaranjados, jornadas de pastoreo al lomo de un caballo y animales que a su parecer son indiscutiblemente más bellos que los humanos, se convirtió en la principal motivación del Cholo Valerrama, uno de los máximos exponentes de la música llanera colombiana, para transformar su fundo -no es finca ni hato, advierte con tono estricto- en una Reserva Natural de la Sociedad Civil (RNSC). (Lea: Los impactos que ha dejado el ecoturismo en algunos parques naturales de Colombia)

Este título, otorgado por Parques Nacionales Naturales, que le da nombre a la única categoría de conservación privada del Sistema Nacional de Áreas Protegidas de Colombia (SINAP) y al que puede aplicar cualquier persona propietaria de un predio para proteger la biodiversidad que este aloja, llegó a manos del Cholo a finales de 2019. El proceso para convertir su predio en una Reserva incluyó un análisis y clasificación de las especies animales y vegetales que allí habitan, objetivos de conservación claros y un plan de manejo para las casi 800 hectáreas que conforman Vida Tranquila, ese fundo de ensueño ubicado en el municipio de Pore, en el departamento de Casanare.

“La naturaleza y los animales son el amor de mi vida, por eso el día en el que mis papás me preguntaron si quería estudiar algo les dije que quería ser llanero. Sin embargo, con el pasar del tiempo, he visto cómo frente al mal llamado desarrollo hemos perdido mucha fauna y flora de los Llanos”, dice con tono de indignación. También habla con la certeza de quien sabe que la destrucción de ecosistemas y la desaparición de especies (por cuenta de la explotación petrolera, la expansión de la frontera agrícola, entre otras razones) implican la pérdida de las fuentes de inspiración que él y muchos otros han usado para cantarle a la tierra.

“El sentimiento me lo da naturaleza. Si me voy a un potrero al atardecer y veo chigüiros, patos y garzas, eso me da tranquilidad y capacidad para componer. Las canciones no son mías, son del Llano, solo estoy ahí para escribirlas cuando él me las dicta”, cuenta, y confirma que al comprometerse con la declaración de su predio como Reserva, no tenía una pretensión distinta a mantenerlo como es: una isla de naturaleza en medio de tierras de producción intensa, en la que hay especies tan diversas que van desde las babillas, iguanas y tortugas, pasando por venados, cunaguaros y zorros, hasta 97 especies de aves.

Fue Laura Miranda, directora de la Fundación Cunaguaro -una organización articuladora del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, establecida en Yopal que dedica parte de su trabajo a apoyar la conservación privada en la Orinoquia-, quien se encargó de explicarle al Cholo los atributos de la figura que hoy protege su fundo; un trabajo que él destaca como primordial para que los campesinos y propietarios dejen atrás la idea de que dar este paso pone en riesgo la titularidad de sus tierras. “Las acciones de conservación en la Orinoquia han estado fuertemente impulsadas por propietarios privados y debemos seguir impulsándolas. Las RNSC se convirtieron en una estrategia efectiva para blindar nuestro territorio de actividades extractivas”, agrega Miranda. (Puede leer: El rol de los campesinos en la Protección de los Parques Naturales)

¿Por qué constituir una RNSC?

Como lo cuenta Carlos Mauricio Herrera, especialista en áreas protegidas y estrategias de conservación de WWF Colombia, las primeras iniciativas privadas de conservación en el país surgieron hace más de 40 años, pero solo desde el año 2010 se formalizaron como categoría de conservación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP), gracias al Decreto 2372. Esa estructuración, justamente, fue lo que permitió un incremento importante de este tipo de reservas en la última década. En 10 años, Colombia pasó de tener 300 predios protegidos bajo esta figura, con una extensión de 30 mil hectáreas, a 899 RSNC con una cobertura de 187 mil hectáreas en todas las regiones del país.

“Esto significa que hay una gran cantidad personas, familias y organizaciones que están poniendo sus predios al servicio de la conservación y convirtiéndolos en áreas protegidas”, dice Herrera, quien considera que las RNSC tienen un gran potencial como soluciones basadas en la naturaleza, pues sin importar su tamaño cumplen con objetivos específicos de conservación, protegen muestras de la biodiversidad del país y contribuyen a que familias, propietarios y redes aporten elementos para fortalecer la gobernanza en el territorio.

La constitución de una RNSC también aporta a las metas de conservación definidas por el país en diferentes convenios nacionales e internacionales (como las metas AICHI, alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible), y genera beneficios para quienes las establecen. Por ejemplo, mayor acceso a información y respaldo para el manejo y la planificación de sus predios, participación en iniciativas de cooperación para privados, exención o reducción del impuesto predial (depende de cada municipio si la otorga) y presencia en espacios técnicos, de capacitación y de toma de decisiones. (Lea también: El llamado de más 70 líderes ambientales globales para proteger y restaurar la naturaleza)

Esto último, dice Herrera, se confirma con la participación de algunas reservas y organizaciones articuladoras en los comités técnicos de los Sistemas Regional de Áreas Protegidas (SIRAP). También se refleja en la designación de un representante de estas iniciativas privadas de conservación en el comité directivo de la estrategia GEF/SINAP -financiada por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y ejecutada con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y WWF-, que busca la consolidación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas e incluye el registro de nuevas reservas en Arauca, Vichada, Meta y Casanare, departamentos donde es urgente conservar ecosistemas estratégicos como las sabanas inundables y los morichales, así como en los Andes nororientales y otras zonas del país.

Tener voz y voto en la conservación

Una mayor injerencia en espacios de decisión fue la gran ganancia que obtuvieron Martha Lucía López y su hija Nathalia Otero cuando se unieron al Registro Único Nacional de Áreas Protegidas (RUNAP) con su reserva Camaná. Este es un predio de 1,7 hectáreas ubicado en el municipio de Restrepo, en Meta. “En 1993 llegamos a vivir aquí, cuatro años después nos proyectamos como finca agroecológica y en 2000 nos unimos a Resnatur (Red Colombiana de Reservas Naturales de la Sociedad Civil). Pero solo en 2014, cuando recibimos la resolución de reserva, empezamos a sentir que nos tenían en cuenta para ciertas decisiones del municipio”, explica Martha.

Esta posibilidad, coinciden, es un reconocimiento a más de 30 años de trabajo arduo, en los que la propiedad se ha transformado al ritmo de los sueños de sus dueñas. Así pasó de ser una finca de recreo a inicios de los 90, a un hotel con certificación en sostenibilidad y con ofertas ecoturísticas como el avistamiento de aves. Hoy Camaná también es una fundación que desarrolla proyectos de educación ambiental en la región y una organización articuladora, es decir, un ente calificado por Parques Nacionales para respaldar la promoción y creación de nuevas RNSC. (Puede leer: Piden proteger las áreas de conservación del Sistema de Parques Nacionales Naturales)

“Esto nos ha abierto muchas puertas, por ejemplo, para la consecución de recursos y la ejecución de proyectos ambientales. Mi madre y yo, con el recuerdo de mi padre siempre presente en cada cosa que hacemos, nos hemos metido de cabeza en esto que, además de generar un tejido social y cumplir con unas metas ambientales, es nuestro proyecto de vida”, dice Nathalia, quien cree firmemente en el efecto multiplicador de su trabajo para la creación de nuevas RNSC y enfrentar desafíos como la deforestación.

El futuro de la conservación privada

Por ser una categoría que depende de las intenciones privadas de conservación no se puede hacer un cálculo exacto de su crecimiento en los próximos años. Sin embargo, como lo explica Carlos Mauricio Herrera, hay ciertas garantías que se deben mantener, como una divulgación constante de la existencia de las RNSC, nuevos beneficios para quienes las declaren y una respuesta efectiva a las dudas que tengan los dueños de los predios.

Solo así el número de 899 reservas seguirá creciendo. “Esta figura de conservación cumple un rol muy importante dentro del SINAP, pues es la que más puede crecer en términos de número y actores involucrados: en las otras categorías ya el país está muy cerca de cumplir metas de representatividad. En ese sentido, deben garantizarse los mecanismos para fortalecerla a largo plazo”. (Le puede interesar: Isla Grande y su lucha por preservar sus recursos naturales)

Acudir a las oficinas regionales de Parques Nacionales Naturales, la entidad responsable de coordinar el Sistema Nacional de Áreas Protegidas en Colombia; a las organizaciones articuladoras, es decir, los entes privados autorizados para promover la creación de RNSC, y a instituciones que apoyan la creación y declaración de áreas protegidas como WWF, son los caminos para empezar el proceso de convertir un predio en un área protegida y así asegurar, como sueña el Cholo Valderrama, la creación de muchas áreas de conservación, “porque se los digo a manera de consejo: si uno pasa por esta vida tiene que dejar una huella así sea chiquita”, concluye.

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