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El Pacífico se calienta bajo la superficie y abre la puerta a una nueva transición climática

Aunque La Niña sigue activa en el planeta, los científicos están reportando un calentamiento bajo la superficie del Pacífico ecuatorial que podría anticipar una transición hacia fase neutral en 2026 y, más adelante, aumentar la probabilidad de un nuevo episodio de El Niño, aún con alta incertidumbre.

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15 de febrero de 2026 - 04:26 p. m.
En Colombia, el fenómeno de El Niño suele asociarse principalmente con menos lluvias y aumento de temperaturas, aunque los efectos no son iguales en todo el país.
En Colombia, el fenómeno de El Niño suele asociarse principalmente con menos lluvias y aumento de temperaturas, aunque los efectos no son iguales en todo el país.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Es probable que el sistema climático del planeta esté entrando en una nueva transición. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y el Servicio Meteorológico de Estados Unidos han informado en las últimas horas que las aguas bajo la superficie del océano Pacífico ecuatorial han comenzado a calentarse, un cambio que suele anticipar modificaciones en el ciclo climático global.

Todos hemos escuchado hablar alguna vez de los fenómenos de La Niña y El Niño. La Niña ocurre cuando las aguas del océano Pacífico ecuatorial se enfrían más de lo habitual. En algunos países eso puede traducirse en temporadas más lluviosas e inundaciones, mientras que en otros puede favorecer sequías.

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El Niño es precisamente la fase opuesta: se presenta cuando esas mismas aguas se calientan por encima del promedio. Ese calentamiento también altera la atmósfera del planeta y puede provocar efectos distintos, como aumento de temperaturas, cambios en los patrones de lluvia, sequías en algunas zonas y precipitaciones intensas en otras. Ambos forman parte de un mismo ciclo, conocido como ENSO (El Niño–Oscilación del Sur), que actúa como un regulador del clima global.

¿Vamos hacia El Niño?

Actualmente, el planeta se encuentra bajo la influencia de La Niña. Pero los científicos están observando señales de cambio. La NOAA y el Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos informaron que “el índice de temperatura subsuperficial ecuatorial aumentó de manera significativa, reflejando el fortalecimiento y la expansión de aguas más cálidas de lo normal en el Pacífico”.

En términos sencillos, aunque la superficie del océano sigue fría, debajo de ella el agua se está calentando. Ese detalle es clave. El calentamiento bajo la superficie suele ser una de las primeras señales de que La Niña está perdiendo fuerza. Según el informe, “este calentamiento subsuperficial suele ser una señal de debilitamiento de La Niña y puede anticipar una transición hacia condiciones neutrales”.

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Ambas entidades estiman que “el sistema evolucione hacia una fase ENSO-neutral entre febrero y abril de 2026, con una probabilidad del 60%”. La fase neutral es el punto intermedio del ciclo climático del Pacífico, cuando las temperaturas del océano se acercan a los valores promedio y no predominan ni La Niña ni El Niño.

Sin embargo, más adelante, hacia finales del verano y meses posteriores, existe una probabilidad del 50-60% de que se forme El Niño. La última vez que el planeta vivió un fenómeno de El Niño fue entre 2023 y comienzos de 2024. En esa ocasión, se asoció con temperaturas globales excepcionalmente altas, alteraciones en los patrones de lluvia en distintas regiones y sequías e inundaciones.

Todavía es pronto para saber si El Niño efectivamente se formará. Los científicos de la NOAA advierten que la incertidumbre es todavía muy alta.

En Colombia, el fenómeno de El Niño suele asociarse principalmente con menos lluvias y aumento de temperaturas, aunque los efectos no son iguales en todo el país. Gran parte del territorio colombiano registra ambiente más seco y caluroso de lo habitual. Esto suele sentirse con mayor intensidad en la región Andina, Caribe y parte de la Orinoquía. Sin embargo, en algunas zonas del sur del país o en ciertos momentos específicos, los efectos pueden variar. El fenómeno no actúa como un interruptor uniforme, sino que altera patrones atmosféricos complejos.

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