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En los lujosos pasillos del Centro de Congresos de Silk Road, el complejo turístico de más de 17 hectáreas a las afueras de la histórica Samarcanda (Uzbekistán) que alberga la octava asamblea del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés), se repite una frase que resume la importancia del encuentro: aquí se marca el inicio “de la recta final hacia los objetivos medioambientales para 2030”.
Esta asamblea, que se hace cada cuatro años, reúne a representantes de más de 140 países del mundo con el objetivo de definir las prioridades y financiación de uno de los principales mecanismos de financiación ambiental del planeta. Hasta el momento, los países en desarrollo contarán con al menos USD 3.900 millones hasta finales de la década para cumplir los objetivos que se han acordado en seis de los acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente más importantes del mundo, como la convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático o el convenio sobre Diversidad Biológica.
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Al mismo tiempo, el Secretario General de la ONU, António Guterres, señaló que El Niño, cuyas condiciones se establecerán en los próximos meses con una certeza del 90 %, “echará más leña al fuego de un mundo que se calienta”.
La cuestión, como resalta la directora adjunta de la oficina de Washington de la Fundación Heinrich Böll, una fundación política alemana sin fines de lucro, Liane Schalatek, con más de 20 años de experiencia en negociaciones internacionales sobre el clima, es que los países en desarrollo tendrán que enfrentar esta recta final en un mundo con múltiples crisis climáticas con menos dinero que en el pasado.
El caso puntual del GEF, uno de los fondos multilaterales más grandes e importantes del mundo, sirve para ejemplificar este punto. Este fondo funciona con ciclos de reposición de cuatro años. Es decir, cada cuatro años los países más desarrollados destinan unos recursos a esta “bolsa global” a la que acceden los países en desarrollo. Para el periodo 2026-2030 (correspondiente al noveno ciclo de reposición, o GEF-9), se han anunciado USD 3.900 millones, lo que representa una reducción de casi el 27 % frente a los USD 5.300 millones que estuvieron disponibles entre 2022 y 2026 (GEF-8). De hecho, el monto para este ciclo de reposición es el más bajo de los últimos 16 años.
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Esto, agrega Schalatek, es el reflejo de lo que viene sucediendo en los últimos años en lo que respecta al financiamiento al desarrollo y al financiamiento climático, producto de las múltiples tensiones alrededor del mundo y del retiro de los Estados Unidos de varios tratados internacionales ambientales.
Sin embargo, lo que suceda con el GEF es particularmente sensible para Colombia, teniendo en cuenta que casi el 57 % de los recursos que se han invertido en el país en los últimos 20 años de los distintos fondos multilaterales ambientales provienen de ese mecanismo financiero, según los datos entregados por el Ministerio de Ambiente a El Espectador.
El dinero del GEF al que accede Colombia y que ha servido, entre cientos de proyectos, para transformar los conflictos entre humanos y jaguares en el Guaviare o reducir los riesgos a los que se exponen los mineros artesanales en Marmato (Caldas), se vería reducido, no solo por la disminución general de la “bolsa” global, sino también por dos decisiones que están discutiéndose actualmente en la octava asamblea del GEF en Uzbekistán.
Un rápido repaso al GEF y su importancia para Colombia
Incluso personas como Schalatek, con décadas de experiencia en estos temas, reconocen que la estructura mundial de la financiación climática es compleja. En términos generales, existen docenas de fondos a los que, principalmente, países de ingresos bajos o medios pueden acceder para hacer frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación por mercurio, entre múltiples crisis climáticas y ambientales.
El GEF, aunque no es el que más dinero ofrece actualmente, sí es uno de los más importantes en el mundo. Se estableció en 1992, durante la Cumbre de la Tierra que se celebró en Río de Janeiro (Brasil), como el mecanismo financiero de las convenciones de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y la Lucha Contra la Desertificación, así como en el Convenio sobre la Diversidad Biológica. En la actualidad, además de servir como mecanismo financiero a seis convenios y convenciones de la ONU, es una “familia” de seis fondos.
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Para ponerlo en perspectiva, según datos de Climate Funds Update, de la Heinrich Böll, en América Latina, entre 2003 y 2025, el GEF fue el cuarto fondo que más dinero le desembolsó a los países, por detrás del Fondo Verde del Clima (GCF, por sus siglas en inglés), el Amazon Fund y el Fondo de Tecnologías Limpias (CTF, por sus siglas en inglés).
En Colombia, sin embargo, la realidad es distinta. Datos entregados por el Ministerio de Ambiente a este diario muestran que, de los casi USD 480 millones que se han invertido en los últimos 20 años de los distintos fondos multilaterales, USD 270, es decir, el 56,4 %, vienen del GEF. Lo sigue el Fondo Verde del Clima, con USD 182 millones, o el 38,8 % del total.
En este punto es importante hacer una aclaración. El dinero del GEF no se entrega al gobierno de cada país, sino que se canaliza a través de una de las 18 agencias que se encargan de ejecutar los recursos y entre las que se encuentran, entre otras, WWF, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Conservación Internacional.
“Colombia ha logrado posicionarse como uno de los países en desarrollo con capacidad de acceso a financiamiento climático y ambiental multilateral a través de fondos multilaterales”, señaló el Minambiente en su respuesta.
En lo que respecta al GEF, el país está dentro del “top 10” de los países en donde más recursos se han invertido históricamente y, al ampliar la mirada sobre todos los fondos, Colombia hace parte de los cuatro países (junto a Brasil, México y Costa Rica) que concentran la mitad del dinero destinado a la región.
A pesar de que en la COP29 de Cambio Climático, celebrada en Azerbaiyán en 2024, los países acordaron que las naciones más ricas debían triplicar el dinero en los fondos como el GEF para 2030, con respecto a los niveles de 2022 —lo cual sigue siendo considerado insuficiente por los países en desarrollo—, lo cierto del caso, dice Schalatek, es que ha sucedido lo contrario: los recursos se han ido reduciendo.
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Además de la reducción del 27 % en el ciclo del GEF-9, la directora adjunta de la Heinrich Böll menciona lo sucedido a mediados de mayo de este año con el Reino Unido y el Fondo Verde del Clima. Después de haber anunciado un aporte inicial de GBP 1.600 millones, el gobierno anunció que solo entregará la mitad. Las razones, continúa Schalatek, tienen que ver con el redireccionamiento de estos recursos al sector militar e industrial, así como con el hecho de que varios países ricos estarían siguiendo el ejemplo de los Estados Unidos, que en los últimos años se ha retirado de varios de los acuerdos multilaterales ambientales más importantes del mundo, así como de los fondos.
Para Isabel Filiberto, coordinadora ejecutiva del GEF para WWF, aunque la reducción en el GEF-9 es “importante, no es tan dramática como todos esperábamos dada la situación mundial. Esperábamos una hecatombe y no lo ha sido”.
Por su parte, Schalatek asegura que el mensaje que los países ricos le están enviando a los demás es claro: “hay que hacer más con menos”. Esta fue justamente la frase con la que la agencia de noticias IPS decidió titular la entrevista que le hicieron a Claude Gacon, director ejecutivo interino del GEF, semanas antes de la octava asamblea del fondo.
Lo que se juega Colombia
En el salón más grande del Centro de Congresos de Silk Road, en Samarcanda, hay dos discusiones que se están llevando a cabo y que podrían disminuir aún más los recursos a los que Colombia puede acceder. Para entenderlas, hay que explicar una particularidad del GEF que, a los ojos de Schalatek y de Alejandra López, directora del área de Diplomacia Climática de Transforma, es importante: el rol de Estados Unidos.
Tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, en enero de 2025, Estados Unidos, uno de los países que más ha contribuido a la crisis climática, se retiró del Acuerdo de París, la convención de la ONU sobre el Cambio Climático y el Fondo Verde del Clima, entre otros. Sin embargo, no ha sucedido lo mismo con el GEF. Esto, creen Schalatek y López, se debe a la influencia que tiene Estados Unidos sobre las políticas del GEF.
Esta influencia, menciona López, le sirvió en el pasado para, por ejemplo, bloquear recursos para países como Cuba e Irán. Ahora, asegura Schalatek, la usó para disminuir el porcentaje de los recursos del GEF-9 que se destinan a la mitigación del cambio climático, una crisis que ha sido calificada como “la mayor estafa jamás perpetrada” por el presidente Donald Trump.
Para el GEF-9, la delegación de Estados Unidos ha propuesto, de manera directa o indirecta, dos cambios que estarían encaminados a reducir los recursos que reciben países como China o Rusia, segundo y cuarto mayor receptor de los recursos del GEF, antagónicos a los intereses de Estados Unidos.
El primero de ellos tiene que ver con otra particularidad del GEF: la forma en cómo se entregan los recursos. Todos los países de ingresos medios y bajos reciben dinero de este fondo. La cantidad de recursos se define a través de un sistema, conocido en términos más técnicos como STAR, que establece el monto de acuerdo a varios criterios, como el Producto Interno Bruto (PIB), el desempeño institucional y la generación de beneficios ambientales globales.
Saltándose varios detalles técnicos, en la discusión sobre el STAR lo que se busca es aumentar el peso que tiene el PIB en esta fórmula, para que los países con un PIB más alto reciban menos recursos. Esto afectaría a Colombia de manera indirecta, pues es un país de ingresos medianos-altos, según el Banco Mundial.
Por eso, según le explicó el Minambiente a este diario, una de las prioridades de la delegación colombiana en Uzbekistán será evitar “cambios abruptos” en la metodología del STAR, que podrían generar “incertidumbre para los países en desarrollo en su planificación ambiental”.
La segunda discusión está relacionada con la preponderancia que el GEF-9 le estaría dando a dos grupos de países, conocidos como los menos adelantados (PMA) —44 economías, principalmente en África y Asia— y los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID). De acuerdo con los documentos de la Asamblea, estos dos grupos de países, de los cuales Colombia no hace parte, concentrarían el 43 % de los recursos del GEF-9.
Si este porcentaje se llega a materializar, se reducirían los recursos que recibe Colombia. Por eso, según el Minambiente, uno de los temas centrales para la delegación en Uzbekistán será “fortalecer el reconocimiento del papel estratégico de los países megadiversos de ingreso medio en la protección de ecosistemas clave para el planeta”.
Dicho de otra manera, “las futuras reformas del GEF deben mantener un balance adecuado entre apoyar a países altamente vulnerables [como los PMA y los PEID] y, al mismo tiempo, asegurar recursos suficientes para países que concentran gran parte de la biodiversidad global, los bosques tropicales y los ecosistemas fundamentales para la regulación climática”.
Las discusiones en Uzbekistán se llevarán a cabo hasta este viernes 5 de junio, pero Colombia y el resto de países solo sabrán a cuántos recursos podrán acceder durante los próximos cuatro años hasta el 1.° de julio. Por el momento, la delegación colombiana busca posicionar estas discusiones en un evento con un carácter “predominantemente político y con poco margen de negociación formal”, como reconoce el mismo Minambiente.
Este reportaje se ha elaborado en el marco de una beca de periodismo para cubrir la Octava Asamblea del FMAM, con el apoyo de la Red de Periodismo Ambiental de Internews.
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