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La “trampa” energética de los combustibles fósiles

Tras calcular los gastos para producir gasolina, electricidad y carbón de coque, investigadores de la Universidad de Leeds en Inglaterra descubrieron que la energía global invertida en estos procesos es mayor a la que se termina generando.

Camila Taborda/ @camilaztabor

21 de julio de 2019 - 03:55 p. m.
Se estima que para 2050 las fuentes de combustibles fósiles caducarán. / AFP
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Se estima que en los próximos 30 años los combustibles fósiles, como el petróleo, el gas natural y el carbón, se agotarán. Ese límite, junto con los problemas ambientales, como el cambio climático, llevan al sector energético mundial a cambiarse a una energía más limpia: la renovable. Pero este no es el único apuro. Lina Brand, una economista colombiana apasionada por el medio ambiente, acaba de encontrar en compañía de tres investigadores otra razón apremiante para esta transición. Se trata de la tasa de retorno energética (TRE), que implica la producción de energía actual. 

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Este concepto, común dentro de la economía ecológica, “es simplemente una división. En ella se mide el retorno energético al invertir una unidad de energía. Como cualquier otra inversión, deseamos tasas mayores. Dependiendo de la etapa en que se mida, la TRE arroja la inversión necesaria para extraer energía cruda (etapa primaria) o para extraer, procesar y transportar energía hasta su punto de uso (etapa final)”, explicó Brand, graduada de la Universidad Nacional, en Medellín. (Lea: Chile, la nueva meca de las energías limpias)

El problema es que, gracias a la antigua abundancia de los combustibles fósiles, esta fórmula ha sido calculada en su etapa primaria, arrojando usualmente una tasa de 30 que deja por fuera el sinfín de procesos que se requieren para conseguir carbón de coque, gasolina y electricidad. La TRE para los renovables se calcula en 10, pero estas fuentes no cuentan con etapas porque la energía se produce inmediatamente. Al capturar el sol o el viento se genera electricidad. Esto quiere decir que, al comparar ambas, las segundas siempre han estado en desventaja, un argumento que supone un costo energético altísimo en caso de preferir las fuentes renovables.

Sin embargo, “nosotros argumentamos que las TRE estimadas antes representan peras y manzanas, y por lo tanto no son comparables. Las peras son las TRE para los combustibles fósiles, medidas en la etapa primaria (por ejemplo, carbón y petróleo crudo). Y las manzanas son las TRE para las energías renovables (por ejemplo, energía solar y eólica), medidas en la etapa final (por ejemplo, electricidad)”, sostiene Brand, quien acaba de publicar en la revista Nature Energy el estudio, en compañía de tres expertos de la Universidad de Leeds (Inglaterra).

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Así que, para hacer justicia, los investigadores compararon la tasa de retorno energética de la gasolina, la electricidad y el carbón de coque producida a nivel mundial. ¿Cómo lo hicieron? Primero, tomaron los datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), con el fin de saber cuánta energía ha producido el mundo cada año. Luego, Brand y su equipo utilizaron matrices de insumo producto, que son bases de datos enormes que recopilan las transacciones económicas en una nación o, en este caso, a nivel global.

Para ello accedieron a los datos de Exiobase, donde obtuvieron cifras como cuánta plata le pagó el sector de refinerías al sector de camiones en Colombia y cuánto, a su vez, le pagaron los camiones a la industria de llantas en China, por ejemplo. (Podría leer: Los países del G20 siguen dependiendo del combustible fósil)

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Con esa última información, que en Colombia es recogida por el DANE, “hicimos unos cálculos usando álgebra de matrices y con esos cálculos, para los que sabemos cuánta energía usa cada sector y cuántas transacciones monetarias hacen entre ellos, podemos calcular la energía que está incorporada dentro de esas transacciones”, explicó la experta, quien encontró, junto con sus colegas, que los mayores niveles de energía no son los que se están produciendo, sino los que se están invirtiendo para producir; es decir, un círculo vicioso.

El resultado de los investigadores señala que en 1995, la tasa de los combustibles fósiles sin transformar era de 35, y disminuyó a 29 para 2011, lo que confirma la disminución de estas fuentes de energía. Lo novedoso del hallazgo es que la TRE para la energía útil como gasolina y electricidad es 7 y 6 para las mismas fechas, respectivamente.

“Esto quiere decir que hemos estado obteniendo menos y menos energía de nuestras inversiones energéticas a nivel global. Investigaciones pasadas estiman la TRE para renovables en 10, lo que sugiere que una transición energética hacia renovables puede no ser tan costosa en términos energéticos como se pensaba antes, y por el contrario, puede ser una inversión energética más inteligente”, asegura la experta. (Le puede interesar: Subasta de energías limpias: ¿mejora para precios y tarifas?)

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Por Camila Taborda/ @camilaztabor

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