23 Jul 2021 - 2:00 a. m.

Las lecciones que deja el caso de Julieta, la manatí asesinada en Tasajera

El 14 de julio la mataron en la Ciénaga Grande de Santa Marta. Biólogas explican cómo fue su rehabilitación, por qué fue liberada en estas playas y cómo fue el proceso de educación ambiental con las comunidades.

Paula Casas Mogollón

Redactor Vivir

@PauCasasM

El miércoles 14 de julio Julieth Prieto se montó en una lancha para llegar hasta Pozos Colorados, en Santa Marta: esa era la última señal que arrojaba el satélite de ubicación de Julieta, una manatí que había sido rescatada, cuidada y rehabilitada por el equipo del que es parte Prieto, en el Centro de Fauna Marina, de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag), el cual opera en el Acuario del Rodadero. Al llegar al lugar, un grupo de pescadores le informó que el animal estaba siendo cazado en Tasajera, en la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Sin preguntar otro dato más, sobre las 9:30 de la mañana, Prieto se fue para la ciénaga. “No había llegado la información de que se había metido allí. El satélite pasa seis veces al día y su última ubicación era Pozos Colorados, donde había estado los últimos cuatro días”, recuerda Prieto Rodríguez, coordinadora del grupo de fauna de Corpamag. Mientras Prieto llegaba, Julieta fue perseguida por pescadores desde el Puente de la Barra hasta Pueblo Viejo. La capturaron y la atacaron con palos, machetes, arpones y le amarraron la trompa para asfixiarla.

“No la maten. Está marcada y tiene satélite”, gritaban los pobladores mientras llamaban a Corpamag para que rescataran a Julieta, que ya estaba moribunda, con un ojo sangrando y con heridas de 15 centímetros de profundidad. “Con ayuda de otros pescadores perseguimos a los cazadores que nos amenazaron con machetes. Les explicamos que debía ser atendida, pero insistían en que teníamos que pagar por los daños que causó”, recuerda Prieto. “La querían vender, ya se la estaban repartiendo. Fue traumático”, añade.

Julieta, de 450 kg, fue llevada en una camioneta hasta el muelle norte para ser trasladada en lancha hasta el Acuario del Rodadero, donde murió. Una vez se conoció la noticia, varios expertos en el tema por medio de redes sociales se preguntaron cómo era posible que fuera asesinada a solo cinco días de su liberación, otros dudaron de su proceso de recuperación y de si el área en que la soltaron fue la adecuada. Incluso, cuestionaron el acompañamiento y la vigilancia que tuvo la comunidad en este proceso.

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Dalila Caicedo, bióloga marina y directora ejecutiva de la Fundación Omacha, explica que con Julieta el proceso de rehabilitación fue diferente al que ha adelantado la organización desde 2009 en otras zonas del país, como Córdoba. Julieta fue rescatada el 3 de junio en el Parque del Tayrona y, aunque tenía señales de estrés por el enmallamiento y principios de anemia, los exámenes de sangre, orina y coprológicos mostraron que su condición física era buena. Su tratamiento, que se realizaría en las piscinas del Acuario, estaba establecido para 30 días.

Pero el Acuario resultó afectado por el huracán Iota el 13 de noviembre de 2020. Destruyó cuatro piscinas grandes que tenían los mamíferos para su rehabilitación y, como es un proceso costoso y que lleva tiempo, aún no se ha reconstruido. “Estaba en una piscina de semicautiverio, compartiendo con algunos delfines que, después de un tiempo, le generaron estrés. Llegó un punto en el que no quiso comer más y se complementó la alimentación con vitaminas”, dice Caicedo. Tras nuevos exámenes, los biólogos coincidieron en que se debía priorizar su liberación.

El río Magdalena fue la primera opción que tuvo el equipo de biólogos de Corpamag, el Acuario del Rodadero, Parques Nacionales Naturales, Fundación Omacha y el Centro de Conservación de Manatíes del Caribe (CCM). “Mandé una carta al Ejército para que me colaborara con el camión. Como es un animal tan pesado, la movilización es lo más peligroso. Pero lastimosamente no recibí una respuesta a tiempo”, cuenta Prieto. La otra alternativa era la bahía Inca Inca, en el Acuario, donde finalmente fue liberada el 7 de julio.

Un proceso de rehabilitación de manatíes, generalmente, tarda entre uno y dos años, dependiendo del estado en el que haya llegado el animal. En ese tiempo las autoridades ambientales se encargan de adelantar campañas de educación ambiental con las comunidades. “Hay mitos que dicen que la carne de los manatíes es la de los siete sabores y que es exquisita. En Orinoquia creen que la grasa puede curar problemas reumáticos y musculares, lo que ha impulsado su caza en estos territorios”, comenta Susana Caballero, profesora del departamento de Ciencias Biológicas de la U. de los Andes y quien acompañó a los biólogos del CCM, en Puerto Rico, en el proceso de rehabilitación de Julieta.

En Colombia, el manatí del Caribe (Trichechus manatus), que es un animal herbívoro que habita en las zonas tropicales y subtropicales, es una especie altamente amenazada, que se encuentra en la categoría Vulnerable (VU) de extinción. La caza y la destrucción de su hábitat han sido las principales causas de la desaparición de sus ejemplares. Desde 1969, el gobierno de Colombia ha protegido a los manatíes por medio de la resolución 574, en la que se prohíbe la caza de los animales en peligro, su transporte y la utilización de productos derivados de él.

Como sabían que el proceso con Julieta iba a durar solo 30 días, el equipo emprendió una labor titánica para explicar la importancia de su conservación. “Todos los días llegábamos a las 6 de la mañana a la población donde registrara actividad satelital Julieta para explicarles su historia. Con infografías les contamos cuál era la función ecosistémica de esta especie”, asegura Prieto. Este proceso lo hicieron con turistas, dueños de hoteles y la Policía. Además, en redes sociales se lanzó una campaña en la que se pidió tener cuidado con la velocidad de las embarcaciones.

Para involucrar más a la comunidad con el proceso de conservación de Julieta, el día de su liberación fueron invitados a un desayuno los pescadores de la región. “Ellos estaban tan apropiados del tema que antes de que mataran a Julieta nos habían alertado que unos Jet Ski la intentaron agarrar y subirla a la nave”, relata Prieto. “Todos sabían que era un animal inofensivo, porque los manatíes son muy tímidos y pueden dispersarse con facilidad o nadar rápidamente en situación de peligro, por eso no pudo hacer los daños que dijeron los cazadores que la mataron”, añade.

Las tres expertas coinciden en que en este caso no hubo una falla en el proceso de educación ambiental y tampoco se precipitaron en la liberación del animal, por el contrario, aseguran, las personas que la mataron estaban conscientes de sus acciones. “Desde antes de que el animal se liberara ya todo el mundo conocía el proceso, a tal punto que se ve en el video de cuando la gente la está persiguiendo que comentan su proceso. Por más que están informados, no estamos respetando”, alega Caicedo.

Lo complejo que es un proceso de rehabilitación

Sandra Vilardy, bióloga marina y doctora en ecología y medioambiente, aclara que un proceso de rehabilitación de una especie como estas requiere muchos sacrificios del personal médico y económicos. “Claro que todo depende de la condición del animal, pero necesita un alimento especial - si es una cría - y medicinas. Luego, al momento de su liberación, debe contar con los dispositivos necesarios para su seguimiento, como un rastreador satelital”, dice. El que tenía Julieta costaba US$15.000 que fueron aportados por el Centro de Conservación de Manatíes del Caribe Colombiano y la Fundación Omacha.

En 2020, por ejemplo, la Fundación Omacha rescató a dos crías de manatí, Lluvia y Trueno. Su rehabilitación exigía una atención desde las 5 a.m hasta las 11:00 p.m. para alimentarlos con una fórmula especial de leche cada tres horas. Un proceso que solo culmina a los dos años de la cría, que es cuando su dieta comienza a basarse en vegetación, como las algas y los buchones. Según cálculos de la organización, esta alimentación puede llegar a costar $47 millones.

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Y aunque la dieta de Julieta era solo basada en la vegetación marina, el costo para adquirir su alimentación era de $500.000 al día. “Por semana tocaba ir tres veces a conseguir la comida”, asegura Prieto. A este valor se suman los recursos que se gastan para llegar hasta el sitio y poder monitorear por dónde iba Julieta. “Calcula que se gastaban como $1 millón diarios en esta operación”, señala.

Lorica, santuario de manatíes

En Lorica (Córdoba), la Fundación Omacha rehabilita especies y las libera en tiempo récord, porque la comunidad ha comprendido la importancia de conservarlos vivos. “Fueron seis años en los que íbamos constantemente, con cartillas, conactividades pedagógicas, a los colegios, a las casas, a explicar la importancia de especies como los manatíes, los delfines o las tortugas”, recuerda Caicedo.

En esta zona la gente ya comprendió la importancia ecosistémica de los manatíes, que consiste en mantener la profundidad. “Ellos saben que donde hay manatíes, hay peces y agua”, dice Vilardy. Como son animales grandes, al nadar levantan una gran cantidad de sedimentos cuando se mueven y hacen que no se queden acumulados. Además, su excremento es apetecido por los peces y en muchos sitios los pescadores ponen las redes cerca para atrapar más peces. “Dicen: “No quiero carne un día, prefiero comer pescado todos los días. Ya hemos tenido un proceso exitoso con 30 manatíes”, cuenta Dalila.

La liberación y posterior asesinato de Julieta lo toman las expertas como una oportunidad para que las personas tomen conciencia de los esfuerzos que hace la autoridad ambiental nacional e internacional para rescatar a las especies. Hubo dinero, esfuerzo y mucho sacrificio. Sacar adelante a un animal de estos vale mucho dinero, y se había logrado. No fue solo un show mediático”, recuerda Prieto.

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