15 Apr 2021 - 10:23 p. m.

Los desafíos que navegan en la macrocuenca Magdalena - Cauca

Expertos de la academia y entidades medioambientales de nivel nacional se reunieron en el conversatorio Macrocuenca Magdalena-Cauca: una mirada socioecológica de transformación y oportunidades, un espacio de reflexión en el que se analizó la actualidad del sistema hídrico más grande del país y se propusieron ideas para darle un manejo sostenible en los próximos años.

Redacción Bibo

Colombia, un país con riquezas incalculables en biodiversidad y demás manifestaciones de la naturaleza, ha contado gran parte de su historia republicana por medio de lo que acontece en el río Magdalena y, más específicamente, con los relatos y hechos que suceden con la relación entre pobladores y la cuenca Magdalena-Cauca.

Lo que pasa o deja de pasar en este sistema hídrico es competencia de todos los sectores nacionales. En su grandeza se produce el 86% del Producto Interno Bruto (PIB) de la nación; por sus caudales se genera el 75% de la energía hidráulica del país; y por los terrenos donde hace jurisdicción se alberga más del 77% de la población colombiana, a lo largo de 19 departamentos y 728 municipios.

Sin embargo, los desarrollos industriales y las nuevas técnicas de extracción de recursos, conjugados con décadas de un conflicto armado con altos intereses en lo socioambientales, le han traído al río Magdalena problemas sin precedentes, que además de afectar los recursos de sus cuencas, desfiguran el sentido que debería existir como mutuo beneficio entre sus aguas y los colombianos.

A manera de reflexionar sobre lo que pasa allí, la Fundación Natura, en alianza con entidades estratégicas como el IDEAM, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo de Adaptación y la corporación Cormagdalena, llevaron a cabo el conversatorio Macrocuenca Magdalena-Cauca: una mirada socioecológica de transformación y oportunidades. Allí se congregaron las voces de Edmund Wade Davis Earls, antropólogo canadiense y estudioso del río Magdalena; Nancy Vargas, subdirectora técnica de Natura; Juan Carlos Alonso, coordinador general de GEF Magdalena Cauca Vive; y Germán Andrade, investigador de la Universidad de los Andes y experto en ecosistemas y diversidad.

Durante la antesala del desarrollo de ideas de los panelistas, Clara Ligia Solano, directora de Natura, señaló que desde su entidad, al igual que en los últimos cinco años, seguirán impulsando campañas para aplicar métodos integrales de manejo de medioambiente, aportando para un adecuado manejo del recurso pesquero, fortaleciendo el sistema de monitoreo de ecosistemas acuáticos y le darán continuidad a la transversalización del enfoque de género en las acciones que ejecutan en la cuenca, para seguir manteniendo a la cuenca como un patrimonio histórico y socioecológico de nivel estratégico, como lo catalogó el subdirector de hidrología del IDEAM, Nelson Vargas.

¿Cuál es la actualidad de la cuenca Magdalena-Cauca?

Sobre este eje temático comenzó la discusión en el panel, cuyo común denominador fue asimilar a esta cuenca como una fuente de servicios ecosistémicos que debe ser cuidada para que el desarrollo del país no se obstruya.

Nancy Vargas aseguró que si bien a lo largo de los años este sistema hídrico ha sido puente entre el río y sus interacciones con las comunidades ribereñas, debe haber mayor responsabilidad con las actividades económicas y cautela con la deforestación, porque son factores que afectan la naturaleza de la cuenca. “Estas situaciones también han estado presentes junto con conflictos socioecológicos que se dan por el uso de ecosistemas y que dentro de sus consecuencias ha generado episodios de migración forzada y desplazamientos de comunidades”.

Con una mirada diametralmente distinta, el profesor Davis Earls aseguró que Colombia “no es un país de conflictos, sino de colores y cariño que necesita limpiar el río para que nuestras almas también se limpien”. Sin embargo, el discurso del canadiense, autor del libro Magdalena, río de sueños (que saldrá al público colombiano en el mes de julio), aseveró que los análisis que se le hagan a la cuenca no se pueden quedar simplemente en las relaciones comerciales. También se debe pensar en que “el Magdalena también es fuente de cultura, poesía y literatura”.

El coordinador Juan Carlos Alonso sugirió que las posturas de Davis y Vargas son correctas, pero invitó a que no se marginen los cuidados colectivos del río y de la cuenca para el sostenimiento de la economía nacional.

“El río permite comercializar entre 20.000 y 25.000 toneladas de alimento al año en Colombia. Eso se representa en unos $60 mil millones de pesos, que además de hablar numéricamente de un estimado en el consumo de proteína animal, indica que en proporción también debe haber proyectos para devolver vida y cuidar el ecosistema”, indicó Alonso.

Fuente de pesca y diversidad: ¿hacía dónde va la cuenca?

La cuenca Magdalena-Cauca permite el 50% de la pesca continental en el país, pero los daños ambientales causados por diferentes industrias han hecho que actividades como la pesca artesanal disminuya y pierda identidad. Estos problemas fueron expuestos por Juan Carlos Alonso y Nancy Vargas, quienes aseveraron en conjunto que de no darse iniciativas que generen desarrollo entre las comunidades y el agua, se perderán cientos de oportunidades para nuevas transformaciones que le den al río una vida más sostenible en clave del bien del ecosistema y del desarrollo nacional.

Siendo reflexivo con las intervenciones de sus compañeros de panel, Germán Andrade pidió coherencia y conexión entre los deseos del Estado con las comunidades ribereñas. “La ambición real por el cuidado de esas aguas debe estar dirigida a cómo lograr al menos la mitad de las metas. No se pueden dar falsas promesas y debemos entender que nosotros como país además de ser el problema de la cuenca también debemos ser la solución”, dijo.

Los académicos que participaron en Macrocuenca Magdalena-Cauca: una mirada socioecológica de transformación y oportunidades saben que en las aguas de este sistema ya no se concentra tanta riqueza, sino también el riesgo de su desaparición, cuestión que expande los desafíos para cuidar el ecosistema y respetarlo como sujeto de un trato a la altura de los beneficios que le genera al país.

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