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Minambiente acepta la eutanasia en hipopótamos, pero inicia una carrera contra el tiempo

La expedición de un nuevo protocolo para aplicar eutanasia física y química de los hipopótamos en Colombia abre la posibilidad de controlar su población, cuatro años después de que fuera declarada como una especie exótica invasora. Ahora, la papa caliente está en manos de las corporaciones autónomas que deberán acelerar su trabajo y lograr obtener los recursos necesarios del Minambiente. Esto es lo que sigue.

Sergio Silva Numa

13 de abril de 2026 - 07:34 p. m.
Los hipopótamos pesan entre 2 y 3 toneladas y son muy territoriales.
Foto: EFE - Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia
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Cuatro años después de que Colombia declarara al hipopótamo como una especie invasora y dos años más tarde de haber expedido un “Plan de Manejo y Control”, el Ministerio de Ambiente tomó la decisión de autorizar que se les aplique la eutanasia a estos animales para intentar reducir su expansión por el país. El anuncio lo hizo ayer Irene Vélez, cabeza de esa cartera, en una breve rueda de prensa en la que reiteró que han agotado las opciones para afrontar ese problema, pero la situación no puede dar más espera.

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“Es inminente actuar ya para reducir la población. Es lo que la ciencia nos ha dicho para cuidar nuestros ecosistemas y nuestras especies nativas”, dijo.

Recordó que no hacer nada es poner en juego la salud de cuerpos de agua y los animales que hacen parte de la fauna colombiana, como el manatí. “Los hipopótamos no tienen depredador natural; no tienen un mecanismo natural de control. Los científicos ya nos han mostrado que la población podría crecer por encima de 500 individuos para el 2030 si no hacemos nada”, señaló luego.

A ese aumento, algunos investigadores lo llaman crecimiento exponencial. En 2023, Germán Jiménez, Coordinador de la Maestría en Restauración Ecológica de la Universidad Javeriana, publicó un artículo en la revista Scientific Reports (del grupo Nature) en el que indicaba, en el cálculo más conservador, que el crecimiento de la población podría ser del 9,6 % anual.

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Dicho de otro modo, con buenas condiciones del hábitat y sin depredadores, los hipopótamos se han sentido como “pez en el agua” en el Magdalena Medio, a donde llegaron desde África. Empezaron siendo cuatro individuos. Ayer Vélez indicó que ahora puede haber más de 200.

La ministra de Ambiente, Irene Vélez, en pueda de prensa, junto al director del Instituto Humboldt, Hernando García, y la directora de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, Natalia Ramírez.
Foto: EFE - Carlos Ortega

Por ese motivo es que, a través de la publicación de una circular, el Minambiente detalló cuál será el protocolo para controlar a estos mamíferos a través de eutanasia. Será un plan que deberán poner en marcha las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) de los territorios en donde hay presencia de hipopótamos. Es decir, Cornare (en las cuencas de los ríos Negro y Nare), CAS (en Santander), Corantioquia y Corpoboyacá.

La decisión fue bien recibida por la profesora Nataly Castelblanco, PhD en Ecología y Desarrollo Sustentable, y quien ha dedicado su vida como bióloga a estudiar mamíferos acuáticos y semiacuáticos. “Se demoraron mucho tiempo en tomarla, pero más vale tarde que nunca. No es una decisión fácil y puede tener un costo político. La tomaron después de intentar otras opciones que, como habíamos advertido, no iban a dar resultado”, dice a El Espectador.

A lo que se refiere es a que, como se lee en la circular, hubo varios intentos de tocar la puerta de países para que recibieran a los hipopótamos de Colombia. Ninguno, hasta el momento, los ha querido. Como explicó Vélez, por más que haya santuarios y zoológicos que levanten la mano, se requiere un permiso (CITES) tanto del gobierno que los manda como del receptor. “Nosotros lo podemos dar sin problema, pero, lastimosamente, no hemos recibido ninguna respuesta positiva. Ningún país ha dado concepto positivo”, señaló.

Para lograr esa translocación se han contactado con Perú, Chile y República Dominicana, pero aún no tienen una respuesta oficial. También con Ecuador, Uganda y Sudáfrica, pero no hay respuesta. Lo intentaron, además, con México, que les dijo que su legislación prohíbe la importación de especies exóticas invasoras; con Filipinas, que desistió de su idea debido a los altos costos de transportar a un animal de 2 o 3 toneladas; y con India, con el cual hay una gestión en curso.

Hipopótamos de la Isla del Silencio, en el Magdalena Medio.
Foto: Corpoboyacá

“El silencio administrativo nos indica que no hay interés en recibirlos”, agregó Vélez, para resaltar que han hecho lo posible, pues sabe que hay grupos a los que no les caerá nada bien esa noticia.

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La senadora animalista Andrea Padilla, por ejemplo, manifestó su disgusto, calificando la decisión de “facilista y cruel” y pidió “estudiar más opciones de translocación y avanzar con la esterilización quirúrgica y el confinamiento”.

Pero en la circular el Minambiente es claro que hasta han establecido contacto con la Asociación Mundial de Zoos y Acuarios (WAZA); de la ALPZA, que reúne a las instituciones zoológicas y de acuarios más influyentes en América Latina y de Animal Defenders International para enviarle individuos, pero no ha tenido éxito. Y, mientras tanto, la población continúa creciendo. Es, como lo dice una persona de una de las corporaciones autónomas ambientales (CAR), que prefiere no ser citada, una carrera contra el tiempo que atajaron demasiado tarde.

Y, ahora, quienes están al frente de esos equipos en las CAR, deben prepararse para una contrarreloj, pues tienen menos de un mes (hasta el 5 de mayo) para presentarle al Ministerio de Ambiente los proyectos para empezar ese proceso que anunció Irene Vélez y detallar cómo lo harán. De lo contrario, no podrán acceder a los COP 7.200 millones que dispuso esa cartera.

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Para el profesor Jiménez, de la Universidad Javeriana, eso es dejarle una “papa caliente” a otro actor “en medio del afán, de una tensión política y del cambio de gobierno”. Le incomoda que, después de tanto insistir, tomen una decisión a solo pocos meses de que el país elija un nuevo presidente.

¿A quién le tocará la “papa caliente”?

Hipopótamo captado por una cámara trampa de Corpoboyacá.
Foto: Cortesía Corpoboyacá

Para la profesora Castelblanco, darles a las CAR apenas 22 días para que le envíen sus proyectos al Minambiente también es un tiempo muy estrecho. Además, indica, son funcionarios que tienen muchas más ocupaciones para dedicarse de tiempo completo a esta tarea.

“Claro, ahora nos toca mover todo nuestro cronograma. Nos toca correr mucho; es un reto gigante. Yo hubiera preferido que esto pasara hace un año o dos y que nos dieran tiempo suficiente para formular los proyectos. Todos los equipos haremos todo lo posible, pero es complicado”, asegura uno de los integrantes del equipo de las CAR, que prefiere mantenerse en el anonimato para no generar tensiones.

Según el Minambiente, la idea de tener en su escritorio esos proyectos es adelantar la “gestión necesaria para su presentación ante las instancias correspondientes del Fondo para la Vida y la Biodiversidad”, de donde saldrá la plata. Luego, si todo marcha bien, se suscribirán los contratos una vez se acabe la Ley de Garantías.

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“El desembolso estará sujeto al cumplimiento de actividades, productos y resultados definidos, así como a las condiciones jurídicas establecidas”, explica esa cartera a El Espectador, y reitera que, ahora, su prioridad es “avanzar en un plan de choque que permita una implementación ágil de estas acciones, con el fin de reducir los riesgos que esta especie representa para los ecosistemas y las comunidades aledañas”.

Hipopótamo fotografiado cerca al río Magdalena.
Foto: Julián Rengifo

Sin embargo, las comunidades son el otro factor que le inquieta a Jiménez, de la U. Javeriana, pues no ve con claridad cómo están incluidas en esta nueva estrategia. Como ya hay poblaciones que han construido una economía en torno a los hipopótamos (a través del turismo o, incluso, de la venta de crías), cree que es necesario presentarles proyectos productivos que les permitan salir adelante y reemplazar ese sustento. “La papa caliente le va a quedar es al próximo gobierno”, afirma, aunque el Minambiente espera integrar al Mincomercio y “otras instituciones competentes para diversificar economías locales”.

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Si todo marcha como un reloj suizo, el Ministerio espera que en el segundo semestre del 2026 se le aplique eutanasia a 80 individuos. Puede ser química o física, dependiendo del ejemplar y de las condiciones en las que se haga el procedimiento. Lo que se busca en cualquier caso, como indica el Protocolo, es que se minimice y elimine el dolor, así como la ansiedad y la angustia antes de que el animal pierda la conciencia. Luego, el cadáver debe depositarse en una fosa de, al menos, 4 metros de profundidad y 10 metros de largo, y cubrirse con cal viva o carbonato de sodio.

Cualquiera que sea el procedimiento elegido por cada CAR, tanto Jiménez y Castelblanco esperan que el Ministerio de Ambiente les brinde el acompañamiento adecuado y la mejor capacitación, pues es muy diferente tratar con fauna nativa que con uno de los mamíferos más grandes del planeta.

Suponiendo que no haya contratiempos, la ministra Irene Vélez dijo que es posible que esos procedimientos empiecen a realizarse en las poblaciones cercanas a la Hacienda Nápoles y a la Isla del Silencio, una isla en medio del río Magdalena, frente a Puerto Boyacá. Allí se instalaron unos 15 o 20 individuos, que han hecho que Miguel Antonio Díaz, uno de sus habitantes, cargue con una pieza de pólvora en el bolsillo por si un día un hipopótamo se le acerca mucho.

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La pólvora que guarda Miguel Díaz en su bolsillo por si tiene algún encuentro con un hipopótamo.
Foto: Sergio Silva Numa

En una vereda cercana, llamada Estación Pita, un campesino llamado Luis Enrique Díaz Flórez no corrió con buena suerte cuando se encontró a uno en 2020. Entonces, lo mordió y lo pisoteó y, como quedó consignado en su historia médica, le causó traumas graves y fracturas en el tórax, el abdomen y sus extremidades. No pudo volver a trabajar como agricultor.

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Por Sergio Silva Numa

Editor de las secciones de ciencia, salud y ambiente de El Espectador. Hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos. También tiene una maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. Fue ganador del Premio de periodismo Simón Bolívar.@SergioSilva03ssilva@elespectador.com
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