2 Jul 2020 - 1:00 p. m.

Pescadores indígenas de la cuenca del río Caquetá registraron varias especies de peces amenazadas

En el estudio en el que participaron, el año pasado, lograron reportar 181 especies de peces y encontraron que los bagres, conocidos localmente como lechero y dorado, habían disminuido. Esta problemática afectaría el sustento y la biodiversidad de la región. El proyecto fue realizado junto a la fundación Tropenbos, con el apoyo de WWF.

Redacción Bibo

Durante años, la pesca ha sido la actividad que ha permitido la subsistencia de pobladores y comunidades indígenas en el Amazonas, una enseñanza que ha pasado de generación en generación. Desde hace más de cuarenta años, los bagres más grandes de la región se pescan en el Chorro de Córdoba, en Puerto Córdoba (Amazonas). Los bagres lechero y dorado, como son conocidos localmente, han sido el alimento y una de las fuentes de ingreso de la comunidad. Sin embargo, en los últimos años atrapar a uno de sus ejemplares se ha vuelto una odisea. ¿La razón? Su población ha disminuido y se encuentran en un alto estado de vulnerabilidad. (Lea: Exploradores forestales: los guardianes del bosque en la Amazonia colombiana)

A raíz de la reducción de los ejemplares de estas dos especies de bagre, los pobladores de Puerto Córdoba se han visto obligados a pescar otros peces más pequeños. Esta situación podría indicar el mal estado de las dos especies y el riesgo de su supervivencia, una problemática que afectaría el sustento de los pobladores y la biodiversidad de la región. De ahí que, en 2019, para conocer el estado de los peces de su territorio, y sobre todo el de las especies amenazadas con importancia económica, cultural y nutricional, científicos de la fundación Tropenbos Colombia y diez pescadores de la zona, con el apoyo de WWF, realizaron un monitoreo de los peces en la cuenca baja del río Caquetá.

La investigación “Los peces migradores del río Caquetá: conocimiento local e institucionalidad para su conservación” se dividió en dos partes. La primera fue un estudio local del monitoreo de pesca, en el que participaron diez pescadores y conocedores tradicionales. A través de registros diarios, los participantes reportaron 181 especies, reunieron datos de los monitoreos del clima, la temperatura máxima y mínima de la zona, la precipitación y cambios en el nivel del río, además de variables relevantes en las dinámicas de los peces, pues dependiendo del período hidrológico, estos se comportan diferente. “Con los registros se busca contribuir a la información de la diversidad de especies de consumo, así como a las áreas donde estas son capturadas”, señala la investigación.

De otro lado, como la pesca en muchos casos es selectiva y uno de los propósitos del monitoreo era observar las dinámicas de las especies migratorias durante la subienda, el equipo generó una metodología con base en esa premisa. Se asignaron categorías, del I al V, según la abundancia relativa de las especies observadas durante el día, y el grupo recolectó los registros de las zonas de pesca, del área que la comunidad utiliza en diferentes momentos del año y de las especies de peces que llegan allí actualmente.

Uno de los principales hallazgos del cruce de esta información fue la disminución de las poblaciones de los bagres lechero y dorado, que son de gran interés comercial en la región. “Los pocos registros de estas especies durante el proceso de monitoreo son reflejo del mal estado en el que se encuentran estas poblaciones en la actualidad. Se evidenció que sus poblaciones están en un alto estado de vulnerabilidad. Algunos pescadores manifestaron que cada vez es más normal que en faenas de pesca enfocadas a grandes bagres no se presenten capturas”, añade la investigación. (Puede leer: Buenas prácticas agrícolas en el sector bananero: otras formas de proteger el agua)

Ante la reducción de ejemplares, los pobladores se han enfocado en los pintadillos y el pejenegro, dos de las especies que más se explotan allí. Sin embargo, los expertos hicieron un llamado para promover estrategias sostenibles en las cuales no se ponga en peligro el uso del recurso y así poder garantizar la supervivencia de las especies y un buen aprovechamiento de las mismas en el futuro. “La caracterización de peces realizada en la primera fase del proyecto, con la información sobre cuánto se está pescando y cómo, es un insumo para crear un ordenamiento pesquero”, dijo a WWF Colombia Felipe Gast, biólogo de la fundación Tropenbos Colombia.

Con la necesidad de construir un proceso pedagógico en el que se socializaron los datos recogidos se desarrolló la segunda fase, que tuvo lugar en la escuela Amerú. “Desde las aulas quisimos aportar en el tema de conciencia sobre los recursos, porque consideramos que para conservar hay que conocer. Así que estamos aportando conocimiento sobre los peces que existen, en dónde están y qué podemos hacer para conservarlos”, añade el experto. Una de esas apuestas era implementar un diálogo de saberes entre el conocimiento científico y el conocimiento local y tradicional para desarrollar un proyecto como parte de la educación cultural.

El estado de la cultura, sin embargo, representó un desafío. Por ejemplo, los pobladores han perdido algunas costumbres, porque no tenían maloca (aunque ya la están terminando de construir) y han perdido el bilingüismo. Los docentes necesitaban más capacitaciones para continuar su proyecto educativo con mejores resultados. “Los profesores de la escuela son jóvenes y son de la misma comunidad. Entonces fortalecer sus capacidades es importante y ese conocimiento y los materiales pedagógicos que quedan en la escuela van a servir para la toma de decisiones de toda la comunidad”, cuenta a WWF Colombia Daniela van der Hammen, antropóloga de la fundación Tropenbos. (Le puede interesar: El oro en el Chocó está en su biodiversidad)

Una vez se identificaron estos retos en la implementación de la pedagogía, el grupo de investigación desarrolló una serie de herramientas para socializar la importancia de preservar esas dos especies de bagres. Los docentes escogieron temas como cocina, ciclos de reproducción de las especies, técnicas y épocas de pesca para trabajar con los niños de la escuela. Con estos instrumentos, compartieron los datos obtenidos durante el trabajo de campo y consiguieron que en la comunidad se fueran afianzando esos términos, que eran más técnicos.

El equipo de investigación, además, desarrolló materiales pedagógicos como una guía de peces, que incluye un análisis de las especies más importantes, plasmando los saberes de los pescadores locales y las estadísticas recopiladas durante el monitoreo. Pese al confinamiento por la pandemia del COVID-19, los expertos esperan que los profesores continúen el proceso de pedagogía con los materiales lúdicos y los registros del monitoreo en el aula, para seguir siendo un ejemplo de una estrategia útil de gobernanza sobre los recursos pesqueros y pedagogías lideradas por las comunidades.

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