Si los indígenas son clave para combatir el cambio climático, ¿por qué Colombia no escucha?

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A pesar de que los compromisos climáticos del país reconocen la importancia de los resguardos en la conservación de los bosques, las comunidades dicen que el gobierno no los involucra a la hora de crear políticas. Informes señalan que solo el 11% de los recursos destinados a la amazonia llegan a estos pueblos.

“Cultivar las chagras es un reto cada vez más difícil”. Las palabras son de José Wilter Rodríguez, indígena piapoco, del departamento de Guainía, quien recuerda cómo los calendarios ecológicos de las comunidades indígenas se han visto afectados por el cambio climático. Si antes, entre octubre y marzo era tiempo de siembra, ahora de repente llueve. En verano se inundan los ríos y, es tanta la fuerza con la que llega el agua, que hasta comunidades enteras que vivían en las riveras han desaparecido por la intensificación del clima. (Vea también: Indígenas piden que sean reconocidos como protectores de la Amazonía)

Un escenario similar describe Giorgina Bautista, indígena puinave del mismo departamento. “Las subidas de la temperatura han afectado directamente a nuestros abuelos y mayores en el trabajo en las chagras, por lo menos en el territorio de amazonia y Orinoquia”. A las 9 y 10 de la mañana el calor hace que sea imposible seguir cultivando y, cuando hay lluvias, el trayecto hasta las chagras se hace más arduo. “Es algo muy simbólico, porque ahí tenemos la seguridad alimentaria de nuestros pueblos”, comenta.

Aunque los impactos que el cambio climático tiene sobre la tierra son muchos, gran parte de estas consecuencias las empiezan a vivir con mayor intensidad los indígenas colombianos. Hablan de desplazamientos masivos, pérdida de biodiversidad, sequías y que sus sitios sagrados están en riesgo de desaparecer. Lo paradójico es que mientras sus testimonios son una muestra de que están siendo los principales afectados por este fenómeno, la evidencia científica también apunta a que son ellos quienes tienen las respuestas para combatir el cambio climático.

A finales de marzo de este año, durante una rueda de prensa, Julio Berdegué, representante regional de Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura – más conocida como FAO – dio unas declaraciones que resumen bastante bien el asunto. “Los pueblos indígenas y tribales y los bosques en sus territorios cumplen un papel vital en la acción climática global y regional, y en la lucha contra la pobreza, el hambre y la desnutrición. Sus territorios contienen alrededor de un tercio de todo el carbono almacenado en los bosques de América Latina y el Caribe y el 14% del carbono almacenado en los bosques tropicales de todo el mundo”.

No se trató de la primera vez que esta evidencia sale a la luz pública. A principios del año pasado, un estudio publicado en la revista Frontiers in Ecology and the Environment y realizado por la Universidad de Maryland, rastreó qué porcentaje de los bosques del mundo se mantenían bien conservados. Así identificó que el 36% de estos ecosistemas que siguen intactos hacen parte, precisamente, de territorios indígenas. La presencia de estas comunidades en sus territorios es clave para retener gran parte de las emisiones dentro de los bosques. (Le sugerimos: El aporte indígena a la economía es conservar los bosques)

Para ir a una escala más local, también se puede hablar del informe elaborado en el 2019 por la Red de Información Socioambiental (RAISG). A partir de un estudio que utilizó imágenes satelitales del Landsat de la NASA para investigar los bosques de la cuenca amazonia que integran varios países, los investigadores encontraron que mientras en los territorios indígenas (que abarcan el 52% de los bosques) solo había un 17% de deforestación, el 83% restante se concentró en baldíos y tierras privadas. Para contextualizar la idea, en Colombia el 58.5% del territorio es bosque y, de este, el 48.3% está en territorio indígena, según el DANE.

Estudios como los anteriores quizá hay cientos. De hecho, en el 2020, un artículo publicado en el Journal of Applied Ecology por la Universidad Rutgers de Nueva Jersey, Estados Unidos, fue más allá. Halló que los indicadores que usan las comunidades indígenas para monitorear los ecosistemas son herramientas supremamente útiles para entender los impactos del cambio climático. Como lo dice María Alejandra Aguilar, investigadora y coordinadora del área de Justicia Climática de la Asociación Ambiente y Sociedad, “incluso el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) afirma que las comunidades indígenas y su conocimiento tradicional es indispensable para promover medidas de mitigación y adaptación al cambio climático”.

Los indígenas colombianos no son ajenos a esta evidencia ni al rol fundamental que cumplen para liderar la lucha contra el cambio climático. Es algo natural, que está en ellos y que han hecho por siglos. “Los territorios que llaman baldíos, pero que para nosotros son ancestrales, sentimos que el Gobierno no ha hecho un buen trabajo para salvaguardarlos. En cambio, los ha acabado con deforestación, ganadería extensiva y permitiendo que ciertos actores les hagan daño”, asegura Rodríguez, quien también es coordinador de territorio de la Organización de Pueblos Indígenas de la Opiac. “Va a hacer uno una comparación y se da cuenta que, en cambio, los resguardos indígenas están muy sanos, bien conservados, y por eso se ha dicho que los pueblos indígenas somos los mejores conservando el mundo”.

Pero si los expertos lo saben, la ciencia lo afirma y los organismos internacionales lo reiteran constantemente, entre estas comunidades la percepción es que la evidencia ha sido más bien ignorada por el gobierno de Colombia. Cervantes Gómez Arcángel, indígena cubeo del Vaupés, lo ve de la siguiente forma: “Estamos haciendo un llamado para que los lineamientos sobre cambio climático que haga el gobierno se articulen con nosotros. Que se haga un reconocimiento a los pueblos que ancestralmente hemos cuidado de nuestros territorios y que seamos reconocidos a nivel de instituciones”.

En el mes de diciembre del año pasado el Gobierno de Duque, por medio del Ministerio de Ambiente, actualizó sus compromisos climáticos. En otras palabras, publicó cuál será su hoja de ruta de aquí al 2030 para disminuir sus emisiones de gases efecto invernadero y adaptarse al cambio climático, todo bajo la sombrilla del Acuerdo de París. Pero a pesar de que este compromiso, como lo señala Aguilar de Ambiente y Sociedad, “tiene un enfoque diferencial étnico y con comunidades vulnerables, en el que se reconoce que gran parte de los bosques naturales son manejados por comunidades étnicas y locales, y la importancia de los resguardos indígenas en la protección de los bosques”, los indígenas sienten que, hasta ahora, se trata de una afirmación que se quedó en el papel. (Le recomendamos leer: Compromisos climáticos de Colombia: ¿una meta que se puede lograr?)

Tanto Rodríguez, como Bautista y Arcángel, los tres de distintos pueblos, coinciden en lo mismo. A las comunidades indígenas no se les tienen en cuenta en la construcción de políticas relacionadas con el cambio climático. Se publican CONPES, decretos, leyes y circulares, muchas de estas relacionadas con la amazonia colombiana, donde viven 52 pueblos indígenas según la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana, y ellos nunca son consultados.

Y no es porque en Colombia no existan espacios de participación. Según Aguilar para discutir las políticas del cambio climático están los nueve nodos regionales de cambio climático, donde hay representantes de las etnias, así como los espacios de participación autónomos, como la Mesa Indígena Amazona Ambiental y de Cambio Climático (MIAACC). Pero, como ella misma lo señala, “aunque el Gobierno ha tomado unos pasos para reconocer el rol de los indígenas en la lucha del cambio climático, aún se queda corto en la medida de que muchas metas, incluida la reducción de la deforestación, no incluyen de forma directa las cosmovisiones indígenas”.

Mateo Estrada, asesor en tema ambiental y cambio climático de la coordinación general de la OPIAC, cree que a esta problemática se suma que los recursos, sobre todos los de la cooperación internacional, que, sienten, está más alineada con la protección de la amazonia, nunca llegan a las comunidades. “Hay 24 millones de hectáreas de tierras de resguardo y, casi todo, se trata de ecosistemas estratégicos”, comenta. “Pero no hay espacios donde tengamos participación desde el comienzo y en donde se puedan apropiar recursos”. Sus palabras van más allá que una opinión. De hecho, en el 2018 el informe titulado “Acorralados por las áreas protegidas” y coescrito por la ONG Rights and Resources Iniciative, señaló que de los US$1.070 millones que llegaron desde 43 entidades para proteger la Amazonia entre 2013 y 2015, sólo el 11 % fue invertido en comunidades indígenas y el 6 % en promover iniciativas para mejorar la vida de los pobladores locales. Eso explica, de alguna manera, por qué los programas para detener la deforestación son poco exitosos.

La evidencia es clara. Lo que quieren y piensan los indígenas de la amazonia colombiana también. Los espacios de dialogo están creados. Pero como lo dicen las mismas comunidades, lo que parece hacer falta es voluntad del gobierno para entender que los indígenas son una de las piezas claves para cumplir la ambiciosa meta de reducir la emisión de gases de efecto invernadero en un 51% para el 2030. Aún, algunos creen, hay un espacio de esperanza. En febrero de este año se publicó el proyecto de decreto que creará la Comisión Nacional Ambiental Indígena, un espacio donde se sentarán diferentes organizaciones indígenas en el país, el Ministerio de Ambiente, el Ministerio del Interior, el Ideam y Parques Nacionales Naturales para hablar, finalmente, como pares, de forma horizontal. (Le sugerimos leer: La comisión ambiental indígena que espera luz verde del Gobierno para arrancar)

*Este texto hace parte de una alianza entre El Espectador y la organización Asociación Ambiente y Sociedad.

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