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Off Campus: ¿por qué ya no queremos amores tóxicos ni vínculos confusos?

La serie abre una conversación sobre consentimiento, masculinidad sana y vínculos en los que la claridad también puede ser atractiva.

Kevin Stiven Ramírez Quintero

30 de mayo de 2026 - 02:00 p. m.
Garrett (Belmont Cameli) y Hannah (Ella Bright), protagonistas de Off Campus.
Foto: Liane Hentscher/Prime - Liane Hentscher/ Prime © AMAZON CONTENT SERVICES LLC
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Hay una razón por la que Off Campus no se quedó solo como otra serie para ver en un fin de semana. Sí, tiene romance universitario, deportes, música, protagonistas opuestos y una relación que empieza como un trato. Todo muy familiar hasta ahí, pero lo que terminó moviendo la conversación fue otra cosa: la forma en que la serie muestra el amor sin convertirlo todo en un caos.

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En redes sociales, la historia de Hannah Wells y Garrett Graham se volvió el tema más comentado de lo que hoy muchas personas esperan de un vínculo. Sin entrar en spoilers, Off Campus toca algo que va más allá de la química entre sus protagonistas: la diferencia entre una relación intensa y una relación que hace daño.

Hay atracción, tensión y conflicto, pero también aparecen conversaciones incómodas, consentimiento, cuidado, amistades como apoyo y personajes que todavía están aprendiendo a confiar, pedir perdón y entender lo que sienten.

Ahí está parte de su atractivo. Durante años, muchas historias de amor acostumbraron al público a leer los celos, el silencio o la confusión como señales de pasión. Esta serie no quita el drama, pero muestra que una relación también puede ser deseable cuando hay claridad.

Su éxito también se refleja en las cifras. Según datos de Amazon, Off Campus alcanzó 36 millones de espectadores en sus primeros 12 días y se ubicó como el tercer debut de serie más visto en la historia de Prime Video.

No todo conflicto vuelve tóxica una relación

Paola Díaz, psicóloga experta en salud mental para la infancia y la juventud de la Universidad Incca de Colombia, explica a El Espectador que las relaciones no saludables suelen estar marcadas por dependencia emocional, miedo al abandono, baja autoestima, necesidad constante de validación o dificultad para estar solos.

En algunas dinámicas, dice, aparece una persona que idealiza y gira alrededor de la otra, mientras la otra encuentra reconocimiento en esa necesidad afectiva.

“Es ahí donde se forman los roles que yo llamo de ‘admirador’ y ‘admirado’, donde uno idealiza y gira alrededor del otro, mientras el otro encuentra validación en esa necesidad afectiva”, explicó.

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La diferencia entre una relación sana y una no saludable no está en la ausencia total de problemas. Las relaciones sanas también tienen discusiones, desacuerdos y conversaciones difíciles. El punto está en cómo se manejan.

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Y esa es, precisamente, una de las razones por las que Off Campus ha generado conversación, pues el conflicto no se presenta desde el castigo emocional, sino desde personajes que intentan hablar, reparar o hacerse cargo de lo que sienten.

“En las relaciones sanas existen diferencias, discusiones y desacuerdos, pero ambas personas buscan resolverlos sin perjudicarse mutuamente. Hay respeto, comunicación y disposición para encontrar soluciones que beneficien a las dos partes. En cambio, en las relaciones no saludables aparecen conductas de manipulación, control, daño emocional o indiferencia frente al sufrimiento del otro”, dijo Díaz.

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Esa mirada coincide con la American Psychological Association (APA), organización científica especializada en psicología, que señala que la comunicación es fundamental en una relación sana. De hecho, los desacuerdos hacen parte de cualquier vínculo, pero gritar, criticar o evitar la conversación puede afectar negativamente la relación. Escuchar el punto de vista de la pareja y tratar de comprender sus sentimientos permite abordar los conflictos de una manera más constructiva.

En Off Campus, esa idea aparece sin convertirse en un discurso. La serie no presenta a sus personajes como modelos perfectos, sino como jóvenes que todavía están aprendiendo a relacionarse. Están en una etapa en la que el deseo, la inseguridad, la amistad, la ambición y la necesidad de validación se cruzan todo el tiempo. Pero allí también aparece algo que no siempre fue protagonista en las historias románticas juveniles: la posibilidad de hablar antes de destruir el vínculo.

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Díaz advierte, además, que las pantallas influyen en la forma en que imaginamos el amor. Series, películas y redes sociales pueden presentar vínculos intensos, idealizados, confusos o dañinos que terminan convirtiéndose en referentes sobre cómo “debería” verse una relación.

“El problema aparece cuando estos modelos se validan tanto que dificultan identificar señales de alerta en la vida real. Muchas personas terminan permaneciendo en vínculos poco saludables porque estas dinámicas conflictivas ya fueron previamente normalizadas a través del contenido que consumen”, explicó.

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Por eso el caso de Off Campus resulta interesante. Su atractivo no está solo en el romance universitario, sino en que vuelve deseables cosas como el consentimiento, la conversación, el cuidado, la amistad y una masculinidad que no necesita esconder la vulnerabilidad para seguir siendo atractiva.

Además, esta conversación aparece en un contexto marcado por el cansancio frente a las citas digitales. Una encuesta de Forbes, realizada a 1.000 estadounidenses que usaron aplicaciones de citas durante el último año, encontró que el 78 % reportó sentirse agotado emocional, mental o físicamente por estas plataformas.

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Entre las razones más mencionadas estuvieron la dificultad para conectar con alguien, la decepción, el rechazo y las conversaciones repetitivas. El 41 % dijo haber experimentado ghosting.

Para Díaz, algunas señales tempranas de una relación poco sana pueden aparecer desde las primeras conversaciones, aunque muchas veces se confunden con interés o química. Una de ellas es el control disfrazado de atención. Es decir, querer saber constantemente dónde está la otra persona, con quién habla, exigir respuestas inmediatas o molestarse cuando no contesta rápido.

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También menciona la intensidad acelerada, cuando alguien idealiza la relación muy pronto, habla de compromiso extremo en poco tiempo o hace sentir culpa cuando la otra persona necesita espacio. Otra señal está en los cambios bruscos de comunicación. Por ejemplo, pasar de mucho interés a indiferencia, desaparecer sin explicación o volver solo cuando siente que la otra persona se está alejando.

“Es una especie de ‘te quiero cerca, pero lejos’; es decir, te quiero conmigo, pero sin comprometerme realmente con el vínculo”, explicó Díaz.

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En una serie como Off Campus, donde el deseo es parte central de la historia, ese contraste importa. La atracción no desaparece, pero no se presenta como excusa para borrar límites, presionar o dejar a la otra persona en una incertidumbre permanente. La tensión existe, pero también existe la pregunta por lo que el otro quiere, siente y necesita.

A las red flags se suman los celos excesivos, la invalidación emocional, las críticas constantes, la necesidad de supervisar redes sociales o el aislamiento progresivo de amistades y espacios personales. El problema es que muchas de estas conductas pueden parecer pequeñas al comienzo, pero cuando se repiten afectan la autoestima, la estabilidad emocional y la forma en que una persona se relaciona consigo misma y con los demás.

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“Una relación saludable no se caracteriza por la ausencia de conflictos, sino por la posibilidad de sentirse tranquilo, respetado, escuchado y libre dentro del vínculo, sin miedo constante al abandono, al rechazo o al control”, dijo la psicóloga.

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Un buen amor también se nota

La conversación sobre relaciones ya no se queda solo en identificar “red flags”. También empieza a preguntarse por las señales de un vínculo claro, seguro y sano. Psychology Today plantea que, además de evitar señales de alerta, conviene reconocer las “green flags” de una relación: confianza, respeto por los límites, comunicación, regulación emocional, independencia, responsabilidad y colaboración.

One Love Foundation, organización dedicada a educar sobre relaciones sanas y no sanas, plantea algo similar, pues menciona que una relación saludable no significa una relación perfecta, sino un vínculo donde hay honestidad, respeto, amabilidad, confianza, independencia, igualdad, responsabilidad y capacidad de manejar los conflictos de forma sana.

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Ese enfoque ayuda a entender por qué Off Campus conecta con una audiencia joven. La serie no solo muestra una pareja atravesada por atracción y conflicto. También muestra personajes que tienen amigos, dudas, heridas, proyectos y una vida que no debería desaparecer por estar en una relación. En ese sentido, el romance no se presenta como una renuncia total a uno mismo, sino como una forma de aprender a compartir sin perderse.

Díaz lo explica desde gestos cotidianos. El buen trato, dice, se nota cuando las manifestaciones de afecto no buscan manipular ni esperar algo a cambio.

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“Si te regalo un chocolate porque sé que te gusta, no espero que me ‘recompenses’ haciendo algo que yo quiero”, explicó.

También aparece en la comunicación desde la empatía y el respeto. Si alguien invita a otra persona a salir y no puede, no quiere o tiene otro compromiso, una respuesta sana no debería partir de la presión, el juicio o la exigencia.

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“Un amor sano también permite que cada persona siga siendo ella misma dentro de la relación. No existe la necesidad de abandonar amistades, espacios personales, proyectos o gustos para demostrar amor. Por el contrario, hay confianza, tranquilidad emocional y libertad para compartir la vida con el otro sin sentir miedo constante al abandono, al rechazo o al control”, dijo Díaz.

Visto así, algunas señales de un vínculo más sano no siempre son espectaculares. A veces se notan en acciones simples:

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  • poder hablar sin miedo a una reacción desproporcionada;
  • respetar los tiempos y espacios personales;
  • no usar el silencio como castigo;
  • no convertir los detalles en deudas emocionales;
  • mantener amistades, proyectos y gustos propios;
  • tener coherencia entre lo que se dice y lo que se hace;
  • sentir tranquilidad, no vigilancia.

En Off Campus, esa idea también aparece en las amistades. La serie no solo mira la pareja. También muestra vínculos donde los personajes se aconsejan, se acompañan y procesan lo que sienten. En especial, resulta significativo que las amistades masculinas no estén construidas únicamente desde la burla o la competencia, sino también desde cierta capacidad de cuidado.

Ese punto se conecta con otra conversación: la masculinidad. En la serie, los personajes masculinos pueden desear, competir, equivocarse y bromear, pero también pueden disculparse, escuchar y mostrarse emocionalmente disponibles. El cuidado y la empatía no aparecen como una debilidad ni como una amenaza a su masculinidad. Al contrario, hacen parte de su atractivo.

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El psicólogo clínico Isaiah Pickens plantea en Psychology Today que la vulnerabilidad emocional es un elemento fundamental en una relación sana y duradera, y propone replantear la masculinidad para incluir apertura emocional, disponibilidad y capacidad de responder a las necesidades de la pareja.

Esa lectura ayuda a entender por qué importa que una serie popular muestre hombres que pueden hablar y cuidar sin que eso los vuelva menos deseables.

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Por supuesto, Off Campus sigue siendo ficción. No se trata de buscar una pareja como en una pantalla ni de creer que una historia televisiva resuelve las contradicciones del amor real. Díaz advierte que las representaciones audiovisuales pueden construir expectativas difíciles de alcanzar y que, cuando se idealizan demasiado, también pueden generar frustración o insatisfacción.

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Pero el fenómeno sí permite leer algo de la época. Después de años de romantizar vínculos confusos, muchas personas parecen estar menos dispuestas a llamar pasión a cualquier forma de daño. La intensidad sigue importando. La química también. El deseo, por supuesto. Pero cada vez pesan más otras preguntas: ¿esa relación me permite estar tranquilo?, ¿me escucha?, ¿me respeta?, ¿me deja seguir siendo yo?

“Hay una frase que uso mucho en consulta, especialmente con pacientes jóvenes y adolescentes: ‘las relaciones sanas se basan en acuerdos, donde todos se benefician’. No se trata de que uno gane y el otro pierda, sino de construir un vínculo donde ambas personas puedan sentirse escuchadas, respetadas y tranquilas”, explicó Díaz.

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Al final, querer un amor menos tóxico no significa pedir una relación sin problemas, sin deseo o sin intensidad. Significa dejar de confundir el daño con profundidad. Significa entender que el cuidado también puede ser atractivo, que el consentimiento también hace parte del deseo y que la masculinidad no se rompe cuando aparece la vulnerabilidad.

“Un buen amor es aquel donde puedo sentirme tranquilo, escuchado, validado y seguro emocionalmente. Puedo seguir siendo yo, continuar con mi vida y mis espacios. Y decido compartirla contigo desde la libertad, la empatía y la tranquilidad, y no desde la necesidad o el miedo a perderte”, concluyó Díaz.

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Por Kevin Stiven Ramírez Quintero

Formado en la Pontificia Universidad Javeriana. Interesado en temas musicales, deportivos, culturales, turísticos, gastronómicos y tecnológicos. Le gusta realizar crónicas, trabajar temas en tendencias SEO y la cobertura de eventos en vivo de alcance internacional. Ganador del Premio Simón Bolívar en 2021.@kevins_ramirezkramirez@elespectador.com

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