Hay personas que desean cercanía, compañía y afecto, pero, cuando una relación empieza a tomar forma, sienten ansiedad, necesidad de tomar distancia, incomodidad con la intimidad o, en algunos casos, el impulso de huir antes de que el vínculo se vuelva demasiado real. A eso suele llamársele filofobia, un término que se usa para describir el miedo a enamorarse.
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Según la plataforma de salud mental Selia, la filofobia se manifiesta como un miedo intenso a establecer vínculos amorosos y puede llevar a evitar relaciones o sabotearlas de manera inconsciente.
A diferencia de quien decide libremente estar soltero, aquí suele haber un conflicto interno: sí existe deseo de afecto, pero también un bloqueo frente a la posibilidad de conseguirlo.
Señales de filofobia
La filofobia no siempre se ve igual. A veces aparece como evitación. Otras veces con conductas más ambiguas, como vínculos sin nombre, rupturas abruptas, ansiedad constante dentro de la relación o necesidad de tomar distancia cuando la otra persona empieza a importar demasiado.
Entre las manifestaciones más frecuentes están la ansiedad anticipatoria, los pensamientos catastróficos y el llamado “autosabotaje romántico”. Puede verse, por ejemplo, en alguien que se distancia de forma abrupta apenas la relación empieza a ponerse seria, empieza a fijarse solo en los defectos de la otra persona o se aferra a la idea de que la soltería es la única forma de sentirse a salvo.
El centro médico académico Cleveland Clinic agrega que ese miedo también puede expresarse en síntomas físicos, como mareo, boca seca, náuseas, sudoración, respiración acelerada, temblor o dificultad para respirar.
Además, entre las señales emocionales y conductuales, menciona la incapacidad de sostener relaciones íntimas, la ansiedad extrema dentro del vínculo, el miedo a la pareja o a sus emociones y la tendencia a terminar relaciones de forma abrupta.
El psicólogo Jonathan García-Allen explica en Psicología y Mente que también son personas que hablan poco de sí mismas, evitan mostrarse como son, levantan una “barrera infranqueable” para no sentirse vulnerables y viven sus relaciones como una montaña rusa de emociones.
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¿De dónde puede venir ese miedo?
No hay una sola causa. La psicóloga Andrea Foruria Domínguez plantea en el portal especializado Psicoglobal que este miedo puede funcionar como un mecanismo de defensa frente a un dolor previo que la persona no quiere volver a vivir. Entre las causas que menciona están:
- malas experiencias amorosas,
- traumas afectivos,
- miedo a la vulnerabilidad,
- baja autoestima,
- miedo al rechazo o al fracaso.
En esa misma línea, el miedo a enamorarse puede estar relacionado con divorcios conflictivos, abandono, maltrato, rechazo repetido, infidelidad o pérdidas importantes en la infancia o en la adultez, como coincide Cleveland Clinic. También menciona presiones culturales o religiosas y experiencias ligadas a la falta de atención, amor o validación.
También pueden existir antecedentes de apego inseguro, miedo a la pérdida y modelos aprendidos en los que el amor se asocia con sacrificio, dolor o pérdida de libertad, según el portal Selia.
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La doctora en Ciencias Humanas Lusmenia Garrido-Rojas, autora de un artículo publicado en la Revista Latinoamericana de Psicología, explica que las experiencias tempranas con las figuras de apego influyen en la capacidad posterior de establecer vínculos afectivos, porque de ahí se forman expectativas sobre uno mismo y sobre los demás.
Garrido-Rojas explica, por ejemplo, que en el apego evitativo puede aparecer una preferencia por la distancia emocional, una autosuficiencia compulsiva y una tendencia a minimizar o no reconocer del todo el malestar afectivo.
Esa idea ayuda a entender por qué, en algunos casos, el problema no es la falta de interés por el amor, sino la dificultad para tolerar lo que el amor puede activar: el miedo al abandono, la exposición emocional, la dependencia o los recuerdos de rechazo.
Y ojo, aunque el término circula cada vez más en conversaciones sobre vínculos, no siempre se usa con precisión. La filofobia no está reconocida como un diagnóstico clínico independiente en el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), pero se ubica dentro del campo de los trastornos de ansiedad, según el portal Selia.
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Se puede trabajar
Cleveland Clinic señala que la terapia cognitivo-conductual puede ayudar a reconocer los pensamientos y comportamientos que alimentan ese miedo, mientras que la exposición gradual puede servir para acercarse poco a poco a situaciones asociadas con dar y recibir amor.
También es importante identificar de dónde viene ese miedo, poner en palabras lo que se siente, vivir más en el presente y comunicar mejor lo que pasa dentro de una nueva relación, como señala Psicoglobal.
Al final, hablar de filofobia, entonces, no es hablar de personas frías o incapaces de amar. Es hablar de personas para quienes el amor, en vez de vivirse como refugio o posibilidad, puede sentirse como amenaza. Entender de dónde viene ese miedo puede ser el primer paso para dejar de repetir patrones que lastiman.
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