Es cierto que hoy en día el placer ya no se concibe únicamente como algo que se alcanza en pareja. Gracias a distintas luchas y a la visibilización de la diversidad, hemos ido desmontando el tabú y reconociendo que también puede ser propio: que tenemos derecho a nombrar lo que ocurre en nuestro cuerpo, a explorarlo y a entenderlo.
Aunque suele confundirse con la masturbación, hoy hablaremos del autoerotismo, que ese un concepto más amplio y no se reduce simplemente al acto físico. En realidad, tiene que ver más con el autoconocimiento y otra forma de priorizar la salud sexual y las emociones. Esto es, básicamente, la obtención de placer a través de los sentidos, de la imaginación y de la relación que cada persona construye con su propio cuerpo.
¿Por qué limitar la experiencia a una práctica puntual y quedarse corto? El placer propio también puede aparecer a través de los recuerdos, de escenarios ficticios, de la música, de los juegos, de la lectura erótica o incluso de los sueños.
María Teresa Giorgio, psicoterapeuta y autora del artículo Masturbación: beneficios y falsos mitos del autoerotismo, publicado en la plataforma de salud mental UnoBravo, explica que Sigmund Freud utilizó el concepto de autoerotismo para referirse incluso al placer infantil, desligándolo de una connotación estrictamente sexual. El ejemplo era la succión del pulgar en los bebés como forma de placer corporal. Y no, no es para nada algo sexualizado, simplemente que esta acción contribuye en su proceso de regulación emocional.
¿Y las ventajas?
Además de la sensación de descarga, de la liberación de tensión y de lo placentero del acto, entre los beneficios más señalados del autoerotismo se encuentran la reducción del estrés, la mejora del estado de ánimo y, en algunos casos, el alivio del dolor físico, como ocurre con la dismenorrea en algunas mujeres.
También es importante aclarar que el término no es reciente, como podría pensarse. Según esta fuente, fue popularizado a finales del siglo XIX por el sexólogo británico Havelock Ellis, quien lo definió como una experiencia de excitación o emoción sexual que se produce sin la intervención directa o indirecta de otra persona.
¿Y qué pasa en el cuerpo? Durante estas prácticas se liberan sustancias como la dopamina y la oxitocina, asociadas al placer y al bienestar, lo que ayuda a explicar la sensación de relajación o plenitud que muchas personas experimentan.
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Aun así, el autoerotismo sigue rodeado de mitos. Sabemos que se trata de una práctica común y saludable, pero persisten prejuicios morales, religiosos y sociales que la señalan como inapropiada. Incluso, hay gente que todavía lo denomina como algo “pecaminoso”, ignorando los avances a nivel científico, por ejemplo.
Desde la psicología, la masturbación -que, como bien dijimos, es una de las muestras del autoerotismo, pero no la única- suele asociarse al amor propio y al reconocimiento del cuerpo. Pese a lo que se cree, no hay evidencia de que afecte la fertilidad, debilite el sistema inmune o reduzca la testosterona. Son ideas que se han transmitido culturalmente y que poco tienen que ver con lo que muestra la evidencia.
Eso sí, como cualquier conducta placentera, puede convertirse en un problema cuando deja de ser algo esporádico y empieza a interferir en las relaciones o el bienestar emocional, sobre todo si aparece la dependencia o el uso compulsivo. Recuerde detectar esto como una señal de alerta y buscar acompañamiento profesional.
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