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Con el paso del tiempo, y a medida que cambian las generaciones y las formas de hablar sobre lo que vivimos, aparecen términos que a algunos les resultan extraños o incluso innecesarios. Sin embargo, muchas de esas palabras no nombran algo nuevo, sino situaciones que siempre existieron, que antes se llamaban de otra manera o de las que simplemente no se hablaba.
Por eso, hoy es el turno del concepto situationships que, traducido al español —específicamente en nuestra jerga colombiana— quiere decir “casi algo”. Una relación en la que ambos se ven, hablan a diario, tienen citas, se acompañan y actúan como novios. Pero, cuando aparece la pregunta de qué son, nadie responde.
El problema de estos vínculos no es realmente que no tengan una etiqueta, sino que se siga adelante y que esté esa falta de conversaciones claras para aclarar expectativas o límites. Sí, nos referimos a esa charla: la del famoso “¿qué somos?“.
La asimetría de estas relaciones
La falta de claridad abre una serie de preguntas: qué se puede esperar, qué lugar ocupa cada uno, qué es válido sentir o pedir dentro del vínculo, si hay exclusividad o no. Esto, incluso si la dinámica nunca se presentó como “algo serio”.
Generalmente, una persona necesita entender qué está pasando y la otra prefiere no definir nada al respecto. Pero, aunque es cierto que sucede la mayoría de las veces, no siempre se trata de manipulación o desinterés; puede haber miedo a poner límites o dificultad para asumir responsabilidades emocionales.
En lugar de responder esas preguntas, muchas veces se evita la conversación o se corta con frases que cierran el tema sin aclararlo. Por ejemplo: “definir es limitar”, “no tenemos nombre, pero así estamos bien”, “luego lo hablamos”, “no somos nada, pero podemos seguir funcionando”, etcétera.
Entonces, en el lenguaje de las redes sociales, podríamos resumir la confusión así. Acá nuestra traducción (sin el lenguaje explícito): “Si no me quieres, no actúes como si sí lo hicieras”.
Por eso, las respuestas ambiguas y el hecho de extender la dinámica, lejos de disipar esos pensamientos rumiantes, provocan más dolor y sensaciones de ansiedad. Porque el tiempo, los encuentros, la intimidad y el vínculo en sí siguen existiendo, aunque no tenga nombre. Para quien se involucra más, la indefinición suele generar un gran desgaste, inseguridades y estar esperando algo que no va a pasar aunque se esfuerce.
En la práctica, esto es un vínculo desigual. Uno de los dos puede asumir que hay algo más serio, organizar su rutina y su tiempo en función del otro, adaptarse o bajar sus expectativas para no incomodar y seguir manteniendo lo que sea que haya. Y el otro, en cambio, puede sentirse cómodo con esa idea gaseosa, sin entender el impacto que eso tiene.
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¿Por qué siguen funcionando los casi algo?
En muchos casos, las situationships se sostienen y se alargan porque nadie quiere ser quien haga la pregunta incómoda. Definir qué pasa implica arriesgarse a una respuesta que quizá no guste, y dejar todo en el aire parece menos riesgoso, aunque no lo sea para ambas personas.
Desde la psicología se insiste en que la solución siempre es hablar. Decir qué se espera, qué se puede ofrecer y qué no, permite evitar malentendidos, confusiones. Y, sobre todo, que si decide cortarse el vínculo, se haga por completo y de manera saludable.
Realmente, solo puede funcionar cuando ambos entienden y aceptan al 100% el tipo de relación que tienen. No con presiones, no con chantajes.
Para muchos, el atractivo de las relaciones sin un título claro, además de aludir a la época en la que vivimos y le huimos a los compromisos, es que distintas experiencias parecen, automáticamente, más llamativas. Las relaciones sexuales sin compromiso provocan más adrenalina, la comodidad de lo inestable permite acercarse, mostrarse cariñoso y después desaparecer sin dar demasiadas explicaciones. Da, indiscutiblemente, margen para cambiar de actitud, ver a otras personas y disfrutar, pero sin asumir responsabilidades.
Si usted siente que está en una dinámica de casi algo que le sigue generando heridas o que no logra cortar del todo, la ayuda psicológica revisa y trabaja esa dependencia emocional y el lugar que está ocupando en el vínculo. Recuerde priorizar su estabilidad mental por encima de cualquier relación.
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