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¿Salir con alguien “menos atractivo” para no sufrir? La incómoda verdad del ‘shrekking’

Entrar a una relación desde el control o la idea de hacerle un favor al otro revela cómo el miedo al rechazo puede distorsionar la forma de querer.

Kevin Stiven Ramírez Quintero

29 de mayo de 2026 - 02:00 p. m.
El shrekking muestra cómo algunas citas empiezan desde el cálculo y no desde la curiosidad, el deseo o el respeto mutuo.
Foto: Cortesía: Dreamworks
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Entre chats aburridos, citas que prometen mucho y no llegan a nada, vínculos ambiguos y decepciones que se repiten, internet encontró otra palabra para nombrar una vieja jugada amorosa: shrekking. El término se usa para hablar de quienes salen con alguien que no es de “su tipo”, que no les atrae tanto o que consideran “por debajo de sus estándares”, convencidos de que así tendrán más control, menos riesgo de sufrir o mejor trato.

El golpe llega cuando esa supuesta ventaja no sirve de nada. La otra persona también puede rechazar, herir, desaparecer o no querer como se esperaba. Entonces aparece la otra parte del fenómeno: ser “shrekked”, es decir, terminar lastimado por alguien a quien se subestimó desde el comienzo.

El nombre viene de Shrek, el ogro verde de la exitosa película animada de DreamWorks, pero el término no habla realmente de él. Habla de una idea bastante incómoda como elegir a alguien a quien se percibe como menos atractivo o menos deseable bajo la expectativa de que esa persona va a esforzarse más, va a valorar más la relación o va a tratar mejor.

De acuerdo con The Attachment Project, plataforma especializada en educación sobre apego y relaciones, la clave está en la intención. No es lo mismo abrirse a conocer a alguien distinto al tipo habitual que entrar a una relación creyendo que se tiene una ventaja sobre la otra persona.

En un artículo publicado en Psychology Today, medio especializado en psicología y comportamiento, el doctor en Medicina Bruce Y. Lee también hace esa distinción. El shrekking no consiste en ceder, darse la oportunidad de conocer a alguien con calma o mirar más allá de lo superficial, sino en salir deliberadamente con alguien considerado de “menor estatus” para tener más control dentro de la relación.

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El problema no es Shrek, es la idea de estar “por encima”

La trampa del shrekking está en asumir que las citas funcionan como una tabla de posiciones. Arriba estarían los más atractivos, exitosos o deseados; abajo, quienes supuestamente deberían sentirse agradecidos por recibir una oportunidad. Esa lógica convierte la relación en una negociación de poder antes que en un vínculo.

La revista Cosmopolitan explica que el término se apoya en una especie de jerarquía del mundo de las citas, donde el valor de una persona se mide por factores como apariencia, edad, ingresos u otros rasgos superficiales. El problema no es reconocer que la atracción existe. El problema es creer que esos factores permiten calcular quién merece más, quién debe esforzarse más o quién tiene menos derecho a irse.

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No se trata de salir o no con alguien que no encaja en un ideal físico. Muchas relaciones empiezan sin una atracción inmediata y crecen por la conversación, el humor, la complicidad o la forma en que alguien se hace presente.

El shrekking es otra cosa. Es acercarse desde el cálculo: “si no es tan deseado, no me va a dejar”; “si no tiene tantas opciones, me va a cuidar más”; “si yo soy más atractivo, tengo el control”.

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Cuando la inseguridad se disfraza de estrategia

The Attachment Project relaciona este comportamiento con miedos frecuentes en las relaciones: miedo a la soltería, miedo a ser maltratado o inseguridad en los vínculos de pareja. Desde esa lectura, el shrekking no nace solo de la vanidad. También puede aparecer como una forma torpe de protegerse.

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Una persona con miedo al abandono podría pensar que salir con alguien “menos deseable” reduce el riesgo de que la dejen. Alguien más evitativo podría usar esa supuesta diferencia para mantener distancia emocional. Y quien desconfía de los demás podría entrar al vínculo esperando menos, pero también entregando menos.

Además, se abre espacio para cuestionar la idea de que todos saben exactamente dónde están ubicados en esa supuesta jerarquía de citas. En realidad, cada persona valora cosas distintas. Para alguien puede pesar más la apariencia, mientras que para otra persona, la conversación, la estabilidad, el deseo, la ternura, los valores o la forma de resolver un conflicto.

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Además, la percepción cambia con el tiempo. Lo que al comienzo parece decisivo puede perder peso cuando aparecen la convivencia, la confianza o la incompatibilidad.

Por eso, el shrekking puede fallar desde el primer minuto. Si alguien entra a una cita creyendo que está haciendo una concesión, esa actitud termina diciendo todo. Puede aparecer en pequeños gestos como menos esfuerzo, menos admiración, menos curiosidad, menos cuidado. Y del otro lado también puede haber resentimiento, distancia o una respuesta igual de fría.

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Algunas señales de esa lógica son claras:

  • Elegir a alguien porque se cree que “no va a tener más opciones”.
  • Pensar que la otra persona debería sentirse agradecida.
  • Confundir tranquilidad con control.
  • Salir con alguien que no gusta realmente solo para evitar sufrir.
  • Medir el valor de una pareja casi únicamente por su atractivo.

Al final, el shrekking dice menos sobre la persona elegida y más sobre quien cree que elegir “hacia abajo” lo protegerá. Porque una relación no mejora porque alguien parezca tener menos opciones. Mejora cuando hay trato, deseo, respeto y una percepción más equilibrada del vínculo.

Y ahí aparece la pregunta incómoda: ¿quién es el verdadero ogro?

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Por Kevin Stiven Ramírez Quintero

Formado en la Pontificia Universidad Javeriana. Interesado en temas musicales, deportivos, culturales, turísticos, gastronómicos y tecnológicos. Le gusta realizar crónicas, trabajar temas en tendencias SEO y la cobertura de eventos en vivo de alcance internacional. Ganador del Premio Simón Bolívar en 2021.@kevins_ramirezkramirez@elespectador.com

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