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El corredor de la Calle 13 no es solo una vía de tránsito; es el corazón del movimiento de carga de Bogotá. Sin embargo, su complejidad geográfica y el flujo constante de mercancías lo han convertido en un punto complejo de seguridad con alta presencia de delincuencia organizada. Para enfrentar este panorama, el Distrito puso en marcha una estrategia de movilidad y vigilancia que tiene como pieza central la puesta en funcionamiento del nuevo CAI Calle 13 en Fontibón y una masiva renovación de equipos de persecución e inteligencia.
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La gran apuesta para blindar este sector radica en la movilidad. Se han incorporado 135 motocicletas no uniformadas, diseñadas para que los grupos de inteligencia (Sijin, Sipol) y el Gaula puedan atnder casos de alta complejidad con la rapidez que se requiere. Esta flota tiene un objetivo claro: desarticular las redes de extorsión que presionan a los comerciantes del sector y frenar el hurto a transportadores en la salida occidental de la ciudad.
Más vigilancia y despliegue por cuadrantes
La operatividad del nuevo CAI Calle 13 no se limitará a un punto fijo. Con 17 uniformados dedicados exclusivamente a este puesto, se cubrirán tres zonas de atención que incluyen barrios como La Alameda, El Recodo y Puente Grande. Así las cosas, se espera que el refuerzo vehicular permita una presencia más constante en los 14 barrios de su jurisdicción y reduzca drásticamente los tiempos de respuesta ante emergencias reportadas a través de la línea 123.
El despliegue también alcanzó a la localidad de Teusaquillo, que recibió un vehículo tipo panel y nueve motocicletas uniformadas adicionales. Estos equipos están destinados a patrullar cuadrantes que anteriormente presentaban dificultades de acceso o tiempos de espera prolongados, garantizando que la vigilancia llegue a cada esquina de la localidad.
El reto de una zona estratégica
Reforzar la seguridad en Fontibón es una necesidad apremiante debido a su naturaleza mixta: residencial e industrial. La combinación de patrullas visibles y unidades de inteligencia encubierta busca crear un entorno en el que el ciudadano se sienta acompañado y el delincuente se sienta vigilado.
Con esta nueva dotación tecnológica y vehicular, la administración local espera estabilizar los índices de convivencia en el occidente, asegurando que la Calle 13 deje de ser un punto de vulnerabilidad para convertirse en un corredor seguro para el comercio y los habitantes de la zona.
Sin embargo, para los habitantes y transportadores de la zona, el reto de la seguridad en la Calle 13 va más allá de la presencia de uniformados y nuevas motocicletas. Expertos en seguridad urbana advierten que, mientras el corredor industrial mantenga sus históricos problemas de congestión y falta de iluminación en tramos críticos, la velocidad de respuesta policial seguirá viéndose limitada por el mismo tráfico que intentan proteger.
Además, queda en el aire la duda sobre la sostenibilidad de este despliegue: en una ciudad donde el déficit de policías supera los 9.000 efectivos, concentrar esfuerzos en un punto neurálgico como Fontibón suele implicar el descuido de zonas periféricas, facilitando que el crimen, más que desaparcer, se traslade a otros puntos de la ciudad.
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