A la calle 12 D con carrera primera, en la localidad de La Candelaria, llega desde Bosa Margarita Tovar a dejar una caja con elementos de aseo y alimentos no perecederos, que preparó para los damnificados del terremoto con su comunidad. La entrega en la Casa Proceso de Comunidades Negras, organización lleva 30 años velando por los derechos, identidad y justicia racial. Tras hacerlo se derrumba en lágrimas. Karen Apomzá Sinisterra, de 26 años y quien coordina la recepción y envíos de las ayudas, la envuelve en un abrazo.
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Al mismo tiempo, a las afueras del estadio El Campín hay una larga fila de personas, con las manos vacías, pero llenas buenas intenciones. Se trata de voluntarias, que se suman a la tarea de organizar las ayudas que van llegando al parqueadero del recinto deportivo, uno de los mayores centro de acopio de la ciudad. Entre carpas, hilas humanas y un poco de desorden, ellas (la mayoría son mujeres) cargan bultos o forman cadenas humanas para mover los artículos al punto donde los alistan para el envío. De vez en cuando se escuchan aplausos, al terminar de descargar un camión.
Hay personas de todas partes, muchas vistiendo camisetas de la Selección Colombia. Están Laura, Luz y Alejandra que, por ejemplo, salieron de la universidad directo al recinto; empresas enteras, que se tomaron el día para aportar; organizaciones religiosas, y hasta un grupo de asiáticos, que se sumaron a una de las movilizaciones más grandes de los últimos tiempos en el país. Este jueves, incluso, se vio cargando bultos a la medallista olímpica Kaherine Ibarguen.
Así se vive la solidaridad en la capital, con la que se espera mitigar en algo la tragedia que sufren otros a más de 400 kilómetros de distancia. Y la ayuda ha sido grande: equipos de rescate, hospitales de campaña y, ahora, una ola de ayudas ciudadanas. Más de 158 toneladas de alimentos no perecederos, medicamentos y otros elementos como colchonetas, almohadas, cobijas y ropa se han enviado desde la capital, dijo la Secretaría de Gobierno. En la noche del 12 de agosto salieron cinco camiones desde el Palacio de Los Deportes, puntos que se enfoca en ayudas para la gente del Chocó.
En la calle 80, en el Minuto de Dios, también trabajan cientos de mujeres clasificando, remendando, lavando ropa que emprenderán el mismo viaje, mientras que organizaciones como el Proceso de Comunidades Negras (PCN), de La Candelaria, sirve como enlace central en acopio de elementos para las comunidades negras e indígenas afectadas. Karen Apomzá explica que, si bien la idea inicial era recibir donaciones, la convocatoria se desbordó: “unas 18.000 personas vieron la publicación y organizaciones, colectivos, estudiantes y ciudadanos comenzaron a llevar ayudas”.
El centro recibirá donaciones hasta mañana a las 8:00 p. m. y luego se organizarán mercados y kits para enviarlos al pacífico colombiano. Eso sí, Chocó es la prioridad, donde existe articulación con cuatro organizaciones para distribuir las ayudas, entre ellas Acadesan, uno de los consejos comunitarios más grandes del país, que ayudará a redistribuirlas hacia municipios y comunidades con mayores dificultades de acceso y comunicación.
“Somos un punto cardinal de las comunidades en Bogotá, fuera de la institución. Los jóvenes de las universidades han participado mucho. A las afueras de Los Andes una muchacha armó una mesa de colecta y al final del día trae lo recolectado”, agregó Karen.
¿A dónde van las ayudas?
Lina Lozada, subsecretaria de Gobernabilidad y Garantía de Derechos de la Secretaría de Gobierno, explicó que el Distrito habilitó en el Palacio de los Deportes un punto de acopio exclusivo para recibir ayudas destinadas al Chocó, tras una reunión del alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, con la gobernadora Lina Córdoba. En su primera jornada, el lugar recolectó cerca de 58 toneladas y permitió despachar cinco camiones hacia ese departamento. Además, la Nación dispuso de un avión Hércules para transportar alimentos y otros elementos prioritarios.
Lozada destacó que el Distrito está atendiendo a comunidades étnicas afectadas y hace seguimiento a unas 140 familias indígenas afectadas, principalmente en Risaralda, para gestionar ayudas con enfoque diferencial. El punto de acopio estará abierto, en principio, hasta el lunes festivo, de 8:00 a. m. a 8:00 p. m., aunque podría prolongarse según las necesidades. “La emergencia no es una semana. La emergencia hasta ahora empieza”, advierte, al señalar que el proceso de reconstrucción y recuperación será mucho más largo.
No obstante, muchos se preguntan si las ayudas llegan efectivamente a su destino. Desde Quibdó, Miguel Guerra, habitante y chef de la capital del Chocó (ahora voluntario en medio del desastre) señaló a este diario que han llegado numerosas donaciones, principalmente de empresas y de la sociedad civil. Sin embargo, advirtió que existe desorden en la recepción y distribución, porque no hay suficiente comunicación entre alcaldías, gobernaciones, organismos y quienes están coordinando las donaciones. “Escucho mucha gente diciendo: ‘Vamos para el aeropuerto a descargar una ayuda’; ‘vamos para tal lado a descargar otra ayuda’, pero al final nadie sabe para dónde van la mayoría de esos productos”, señala.
A esto se suma la dificultad para comunicarse con varias comunidades afectadas. “Hay pueblos y caseríos que llevan varios días sin energía y sin acceso adecuado a redes de telefonía celular. No se sabe absolutamente nada sobre lo que está ocurriendo en algunos de esos lugares”.
¿Qué se necesita más?
Entre las ayudas que más se requieren están colchonetas y otros elementos de abrigo, medicamentos, ropa y enseres de cocina. No obstante, señala Lozada, a la necesidad de alimentos, agua potable, elementos de aseo, ropa y artículos para pasar la noche, se tiene que una de las principales prioridades son los materiales de construcción. “En el Chocó ya terminó la etapa de rescate y comienza la reconstrucción, por lo que estamos recibiendo cemento, ladrillos, baldosas, puertas, picas y otros elementos como carpas, impermeables, colchonetas, hamacas, utensilios de cocina y alimentos para animales”.
Entre el cansancio de los brazos y el calor de la tarde capitalina, las ayudas vienen de cada cuadra y esquina de Bogotá. Aunque con un poco de desorden, la ciudad ha mostrado su rostro más solidario ante una emergencia que, si bien ya pesa en el corazón y los brazos de los bogotanos, “esto apenas comienza”, dice Lozada. Karen del PCN cierra diciendo: “esto es para que los damnificados sepan que no están solos”.
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