Un nuevo robo a escasas cuadras de donde asesinaron a Natalia Castillo, periodista de la ONU, en Teusaquillo; el ataque con arma de fuego contra policías en Bosa y el hurto de una bicicleta a un deportista de alto rendimiento, en límites entre Kennedy y Tunjuelito, son algunos delitos con los que empezó 2022.
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Esos casos parecieran un presagio de lo que podría ser este año, pues las autoridades no solo deben combatir las estructuras criminales, sino la percepción de inseguridad. En la capital, hablar de delincuencia común es hablar también de la pérdida de confianza, porque hay quienes dicen que “la justicia no llega, las denuncias no prosperan y ver policías en las calles no es sinónimo de protección”.
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Por esta razón, el trabajo para el Distrito, en 2022, no solo será disminuir los delitos de alto impacto, sino recuperar la confianza de la ciudadanía, que, además de perderse por causa de la inseguridad, también ha quedado rezagada por el actuar de algunos miembros de la Policía, inmersos en episodios de corrupción o abuso de autoridad.
Pero para mirar al futuro se tienen que repasar los cimientos sobre los que se desenvolvió la seguridad el año pasado y, más allá de presentar cifras alentadoras, dicen expertos, se debe hablar desde la verdad y la transparencia, para construir mejores relaciones entre institución y sociedad, así como plantear metas coherentes, que la comunidad vea posible cumplir.
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El año pasado fue el más violento de los últimos cuatro años, pues en siete de diez delitos de alto impacto ya había un incremento faltando un mes para terminar 2021. Además, se alertó sobre la presencia de organizaciones criminales, que se estarían fortaleciendo en el corredor occidental de Bogotá por medio del reclutamiento, entre otros, de migrantes, y la llegada de laboratorios móviles para procesar droga.
Analizando ese breve balance de lo que fue un año de reactivación incluso para la delincuencia, César Niño, profesor de la Universidad de La Salle, es radical en aseverar que la seguridad debe pensarse desde lo macro y no desde cada ciudad, como si se tratara de problemáticas independientes.
Con las cartas sobre la mesa, las cifras como referente y la ciudadanía como juez para calificar cada acción, el Distrito se enfrentaría a cuatro grandes retos que, cree Niño, servirían para enfrentar al enemigo que tiene sitiada a la capital.
Se trata de una transformación policial frente a sus prácticas y procedimientos; recuperación de confianza y reconstrucción de relaciones con la ciudadanía; fortalecimiento en atención de denuncias y más labores de inteligencia. “Es clave observar que la seguridad tiene aristas de mayor envergadura, relacionadas con la legitimidad que la gente reconoce en las instituciones, en particular la Policía”, agrega.
Transformación policial
En Bogotá no es un secreto que la Policía ha perdido credibilidad por los abusos, que terminan en sanciones que dejan una sensación de impunidad entre la ciudadanía. Por esto, muchos insisten en su transformación. No se trata de suprimir sus funciones, dicen los expertos, sino de hacer cambios de conducta en su operatividad, que integren al ciudadano en los procesos de seguridad local.
“Han sido dos años de turbulencias institucionales, en los que la Policía ha quedado como una de las instituciones peor calificadas entre la ciudadanía y se debe, por supuesto, a la violación de derechos humanos y problemas de mando, orden y control”, resalta César.
Reconstrucción de relaciones
En 2021 una de las decisiones del Distrito, respaldada por la fuerza pública, fue vincular a la Policía Militar al Plan de Intervención y Acompañamiento a Bogotá, lo que significó patrullajes conjuntos, que permitieron capturar a 8.300 personas por delitos e incautar armas y drogas, pero para el ciudadano esto no representó una reducción en la criminalidad.
Por esta percepción, César Niño señala que la solución podría ser un asunto de acompañamiento del policía hacia el ciudadano y acabar con el lastre de una institución armada y violenta, hecho que se naturalizó por el conflicto armado. “Ya no se tiene que hablar más de campañas y logos de la Policía en los medios, esto tiene que ver con la Policía resolviendo problemas ciudadanos, una Policía cívica encaminada a la seguridad y la convivencia, y no tanto a la defensa”.
Atención de denuncias
A la par de generar lazos de confianza, también se debe trabajar en el sistema de atención a denuncias. Muestra de la falta de asistencia fue lo ocurrido en la última semana de diciembre, cuando un joven fue atacado con un destornillador por un vecino, a quien le pidió que paseara a su perro con bozal.
Según la familia de Jonathan Tacuma, si bien el agresor había sido identificado, no lo capturaron, y a pesar de que intentaron poner la denuncia les respondieron que había “vacancia judicial” y tocaba esperar. Diez días después el joven falleció y apenas empezaron el proceso en contra el asesino.
Casos como estos no son novedad, por eso un reto sería transformar la dinámica, para que la ciudadanía confíe en el sistema judicial. “Recuperada la confianza, el ciudadano denuncia y acude a la autoridad. Pero si esa ruptura persiste, no habrá avance", indica Niño.
Labores de inteligencia
Bogotá cerró el 2021 con un apoyo de 400 uniformados de la Policía, que llegaron de manera paulatina en los últimos cuatro meses del año. Con su presencia se logró que diciembre fuera el mes menos violento de los últimos 18 años, logro que, si se prolonga en todo 2022, podría mejorar la seguridad en la capital.
Pero, a pesar de que estaría dando resultado, César Niño cree que, así como se fortalecen los patrullajes, también debe existir una fuerza conjunta dedicada a las labores de inteligencia, lo que permitiría atacar de raíz a las estructuras criminales y evitar acciones violentas o la conformación de redes de las que se pierda el control.
Adicional a estos cuatro retos, que incluso podría no asumir el Distrito y las autoridades al no ser identificados de la misma manera, Niño plantea que las estrategias para enfrentar la inseguridad se deben repensar, pues señala que es natural que en un escenario de posviolencia el conflicto en el país se transforme y pase al entorno ciudadano. Lo que significa un cambio en las dinámicas delictivas y nuevas formas de operar.
“Hace unos años todo el tema de la seguridad rondaban en torno a las Farc y el Eln, hoy cada vez es más difuso eso y, por supuesto, el Estado colombiano cada vez tiene más problemas en definir su seguridad, porque ya no existen los clásicos derroteros como las Farc. He ahí la importancia de las labores de inteligencia”, concluye.
Pensar en un escenario con mínimos índices de inseguridad, dicen algunos, no es posible en este país, pero lo cierto que es que avanzar en el camino hacia ese propósito no solo es tarea de las autoridades, sino de la comunidad en general. Unos, por un lado, deberán brindar garantías a la población, y los otros tendrán que abrir la puerta del acercamiento con las instituciones para concertar y dar los primeros pasos en la misma dirección.