Bogotá

14 Nov 2019 - 3:00 a. m.

Crimen de la porrista Luisa Fernanda Ovalle: la impunidad se mantiene

El 30 de noviembre se cumplen seis años del asesinato de la porrista de Millonarios y a la fecha las autoridades siguen con las manos vacías. A pesar de que la Fiscalía llevó a juicio a Hugo Zabaleta, las dudas fueron más fuertes y el juez lo absolvió. El caso o seguirá en la impunidad.

Alexánder Marín Correa (jamarin@elespectador.com) / @alexmarin55

El homicidio de la porrista de millonarios Luisa Fernanda Ovalle, ocurrido en la noche del 30 de noviembre en el parque Rincón de los Ángeles, del barrio Castilla de Kennedy, conmocionó a la ciudad. Y no solo por la violencia, sino porque ad portas de cumplirse seis años de su muerte, no hay una decisión judicial que certifique, más allá de toda duda, las razones y la identidad del asesino. Si bien la Fiscalía llevó a juicio a Hugo Alejandro Zabaleta y dijo tener las pruebas de su culpabilidad, las dudas que plantearon la defensa y la Procuraduría llevaron a que el juez lo absolviera, con lo que el misterio detrás del asesinato persiste.  

El crimen

La noche del crimen el caso tomó relevancia porque la víctima era una animadora del equipo azul. Sin embargo, Ovalle era más que eso: era disciplinada, luchadora, amorosa y ayudaba a los demás. Con 18 años, sacaba tiempo para todo. Era la mayor de tres hermanos y, además de apoyar al equipo de sus amores, cursaba quinto semestre de Ciencias Políticas en la Universidad San Buenaventura y trabajaba como impulsadora en una empresa de tecnología.

La última vez que su familia la vio con vida fue antes del mediodía de ese fatal sábado, cuando salió a trabajar en un evento de la marca LG, en el barrio 20 de Julio. La última vez que la escucharon fue a las 6:00 de la tarde, cuando ella, aprovechando que su jornada había terminado antes, llamó a casa para decir que iba de regreso. Pese a que su madre le pidió que tomara taxi, ella optó por viajar en Transmilenio. Tres horas después recibieron la fatal noticia, cuando la Policía llamó desde el teléfono de la joven, para informar que la habían herido de muerte y que estaba en la Clínica de Occidente. Los pormenores son difusos. Se sabía que desde la estación más cercana debía caminar quince minutos y cruzar por el parque Rincón de los Ángeles.

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La reconstrucción de los hechos indica que a las 8:30 p.m., cuando estaba a 100 metros de casa, la joven fue abordada en el parque por un sujeto que vestía chaqueta negra con capota, quien, armado con una navaja, la intimidó y después la apuñaló. La mayoría de testigos coincidieron en que el victimario era alto, delgado y de pelo corto y oscuro. “Oímos los gritos de auxilio. Nos asomamos y vimos cuando el tipo salió corriendo. La joven se desmayó. Con mi hija la llevamos en un taxi hasta la clínica. Una patrulla nos iba abriendo camino. Ella llevaba un bolso, un pocillo de Millos y objetos de la marca LG”, afirmaron los testigos.

Aunque las autoridades hallaron la chaqueta negra y el arma homicida, en ese momento, estas evidencias de poco sirvieron. Y pese a que analizaron las cámaras de seguridad, por la oscuridad, solo vieron siluetas. Lo que pudieron determinar fue que el asesino era un joven (entre 18 y 25 años), alto (entre 1,70 y 1,80 metros) y que pesaba 80 kilos. En ninguna imagen vieron su rostro. Aunque acudieron a los retratos hablados y ofrecieron $70 millones de recompensa, por cuatro años tuvieron las manos vacías.

El testigo clave

Lo que apuntaba a convertirse en un crimen sin resolver, se reactivó el año pasado cuando surgió un testimonio que hoy es la prueba más sólida de la Fiscalía. El de Juan Gabriel Billabón Guarnizo, quien, luego de un largo silencio, contactó a las autoridades para relatar que él había presenciado los hechos y que podía reconocer al asesino. ¿Por qué tardó tanto tiempo? Dijo que al principio no quería problemas, pero que se conmovió al ver en televisión a la madre de Luisa llorando.

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Su versión comienza diciendo que esa noche estaba en un bar cerca al lugar de los hechos y que, como el baño estaba ocupado, fue hasta el caño ubicado en el parque. En cuclillas y sin que el criminal advirtiera su presencia, vio cómo el sujeto la cogió de los brazos y la sacudió, mientras ella le decía que la soltara. Le pegó, la cogió del pelo, la tiró al suelo y la apuñaló. Agregó que regresó al bar a fumar un cigarrillo y vio al agresor, esta vez sin la chaqueta negra, entrar al mismo negocio. Dice que ese rostro no lo olvida. “El imputado pidió una cerveza y no tenía la misma ropa con la que lo había visto”, agregó la fiscal.

Basadas en esta declaración, el 2 de agosto del año pasado capturaron a Hugo Alejandro Zabaleta, de 31 años, en la localidad de Santa Fe, en el centro de la ciudad. Allí se conoció que era ingeniero y no registraba antecedentes penales. Aunque al comienzo de la investigación se contempló un presunto intento de abuso o violencia de género, para la Fiscalía el asesinato obedeció a un atraco.

Dudas

Aunque este avance llenó de esperanza a la familia de Luisa Fernanda, al existir una posibilidad de dar con el asesino de su hija, la otra cara de la moneda la vivió Zabaleta Sosa, quien desde el comienzo insistió en su inocencia. Y para demostrarlo su abogada fijó su estrategia en plantear las falencias en la declaración de Billabón Guarnizo, no solo porque dijo que la noche del crimen estaba tomando en un bar, sino porque, según Medicina Legal, Billabón es una persona con “discapacidad cognitiva leve, un trastorno del lenguaje y menor capacidad para hacer deducciones y reflexiones”. No obstante, los peritos dijeron que su condición no afectaba su capacidad para declarar.

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Para reforzar su argumento, la defensora resaltó que los testigos coincidieron en que les fue imposible identificar al agresor, “ni siquiera la mujer que auxilió a Luisa, que estaba a la misma altura de donde ocurrió el crimen, pudo reconocerlo”. Que dijeron que el agresor tenía entre 1,70 y 1,75 metros de estatura, y su defendido supera los 1,80 metros; que era delgado y Zabaleta es grueso. Añadió que en el cuchillo no encontraron huellas. En suma, que ninguna prueba apuntaba a su cliente.

En cuanto a la versión del testigo estrella, insistió en que su declaración fue motivada por el dinero y que fue guiada por la Fiscalía, quien “casi le daba las respuestas”. Además, que con la cantidad de cervezas que ingirió esa noche, se ubicaba en el grado 3 de alcoholemia. “No es la primera vez que traen un testigo falso a un proceso. No pudieron demostrar la responsabilidad de Zabaleta y por eso solicito su absolución y que investiguen por falso testimonio a Billabón y por fraude procesal a la Fiscalía y la Policía”.

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En manos del juez

A pesar de los alegatos de la abogada de Zabaleta, para el ente acusador sus evidencias eran sólidas. “Las declaraciones recaudadas la noche de los hechos y la versión de su testigo estrella son pruebas suficientes para concluir que el acusado mató a Ovalle en un intento de robo. “La presunción de inocencia del acusado ha sido aniquilada por las pruebas”.

Aunque el abogado de la familia de la víctima respaldó la solicitud de la Fiscalía, en este caso hubo algo que seguro jugó en contra del ente acusador y de la esperanza de los Ovalle: la Procuraduría, casi en sintonía con la defensa, no quedó convencida con el trabajo del ente acusador y por esto manifestó que en la investigación había serias dudas sobre la culpabilidad del acusado. Y en derecho, las dudas se resuelven a favor del procesado.

Al final el juez, quien tuvo suficiente tiempo para analizar el caso, absolvió a Zabaleta. Con su decisión, el asesinato de Luisa Fernanda Ovalle vuelve a su punto inicial: sin saber quién y por qué la mató.  

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