“Asesinan a un empresario y es noticia porque fue en el norte de Bogotá, pero el sicariato es una realidad diaria. ¿Cuántos muertos más se registraron cuando atacaron a Gustavo Aponte?”, es la reflexión y la pregunta con la que inician los expertos en seguridad el análisis de lo que ocurre con el fenómeno de sicariato, en una capital en la que planear un homicidio parece una cuestión de trámite.
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“Fue un acto sicarial planeado”, confirmó el general Giovanni Cristancho Zambrano, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, al referirse al homicidio de Aponte y su escolta, a la salida de un gimnasio en la esquina de la calle 85 con carrera séptima, el cual cuenta con el antecedente de un crimen similar en 2023. El alto oficial añadió que el sicario, quien vestía de traje y corbata, esperó 15 minutos a que saliera la víctima. “Planearon la forma de caracterizar al sicario y dónde ubicar la motocicleta”, dijo.
Aunque parece un crimen impresionante y milimétricamente coordinado, lo cierto es que en Bogotá parece que planear estos crímenes depende solo de dos cosas: un objetivo y dinero para pagar el mejor proveedor. Desde oficinas de sicarios que operan todos los días a la orden de grupos organizados, crímenes con rifles de alto alcance y víctimas de alto perfil, así se mueve esta modalidad de asesinato.
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¿Sicariato al alcance de todos?
Si tomamos el promedio de 2025, en la capital asesinan a una persona cada ocho horas. Aunque este delito está concentrado en tres localidades que suman casi el 45 % de los casos (Ciudad Bolívar, Kennedy y Bosa), localidades como Chapinero muestran un aumento atípico en su tasa de homicidios: de 9,9 casos por cada 100.000 habitantes en 2024 se pasó a 11 en 2025, demostrando que, aunque la capital reporta una leve disminución de homicidios, hay zonas en donde el crimen sigue encontrando un camino fértil.
Hugo Acero, experto en seguridad y exsecretario de Seguridad de Bogotá en la pasada administración, analizó el contexto, partiendo de que este problema no es nuevo. “Llevamos dos años en los que el sicariato en la ciudad supera el 50 % de los homicidios. Es más, diría que en estos días ha habido más casos de sicariatos en la ciudad, pero no pasan en noticias”.
Fuentes que viven en barrios donde funcionan ollas del microtráfico en Bogotá le contaron a El Espectador: “sí, hay oficinas aquí en Bogotá, en todas las ollas hay. El cobro, depende: hay unas que cobran ‘tres palos’ (millones de pesos), ‘cuatro palos’, hasta ‘cinco palos’. Hay personas, en particular venezolanos, que cobran 200.000 o hasta 500.000 pesos por ir a ‘sicariar’ a otra persona”.
El experto explica que en la ciudad existe un hecho, “la violencia estructural homicida” De los tres casos diarios, podríamos decir que entre uno y dos son asesinatos a sueldo y eso es preocupante. No solo por el crimen del empresario del día de ayer, saliendo del gimnasio, sino porque esta modalidad ya hace parte de la lógica criminal en la ciudad. Ahora, si les sumamos los ataques, los homicidios cometidos por delincuentes (sin motivación sicarial), como las personas que matan en medio de un atraco y de otras modalidades delictivas, pues tienes el 70% de los homicidios ligados a delincuencia”.
Adicionalmente, los analistas subrayan que el sicariato, ligado a estructuras criminales que ejecutan los homicidios y prestan servicios a las distintas organizaciones criminales, se pone en acción por motivos de cada caso que pueden variar: pago de deudas, desconfianzas, ajuste de cuentas e, incluso, se prestan servicios hasta para asesinar a esposos infieles, amantes, etcétera.
“Lo que llama la atención”, añadió Acero, “es que seguimos en un bajo porcentaje de esclarecimiento de la investigación criminal en estos casos, particularmente de la Fiscalía: solo en cuatro de cada 10 homicidios sabemos quién fue el autor material (...) La gran mayoría de esos homicidios esclarecidos son por problemas de convivencia, pero no los ligados a estructuras criminales como el sicariato. Ahí se requiere aumentar el número de fiscales especializados ante homicidios”.
Flujo de armas y sicariatos
Andrés Macías, experto en seguridad de la U. Externado, suma al análisis: “Los homicidios en Bogotá siguen siendo un indicador muy preocupante; el número de casos sigue siendo muy alto, y lo más crítico es el porcentaje de homicidios cometidos con armas de fuego, que siguen disparados. El fácil acceso a armas no registradas o ilegales adquiridas en el mercado negro facilita que los delincuentes accedan a ellas sin mayor problema”.
La fuente con la que hablamos añadió al panorama: “un ‘fierro’, o un ‘guayo’, un 38 corto, que es lo mejor que hay, ya se consigue entre tres millones de pesos y tres y medio; lo que es el ‘guayo’ calibre 32, ya usted lo consigue en COP 1.000.000 o COP 800.000 pesos (...) Para nadie es un secreto que hay lugares en donde se consiguen las armas alquiladas o compradas. También se consiguen explosivos y no pasa nada”.
“Y la pregunta es: ¿cómo se está investigando estos hechos. ¿Qué están haciendo la Fiscalía o la Policía para dar, no solamente con el paradero de los sicarios, sino de dónde están saliendo esas armas?”, interroga Hugo Acero Macías, quien sostiene que, además del fácil acceso a armas (mercado negro, bajos precios de alquiler, etc.), “los altos niveles de impunidad llevan a que el ‘riesgo’ (de ser capturado y judicializado) por la comisión de estos delitos sea muy bajo”.
“Las autoridades de policía tienen una tarea muy compleja, porque no basta con las actividades que ya están en curso como incautaciones de armas, patrullaje y capturas. El tema es que su actividad no siempre se articula adecuadamente con la política criminal y de justicia”, cerró Macías.
En definitiva, en una ciudad como Bogotá, los sicariatos están a la orden del crimen e incluso de cualquier ciudadano. Si bien las cifras de homicidio van a la baja, es claro que a la capital aún le queda mucho trecho para poder contener definitivamente esta modalidad. Prevenir hechos como el ocurrido en Chapinero es una tarea que no solo pasa por seguir desmantelando bandas, sino por contener el flujo de armas que parece desbordado en Bogotá.
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