El partido está a punto de comenzar, pero antes del pitazo inicial, las barras viven la “previa” entre banderas y bubucelas, pero también entre licor, el humo de cigarrillos de marihuana y otros alucinógenos. La imagen puede causar rechazo, miedo e, incluso, ser asociada con inseguridad. Pero ¿qué hay detrás de esta humareda? ¿Por qué se relaciona la droga con las barras? Esta fue la pregunta con la que Gina Díaz, magíster en Gobierno y 15 años como investigadora social, se aproximó a barras de seis ciudades.
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De su trabajo, en conjunto con Échele Cabeza (ATS Social), y centrado en generar aportes para la reforma de la política de drogas, quedó la única medición del fenómeno de las drogas en entornos de las barras futboleras. “De ahí nace la necesidad de trabajar con las barras. Sus miembros también lo pidieron, por una razón: notaron un aumento en indicadores como el suicidio, que relacionan al consumo”, explicó.
Sin “faltas” en la previa
Mientras Bogotá vuelve a debatir por los recientes episodios de violencia entre hinchas, el proyecto Dosis de Pasión, de la Dirección de Barrismo Social del Ministerio de la Igualdad, se creó para atender un tema ignorado: el consumo.
“Hablar de cultura futbolera implica reconocer que ha estado atravesada por violencias sociales, económicas y políticas, ajenas al deporte, pero que lo han tocado. En ese camino, el fútbol ha sido muchas veces reducido a la idea de ‘pan y circo’, desconociendo su potencial cultural, comunitario y emocional”, dice la introducción de la guía Entre Goles y Decisiones, primera radiografía del consumo en las barras.
El proyecto partió al revisar los imaginarios alrededor de la “barra brava”, para trasladarlos a conceptos como barra popular o futbolera, como procesos organizativos sociales alrededor del deporte y que se movilizan de diversas maneras, más allá de la violencia. Luego se concentraron en 15 barras, en Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Manizales y Armenia; capacitaron a 1.038 personas, y aplicaron 695 encuestas.
Allí encontraron datos clave: el 85 % son hombres, lo que muestra una población altamente masculinizada; que no es un asunto de jóvenes, ya que casi la mitad son adultos (59% tienen entre 25 y 35 años); que el 55,8 % consume porque lo disfruta y el 15% más por presión o manejar emociones. Finalmente, que las drogas que más circulan son la marihuana, la cocaína y el tusi.
En los últimos 30 días, los integrantes de las barras populares reportaron un mayor consumo de bebidas alcohólicas (84 %), seguidas por cannabis o marihuana (52 %). También reportaron cocaína (32 %), tusi (26 %), alucinógenos o psicodélicos (13 %) y MDMA (12 %).
En menores proporciones se reportó el consumo de popper (7 %), benzodiacepinas sin fórmula (5 %), 2-CB (5 %), inhalantes (3 %), enteógenos (3 %), opioides sin fórmula (2 %), pegante (2 %) y bazuco (1 %).
Los barristas perciben que sus efectos deseados incluyen la relajación, la desinhibición social. No obstante, cuando el consumo de alcohol se descontrola, suele asociarse directamente con la pérdida de coordinación, la toma de decisiones impulsivas y la aparición de riñas que fracturan la convivencia del parche.
Riesgos asociados al consumo de sustancias en las barras
Entre los hallazgos de la encuesta resalta que, aunque más de la mitad de los encuestados (53,10 %) afirmó no haber experimentado incidentes asociados a sus prácticas de consumo, entre quienes sí las vivieron están las discusiones o peleas, con un 18,60 %, y los problemas con la policía o el personal de seguridad, con un 9,69 %.
En menor medida, reportaron conflictos con la familia o la pareja (5,43 %), seguidos de dificultades en el entorno de estudio o trabajo (3,49 %) y accidentes o caídas físicas (3,1 %). Tanto las situaciones de riesgo dentro del propio estadio como los problemas de salud registraron un 2,71%, cerrando el desglose con un 1,16% correspondiente a otras situaciones.
Otro de los hallazgos del estudio es que las barras del fútbol ya tienen unas formas de cuidarse. “De pronto no las reconocían así, pero hay una cohesión, una forma y unas estructuras. La barra como su vida y como su familia”, dice el informe.
El partido se gana en la mente
Más allá de la etiqueta de la sustancia y de analizar sus componentes, clave desde un enfoque de reducción de daños, hay un aspecto que subraya la investigación: no se puede analizar la droga sin revisar lo que originó el consumo. De ahí, lo más relevante según Gina, fue reconocer que al hablar de drogas solo se mira la punta del iceberg. Falta hablar de “ violencia acumulada, ideación suicida, soledad masculina y dificultad de pedir ayuda”.
Desde el proyecto siguieron los momentos de las barras, como la asistencia a partidos y los viajes. “Ahí identificamos riesgos como los accidentes al montarse en una mula o la violencia, los hurto y las riñas, así como las mezclas de sustancias: lo que más consumiendo es el tusi”.
El proceso lo complementaron con una sensibilización, con la guía Entre Goles y Decisiones, con un lenguaje futbolero con frases como “con el chorro no es de competir ni de irse hasta el fondo”, o ‘el porro parece calentamiento, pero cambia el ritmo del partido’. “No es una receta. Busca llevarlos a hacerse preguntas; analizar situaciones, y saber cuál sería la mejor decisión”, explica Gina.
Si bien, la tarea sigue, en espacios como el que tiene ATS para reforzar el mensaje, y algunos líderes desean aprender para compartir con sus barras sobre la reducción de daños, lo cierto es que este es un fenómeno que falta profundizar. Tal vez ahí se encuentre el camino para devolver a las barras a su origen: fenómeno sorganizativos sociales que los une una gran pasión como el fútbol.
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