Bogotá

22 Jul 2020 - 4:02 p. m.

El San Juan de Dios, una historia de complejidades

No cesa el debate sobre el futuro del complejo hospitalario, a pesar del contrato firmado para su reconstrucción. Mientras unos consideran que es posible reforzar la estructura del hospital, otros creen que se debe ejecutar el proyecto de un nuevo hospital.

No hay un lugar que tenga más historia para la medicina colombiana que el hospital San Juan de Dios (SJD), ubicado en el centro de Bogotá y cuya cronología se cuenta desde los años 1700, aunque, si se quiere, su relato en realidad empieza a mediados del siglo XVI, con el primer hospital que tuvo Bogotá, el San Pedro, que luego se trasladó y transformó en el San Juan. En las últimas semanas se viene generando un fuerte debate sobre cómo continuar con la transformación del complejo hospitalario de 24 edificios, debido a que las últimas dos administraciones distritales (Petro y Peñalosa) idearon planes que si bien no llegaron a concretar, sí los dejaron avanzados.

Pero será la alcaldía de Claudia López la encargada de tomar la decisión de cómo reabrir el hospital, que entró en una profunda crisis desde 1975 hasta el cambio de milenio. Desde ese entonces se viene hablando de qué hacer para mantener la historia y a la vez volver a convertir el centro hospitalario en un amparo para la salud de los más necesitados, tal como fue en sus inicios. Ya la administración López firmó el contrato del proceso que dejó estructurado el gobierno Peñalosa, para demoler la torre central del SJD y construir el Hospital Santa Clara.

Contexto: Hospital San Juan de Dios: el debate entre reforzar o demoler

Sin embargo, pese a haber un contrato firmado, alrededor de este proyecto sigue habiendo un fuerte debate, pues mientras hay quienes insisten en que la estructura del hospital se debe reforzar, otros defienden los planes de la anterior administración que contemplan una demolición y reconstrucción.

Para la muestra, hoy a las 11:00 a.m., Probogotá adelantará un foro virtual en el que intervendrán Luis Gonzalo Morales, exsecretario de Salud encargado de la estructuración del proyecto; Miguel Uribe Turbay, exsecretario de Gobierno y excandidato a la Alcaldía; Hollman Morris, exconcejal y también excandidato a la Alcaldía; María Mercedes Jaramillo, gerente de la Empresa de Renovación Urbana (ERU), y el concejal Carlos Carrillo. El foro se titula “Hospital San Juan de Dios: ¿Hospital o museo?” y buscará aportar nuevos argumentos a una discusión de varias décadas.

Una historia llena de complejidades

El San Juan de Dios ha tenido una vida atestada de dificultades. Cuenta la historia del complejo hospitalario que desde la fundación de Bogotá, Gonzalo Jiménez de Quesada pidió permiso a la corona española para crear un hospital, pero no prosperó. El conquistador hizo otros intentos, también fallidos, en 1553 y 1556, hasta que en 1564, por gestión del obispo Fray Juan de los Barrios, se construyó el hospital San Pedro, con una consigna: curar a los pobres, tanto españoles como naturales.

Debido a esa naturaleza, muy rápido se generó hacinamiento y propagación de enfermedades, por lo que muchos clamaron por un traslado del hospital. En 1723, por gestión del sacerdote Fray Pedro Pablo Villamor se construyó un nuevo hospital, siguiendo los planos del hospital de Granada en España. El nuevo centro hospitalario se construyó en el área que hoy existe entre las carreras 10 y 8, y las calles 11 y 12 y se llamó “Jesús, María y José”.

Entre 1760 y la primera mitad del siglo XIX, el complejo hospitalario se fortaleció con un incremento de camas y la creación de varias salas para la atención de diferentes enfermedades. También se establecieron los primeros currículos para la formación de los primeros médicos del país. El auge en la educación médica se interrumpió hacia 1850, debido a luchas políticas y a la restricción de la enseñanza libre de la época.

Entre los siglos XVIII, XIX y XX, en medio de atención a guerras y epidemias, el complejo hospitalario se convirtió en un referente en salud e investigación científica. Se crearon las cátedras de química, bacteriología, psiquiatría, ortopedia, entre otras, hasta que cambió la historia del hospital con la construcción del Edificio Central, entre 1948 y 1952, cambiando el modelo de pabellones y usando bloques compactos, siguiendo la arquitectura norteamericana de la época, que a su vez fue una actualización de la arquitectura hospitalaria de Europa.

Se considera que en ese momento empezó la etapa dorada del SJD, pues el número de camas pasó a 890, se crearon modernas salas y bibliotecas en los pisos, y empezó a consolidarse la relación histórica entre la Universidad Nacional y el hospital, pues entre 1979 y 1999, el SJD fue administrado por la Facultad de Medicina de la Universidad, en asociación con la Fundación San Juan de Dios, de carácter privado.

En esos momentos, mientras se seguían abriendo especialidades y programas de posgrado, empezaron los problemas. Hugo Fajardo, médico internista y jefe del Departamento de Servicios Médicos Ambulatorios del SJD, cuenta en un artículo que escribió para la Revista de la Facultad de Medicina que “esta época dorada tuvo altibajos suscitados por la escasez de recursos, obligando a que muchos de estos profesionales entrenados emigraran en masa en busca de otros horizontes”.

El año clave en el declive del SJD fue 1975, durante la decanatura de de Guillermo Fergusson. “El era un personaje altruista y de matices sociales, que lo llevaron por sendas de protesta y ruptura con su época. Fue determinante luchador. Quería darle un carisma diferente a la universidad y al hospital. Todos estos hechos condujeron desgraciadamente a la toma del hospital por la Fuerza Pública, destruyendo equipos y estructura básica”, relata Fajardo. Esta situación llevó a que en 1979 el SJD fuera intervenido por el Ministerio de Salud.

Desde entonces se profundizaron los problemas económicos y laborales y empezó el abandono, pues la situación del SJD era una “papa caliente” que nadie se animaba a coger. Entonces, el destino no podía ser otro: la quiebra, que se produjo entre 1999 y 2001, debido a la Ley 100 que volvió inviables las finanzas del complejo hospitalario.

Pese al mal momento del complejo, en 2002, mediante la Ley 735, se declaró monumento nacional el SJD y el Instituto Materno Infantil, y se ordenó adelantar todas las acciones necesarias para volver a hacer del complejo hospitalario un centro universitario.

La quiebra fue otro punto de inflexión en la historia del SJD, pues desde entonces empezó una fuerte lucha de los trabajadores por sus derechos y por intentar la reapertura del complejo. Por 13 años, más de 100 trabajadores literalmente se fueron a vivir a las instalaciones del centro de salud como forma de presionar por una indemnización por su labor en el hospital hasta 2001. Eso, en medio de un proceso de liquidación que abrió la Gobernación de Cundinamarca.

El pago, parcial, no llegaría hasta finales de 2012, cuando la administración Petro puso en marcha su estrategia para reabrir el SJD, que hacía parte de sus promesas de campaña. Sin embargo, para reabrir el complejo era necesario que el Distrito fuera dueño de los predios, algo que ocurrió hasta 2015 cuando la Empresa de Renovación Urbana (ERU) obtuvo la transferencia a título de compraventa de los terrenos, por gestión de un agente liquidador del complejo hospitalario, cuyo proceso empezó en 2006.

En enero de 2015, tras consolidarse como único interesado, el Distrito recibió la transferencia de los predios comprendidos entre las carreras Décima y la Av. Caracas, y la Av. Primera Sur y calle Segunda sur, por un valor de $150 mil millones. Dado ese paso, empezó el proceso de estructuración de un proyecto para reabrir el SJD, por lo que se le encargó a la Universidad Nacional el diseño de un Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP), con el programa puntual para restaurar y reabrir el complejo.

El PEMP se presentó entre 2013 y 2015, pero no se alcanzó a aprobar durante la administración Petro y fue hasta 2016, ya posesionado el exalcalde Peñalosa, que se validó el extenso documento. Sin embargo, según quienes participaron en la elaboración del documento, al trabajo se le hicieron algunas modificaciones que dieron paso a la demolición de la torre central, paso que hoy está cerca de concretarse si el Ministerio de Cultura avala la intervención, al tratarse de un edificio patrimonial.

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