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Electrificación del transporte: “Lo verde no debe arrojar números rojos”, Alfonso Sánchez

Alfonso Sánchez, director de la Empresa de Transportes de Madrid, habla de los retos de la capital y el papel de la electrificación, la tecnología y la planificación urbana en la modernización del transporte.

Ana Rodríguez Novoa

06 de marzo de 2026 - 06:00 a. m.
Alfonso Sánchez Vicente, director gerente de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid, España, y uno de los responsables de la transición hacia una flota de buses eléctricos en esa ciudad.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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Grandes ciudades como Madrid, en España, avanzan hacia una meta ambiciosa: que su flota de buses urbanos sea completamente eléctrica hacia 2033. En medio de ese proceso, Alfonso Sánchez Vicente —director gerente de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid desde 2019 y uno de los responsables de esa transición— visitó Bogotá para participar en el Congreso Internacional “Transmilenio 25 años: innovación que transforma ciudades”.

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El evento hace parte de la conmemoración de los 25 años de Transmilenio y reúne en Bogotá a líderes del transporte público, la infraestructura y el desarrollo urbano orientado al transporte de distintas ciudades del mundo, con el objetivo de compartir experiencias, lecciones y desafíos que hoy enfrentan los sistemas de movilidad urbana.

¿Qué impresión le deja Bogotá en materia de movilidad?

La impresión que me llevo del BRT (Bus Rapid Transit) de Bogotá —que en español se conoce como sistema de buses de tránsito rápido, del cual Transmilenio es uno de los principales ejemplos— es espectacular. El trabajo que ha hecho Transmilenio en estos 25 años es de primera línea y estoy seguro de que en los próximos años va a seguir creciendo y haciendo las cosas muy bien.

En Madrid tenemos una pequeña línea de BRT, pero no se aplica como aquí, porque contamos con una red de metro muy extensa, que cumple el papel de transporte pesado. Nuestra red de superficie está pensada más para llegar a todos los rincones de la ciudad, con líneas troncales, carriles específicos y una lógica distinta.

Lo que he visto en Bogotá me sirve mucho para llevar experiencias a Madrid, sobre todo a los nuevos desarrollos urbanísticos de la ciudad.

Allí estamos integrando la movilidad de superficie con autobuses desde el origen, para que esos nuevos sectores nazcan con transporte público bien resuelto. En ese proceso, la experiencia de Bogotá puede servirnos para pensar cómo organizar esos desarrollos, especialmente en las zonas de expansión de Madrid.

¿Qué tan clave es la electrificación del transporte público para ciudades como Bogotá?

Es fundamental. La electrificación tiene, en mi opinión, dos grandes razones. La primera es la calidad del aire: que los buses no generen emisiones es un avance capital para los ciudadanos. Y la segunda es económica. En Madrid solemos decir que lo verde no debe arrojar números rojos. Es decir, las políticas de sostenibilidad también deben permitir eficiencia y reducción de costos. La electrificación, bien gestionada, ayuda a las dos cosas.

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Por eso me alegra ver que Bogotá está avanzando en ese camino. Ya vi estos grandes buses biarticulados y que una parte importante de esa flota será eléctrica. Creo que para los ciudadanos de Bogotá es un paso adelante muy importante.

¿La tecnología realmente ayuda a reducir costos operativos?

Sin duda. La tecnología no es un fin en sí mismo, pero sí ayuda mucho a reducir costos. En electrificación, por ejemplo, los autobuses eléctricos son más avanzados tecnológicamente, pero además la gestión de la energía también reduce la factura de operación.

Nosotros en Madrid usamos tecnología para hacer más eficiente la energía de tracción y eso disminuye costos. Pero la tecnología también mejora la experiencia del usuario: le permite subir al transporte de manera sencilla, saber dónde viene el bus, cuánto tarda y planificar mejor su tiempo. Todo eso hace el sistema más eficaz y más sostenible.

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Bogotá tiene Transmilenio, SITP y pronto tendrá metro. ¿Qué decisiones son clave para integrar todos esos modos?

La integración es esencial. En Madrid tenemos el Consorcio Regional de Transportes desde hace 40 años y una de las razones por las que la demanda creció de forma constante fue precisamente integrar todos los sistemas y operadores.

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Antes había muchos operadores que funcionaban sin esa coordinación. Cuando el ciudadano percibe que el sistema es uno solo, que la tarifa está integrada, que los medios de pago son comunes y que puede moverse de forma sencilla, la demanda sube.

Creo que en Bogotá se van a dar esos pasos. La llegada del metro hará que esa integración sea aún más importante, y me da la impresión de que hay equipos con mucha capacidad para hacerlo bien.

En ciudades latinoamericanas el transporte depende mucho de recursos públicos. ¿Cómo hacerlo más sostenible financieramente?

En España el sistema también está muy apoyado por las administraciones públicas. Se invierten recursos de los ciudadanos en transporte, pero eso se traduce en mejor calidad de vida: un sistema de alta calidad, con buenos vehículos, buena cobertura y tecnología.

No creo que el transporte deba ser completamente gratuito, pero sí debe tener un nivel razonable de subsidio. Es decir, que exista una parte importante de apoyo público y otra parte del costo la asuma el ciudadano.

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También es muy importante la voluntad política: decidir que esos recursos se destinen a que la movilidad siga creciendo y mejore. Y ahí hay algo clave: ayudar a que los jóvenes se muevan de forma muy económica, porque eso genera dos cosas. Primero, que se acostumbren desde pequeños al transporte público; y segundo, que quienes están estudiando o comenzando su vida laboral tengan una tarifa accesible.

Madrid ha sido pionera en electrificación. ¿Qué retos enfrentaron y qué lecciones podrían servir para Bogotá?

Hemos avanzado mucho, no solo en la definición de los buses, sino también en los sistemas de carga. Empezamos con carga mediante enchufe, pero después migramos a sistemas más avanzados.

Tomamos parte de la tecnología ferroviaria y la adaptamos al autobús con pantógrafos invertidos, que están en la infraestructura y no sobre el vehículo. Eso permite una carga automática e inteligente.

Cuando el conductor llega al punto de carga, el sistema se conecta automáticamente y decide cómo cargar el bus: en qué momento, con qué intensidad y de qué manera conviene según el servicio del día siguiente. Eso permite cargar cuando la energía es más barata, hacerlo a la velocidad adecuada para cuidar las baterías y optimizar todo el proceso.

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Ahí la tecnología es clave para ganar eficiencia.

Más allá de la electrificación, ¿qué otros factores son decisivos para que un sistema funcione?

Hay un tema fundamental: la gobernanza. La disposición de los políticos a querer hacer las cosas es decisiva. Si no hay voluntad, no se avanza.

Después vienen la planificación, la digitalización y el estudio del usuario. Nosotros en Madrid dedicamos mucho esfuerzo a entender cómo son nuestros usuarios, qué hacen, qué necesitan y cómo podemos prestarles un mejor servicio.

Una vez existe la decisión política de que el sistema funcione como un todo y esté realmente integrado, los equipos técnicos pueden hacer cosas muy importantes.

Pensando en los próximos 10 años, ¿qué innovaciones van a transformar más el transporte público?

Yo diría que los próximos años irán sobre todo por tres caminos: electrificación, digitalización y cero emisiones. En Madrid la electrificación ya es una estrategia planificada hasta 2033 y no tiene vuelta atrás. Hemos probado otras tecnologías, como el hidrógeno renovable, pero por ahora hemos visto que, para una ciudad como Madrid, no es competitivo frente al autobús 100 % eléctrico de baterías. Así que el camino que vemos es ese: más electrificación, más tecnología y más digitalización.

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¿Qué tendría que pasar en Bogotá para que su sistema de movilidad dé un salto similar?

Creo que ya se están dando los pasos adecuados. Estoy viendo inversión, ganas políticas y capacidad técnica para que esto siga adelante. No creo que nosotros vengamos a dar consejos. Más bien venimos a intercambiar experiencias. Hay cosas de nuestra región que pueden ser útiles para Bogotá, pero también nosotros nos llevamos mucho conocimiento de aquí para aplicar allá. Al final, de eso se trata: de que los equipos de distintos países colaboren y aprendan unos de otros.

Lea más: Expertos del mundo le responden a Bogotá qué debe cambiar en su transporte público

Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.

Por Ana Rodríguez Novoa

Periodista y profesional en Opinión Pública desde 2021, formada en la Universidad del Rosario. Con especial interés en temas sociales y culturales de Bogotá. Ha trabajado en redacciones universitarias y proyectos editoriales, con experiencia en reportería y escritura narrativa. Actualmente hace parte del equipo de Bogotá en El Espectador.amrodriguez@elespectador.com
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