Bogotá

#Yodecidí

22 Mar 2018 - 2:14 p. m.

En Ciudad Bolívar, habitantes transforman su realidad con cultura

En el barrio Santa Viviana, de esa localidad, creativos enseñan diferentes artes a niños y jóvenes de manera gratuita, con el fin de crear nuevas oportunidades e impulsar sueños.

Yorley Ruiz M / yorley.ruizm@gmail.com

En el barrio Santa Viviana, de la localidad de Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá, la cultura es el patrimonio de sus habitantes. A falta de un centro de desarrollo y de salones comunales, padres, vecinos y estudiantes universitarios de ese sector y de otras partes de la ciudad le han apostado a la creación de una casa cultural, financiada por ellos. Allí los creativos donan sus conocimientos.

Las rifas, la venta de ropa usada, de camisas estampadas y de CD con música hecha por colectivos de hip hop de la zona se han convertido en los ingresos principales para asegurar los $300.000 mensuales que deben pagar de arriendo. Cuando lo recaudado no alcanza, los gestores culturales sacan de su bolsillo para “ajustar”.

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“En estos barrios, como en todos, ha existido un régimen territorial de diferentes bandos, ya sea de equipos o pandillas, lo que hemos hecho es hacer cine por las calles y música, que permitieron disolver esas fronteras y convertirlas en zonas de tolerancia”, resaltó Jhon Quintero, gestor cultural de la zona.

Este proyecto empezó con el apoyo del Distrito, el año pasado, lo que les sirvió de base para tomar las riendas de la cultura en el sector. Ahora, bajo el nombre Fundación Sueños de Santa Viviana, buscan acoger a niños y jóvenes de diferentes barrios de la localidad para enseñarles fútbol, cine, música, serigrafía, fotografía y hip hop.

“Cuando empezamos, los niños estaban en la calle prácticamente, dejándose arrastrar por personas que los inducían a otras cosas. Nosotros queremos que en vez de que estén en la esquina, estén aprendiendo cosas nuevas. La felicidad no es la plata, sino lo que hacemos”, señala Carlos Rodríguez, profesor de fútbol de la zona.

Las redes sociales, el voz a voz y un recorrido con megáfono por el sector son las formas de divulgación de la programación de cada semana. La casa abre sus puertas los sábados y domingos, de mañana a tarde.

Entre las actividades que ofrece está el de cine ambulante, a cargo de Jhon Quintero, un realizador audiovisual de la localidad de Usme, quien a través de una gran pantalla, hecha con tubos de PVC y bases de cemento, lleva cine gratis a diferentes barrios aledaños. Las proyecciones van desde las 6:00 p.m. hasta las 8:00 p.m.

“Aquí hay mucha gente que no sabe qué es un cine, ni qué es hacer una fila en uno. Por ello, trato de acercar a los niños con esto, que aprendan, para que se entusiasmen. Trato de inculcarles algo diferente con cada película, porque sé que después de los encuentros ellos se van descansados y muertos de risa. Esto se convierte en un pretexto para que salgan de sus casas y vean algo diferente”, indicó Quintero.

Su jornada comienza tres horas antes con la preparación de los alimentos, según narra Quintero. Si hay dinero, se les da un refrigerio con galletas y jugos, y cuando no, se hacen crispetas en una estufa de luz, agua de panela o chocolate.

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“Hay muchos que desisten de trabajar en este tipo de proyectos, porque esperan una remuneración por lo que hacen. Creo que lo más bacano de todo esto es meterle las ganas desde el corazón”, resalta Quintero.

Además de buscar que los niños y jóvenes encuentren otras alternativas, los gestores culturales buscan desestigmatizar a los habitantes de Ciudad Bolívar, mostrándole al resto de la ciudad sus capacidades para cantar, para crear y para transformar su realidad.

“Por estar en este sector, la gente tiende a discriminarnos y que por ser de un sector de estos no tenemos derecho a nada. He conocido casos de personas que al mandar su hoja de vida se la rechazan sólo por ser de acá. Creen que somos ladrones, pero acá también hay gente buena”, agrega Carlos Rodríguez.

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Aunque tienen limitaciones de recursos, estos hombres y mujeres que cada fin de semana se encuentran en esta casa, están convencidos de que su trabajo transforma y les permite a estos niños y jóvenes soñar con futuros alternativos, a los que muchas veces sus padres los someten.

“Más allá de hacer estas actividades, es enseñarles que la persona que está al lado merece respeto. Que se piensen a futuro y que hagan de estas actividades sus proyectos de vida”, concluyó Rodríguez.


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