Para ellas no era un simple viaje. Era el resultado de años de entrenamiento, sacrificios, lesiones, madrugadas, aprendizajes... Para las jugadoras de la escuela Future Soccer ir a México era el premio por ganar un torneo y, de paso, el primer viaje internacional de sus vidas o, en algunos casos, su regalo de 15 años. Por eso, cuando todo se vino abajo, el golpe no solo se sintió en los bolsillos, sino en la ilusión, al ver cómo se esfumaba un sueño que ya sentían seguro.
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El viaje no se organizó a la ligera. Durante semanas, los padres hicieron lo básico: cotizar, comparar, revisar opciones. Consultaron con aerolíneas y agencias. Los números eran claros: por jugadora, eran cerca de tres millones de pesos por tiquete y tres millones para gastos como transporte, hospedaje y alimentación. Era una suma difícil de conseguir, pero hicieron de todo para lograrlo. Algunas familias hicieron rifas; otras, préstamos, o sacaron sus ahorros. Al final, cada quien resolvió.
“No era solo un viaje”, cuenta Daniel Ortiz a El Espectador, padre de una de las jugadoras. “Era el cierre de un proceso”. Pero esa certeza, que en ese momento parecía inquebrantable, terminó marcando el inicio de una historia que se convertiría en dudas, versiones cruzadas y una sensación de engaño que, hoy sigue sin resolverse.
El 14 de septiembre de 2025, en una reunión virtual en la que se terminarían de definir los detalles del viaje, entraron en escena nuevos nombres. Cindy Varela, quien se presentó —según mencionan las victimas— como madre de una jugadora y vinculada a la agencia OT Traveling. Luego, Erwin Rincón Lara. Dijo tener experiencia en el sector, quien aseguró tener 15 años de experiencia transportando personas a distintos destinos y ofreció una alternativa: conseguir los vuelos por un precio más bajo.
La cifra cambió todo.
La oferta era COP 2.250.000 pesos por tiquete. “Nos estaba ahorrando casi COP 700.000 por persona”, recuerda Ortiz. “Y cuando dijo que tenía respaldo de Omar Torres, terminó de generar confianza”. La diferencia era clara. Pero no fue solo el precio. Detrás de la propuesta estaba el nombre de Omar Torres Tours S.A.S., una empresa que, según relatan los denunciantes, sirvió como respaldo de la operación.
Para varios de los padres, no era un nombre cualquiera. Lo asociaban con Omar Torres, conocido en redes sociales como el “odontólogo de los famosos”, una figura vinculada a celebridades, viajes y una imagen de éxito que, en ese contexto, reforzó la confianza.
“Había una mamá del equipo, una agencia, una oficina… y un nombre que respaldaba todo”. En ese momento, agrega Daniel, no pidieron documentos adicionales ni hicieron verificaciones más profundas. No parecía necesario. El dinero se pagó en cuestión de días. Dieciocho jugadoras, dos entrenadores y al menos seis acompañantes —principalmente padres— consignaron más de COP 56 millones de pesos solo en tiquetes, a través de transferencias a una cuenta de Bancolombia asociada a OT Traveling, agencia que, según la denuncia, estaba vinculada comercialmente a Omar Torres Tours S.A.S. Las consignaciones se hicieron de manera acelerada, bajo la presión de asegurar los cupos.
“En cuestión de dos días, cosa que parecía imposible, todos pagamos… incluido seis papás. O sea, el tumbe real fueron como 25 personas”, relata Daniel Ortiz. Después vinieron los documentos: vouchers, códigos de reserva, listados de pasajeros y facturas electrónicas. Todo parecía en regla.
Nos cotizaron sobre vuelos reales de Avianca y eso hizo creíble la oferta”, recuerda Daniel Ortiz. Pero una cosa era que esos trayectos existieran en la aerolínea y otra, muy distinta, que el grupo tuviera confirmada las reservas.
Cuando las familias empezaron a pedir soportes y a revisar los códigos entregados, la compra no pudo verificarse en el sistema. Ante las dudas, Erwin Rincón Lara aseguró que no había problema: dijo que, como se trataba de una compra a través de un mayorista, la reserva solo se reflejaría cerca de la fecha del viaje.”
El punto de quiebre: diciembre
Aunque ya había dudas, las respuestas seguían llegando. En audios conocidos por este diario, Erwin Rincón hablaba de trámites contables, autorizaciones y pagos en proceso. En uno de ellos decía: “Estamos en contabilidad… necesitamos unos soportes”. En otro reconocía: “Esto ya se me salió de las manos”. Las explicaciones no resolvían nada, pero lograban algo clave: ganar tiempo.
El 8 de diciembre fue el último intento.
Ese día, Daniel Ortiz se reunió con Rincón en una oficina en el norte de Bogotá. Allí le pidieron una cuenta bancaria y le aseguraron que en una hora le devolverían los COP 55 millones consignados. Daniel salió convencido. Llamó a los otros padres y les dijo que el problema estaba resuelto. Pero al regresar, Rincón ya no estaba. Horas después llegó el mensaje final: no había dinero. “No tengo cómo responderles”.
Ahí se cerró todo.
La denuncia, que presentó el abogado Leimar Andrés Mosquera, sostiene que no se trata de un simple incumplimiento, sino de una estafa. Según explica, hubo una construcción de confianza, basada en documentos —vouchers, facturas, códigos de reserva— y en una intermediación que daba apariencia de legalidad. “No es un error operativo. Hay elementos típicos del delito de estafa”, afirma.
En ese contexto, también aparece el nombre de Omar Torres. Algunos padres lo contactaron directamente. Según sus testimonios, él aseguró que su nombre fue usado sin autorización y que no tenía responsabilidad. Sin embargo, esa versión contrasta con lo que, según Daniel Ortiz, el propio Torres le había dicho antes: que había prestado su nombre y que intentaría ayudar.
La contradicción quedó en el centro del caso. En un correo de su representación jurídica, conocido por este medio, se insiste en que no tiene “ningún vínculo societario, contractual, comercial ni financiero” con la empresa Omar Torres Tours S.A.S. y que su relación habría sido únicamente “de carácter publicitario” y que ya inició acciones legales para esclarecer los hechos y proteger su reputación. “y es que nosotros nos vendieron fue la marca”, dice Daniel. “Eso fue lo que nos hizo confiar”.
El impacto económico supera los $101 millones, según la denuncia.
Paula Ortiz, una de las jugadoras afectadas, lo recuerda desde otro lugar: no solo fue la caída del viaje, sino la forma en que todo se sostuvo durante días, con promesas que nunca se cumplieron. Cuando empezaron a verificar los tiquetes y no aparecían, dice, sintió “rabia e impotencia”, pero lo que más le dolió fue entender que todo había sido mentira tras mentira. “Siempre nos decían que lo iban a arreglar, que esperáramos… y nosotros les creímos”, cuenta.
Sahana García, de 16 años, también jugadora y una de las afectadas —hoy integrante de Independiente Santa Fe— lo resume así: para ella, el viaje era la oportunidad de jugar en otro país, representar a su equipo y mostrarse ante entrenadores internacionales. “Rabia, tristeza y decepción… el esfuerzo no sirvió de nada”, cuenta. Lo más duro, dice, fue no poder vivir esa experiencia con sus compañeras, en un momento que no se iba a repetir.
Hoy, el caso avanza en la Fiscalía, donde se busca establecer qué ocurrió y cuál es el grado de responsabilidad de los señalados: Erwin Rincón Lara, Ómar Rincón y Cindy Varela, de quien, nadie logró confirmar que tuviera una hija en el club, pese a que era quien, mediante audios, insistía en que estaba gestionando soluciones y para recuperar el dinero.
Al final, más allá de lo que determine la justicia, Daniel Ortiz lo dice sin rodeos: claro que le gustaría recuperar la plata. Pero, más que eso, quiere que esto se sepa. Que otros padres, en una situación similar, se detengan antes de confiar. Porque lo que queda no es solo la pérdida económica. Es la sensación de haber construido un momento que ya sentían real… y verlo desarmarse justo cuando iba a empezar.
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