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El metro de Bogotá no va a reemplazar a Transmilenio. Va a integrarse con él.
La Empresa Metro de Bogotá y la Alcaldía confirmaron que la primera línea tendrá 16 estaciones, de las cuales 8 estarán conectadas directamente con Transmilenio. La idea no es obligar a caminar ni salir a la calle, sino permitir que los usuarios pasen de un sistema a otro dentro de la misma estación y sin pagar un segundo pasaje.
Esa integración no es menor. Define cómo se va a mover la ciudad cuando el metro empiece a operar.
Las conexiones estarán ubicadas en corredores que hoy concentran la mayor cantidad de viajes diarios: el suroccidente, la NQS y, especialmente, la avenida Caracas. Es decir, en los mismos puntos donde hoy Transmilenio sostiene la movilidad de Bogotá.
Estas son las ocho estaciones donde ambos sistemas se van a encontrar:
El recorrido arranca en el Portal Américas, en el extremo sur. Allí, el metro se integrará con uno de los nodos más importantes de Transmilenio, que ya mueve a miles de personas desde Kennedy y Bosa. Con el nuevo sistema, dejará de ser solo un punto de llegada en bus para convertirse en la puerta de entrada al metro hacia el norte de la ciudad.
Más arriba, sobre la NQS, estará la conexión con la estación SENA. Este punto ya ha sido clave por el impacto de las obras del metro en la movilidad del sector. Allí, el metro irá elevado mientras Transmilenio seguirá a nivel, con un diseño que permitirá el paso directo entre plataformas.
Al llegar a la avenida Caracas aparece la estación Hospital, que atiende una zona con alta demanda por centros médicos y barrios del suroriente. La integración busca ordenar un sector donde hoy confluyen buses, peatones y tráfico mixto, y convertirlo en un punto de intercambio más eficiente.
Un poco más al norte está la estación Avenida Jiménez, uno de los nodos más conocidos del sistema. Actualmente, allí se cruzan Transmilenio, rutas zonales y el Eje Ambiental. Con el metro, se consolidará como un punto clave para moverse por el centro, con conexión directa entre sistemas sin salir de la zona paga.
En la calle 26 estará la estación Central, que será uno de los puntos más importantes del sistema. No solo conectará con Transmienio, sino también con el Regiotram de Occidente, integrando viajes desde el aeropuerto, el occidente de la ciudad y el centro en un mismo lugar.
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Más arriba, en Chapinero, estarán las estaciones Calle 45 y Calle 63. Ambas ya mueven una gran cantidad de estudiantes, trabajadores y residentes. La integración con el metro ofrecerá una alternativa para trayectos largos, sin eliminar el uso del bus, pero sí complementándolo.
Finalmente, la línea cerrará en la Calle 72, donde el metro se conectará nuevamente con Transmilenio. Este punto, que hoy ya funciona como límite operativo para varias rutas, se convertirá en un nodo clave para redistribuir pasajeros hacia el norte o hacia el resto de la ciudad.
Más allá de las estaciones, el diseño también apunta a cambiar la experiencia del usuario. Según la Empresa Metro de Bogotá, las estaciones tendrán arquitectura bioclimática, lo que permitirá operar sin aire acondicionado ni ventilación mecánica, reduciendo costos. Serán espacios abiertos, con visibilidad desde el exterior, pensados para mejorar la seguridad, integrarse con el entorno y facilitar la circulación.
En la práctica, esto significa una cosa: el metro no llegará solo. Llegará conectado a lo que ya existe.
Y de esa integración dependerá, en gran parte, que funcione.
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