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Un cargamento de más de 767 kilogramos de estaño fue incautado en Bogotá luego de que las autoridades detectaran un envío sospechoso que había llegado en un vuelo de carga desde el departamento de Vichada y que, según las primeras hipótesis, tenía como destino final China.
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El caso se conoció tras una alerta emitida por unidades policiales en Vichada sobre la salida de una aeronave desde el aeropuerto Germán Olano, en Puerto Carreño, con rumbo al aeropuerto El Dorado. Con esa información, las autoridades activaron protocolos de control en el aeropuerto de Bogotá para verificar el contenido del cargamento.
Durante la inspección, los uniformados identificaron una bolsa plástica que llamó la atención por su peso. Al revisar el paquete encontraron en su interior 50 lingotes de estaño, con un peso aproximado de 767 kilogramos y un valor estimado superior a los COP 140 millones.
De acuerdo con las primeras indagaciones, el mineral habría ingresado al país desde Venezuela y posteriormente fue trasladado por vía aérea hasta Bogotá con la intención de enviarlo al exterior.
Las autoridades avanzan ahora en la verificación de la procedencia del material y en la identificación de los responsables del cargamento. El la capital, el comercio irregular de minerales es una de las actividades que se mantiene bajo vigilancia por su relación con redes de contrabando y economías ilegales.
Antecedentes y mercado ilegal de tenconología
La incautación se suma a otros operativos recientes contra el tráfico de minerales estratégicos en el país. El año pasado en Villavicencio, por ejemplo, autoridades decomisaron un cargamento de 49 toneladas de coltán y estaño que también tenía como destino final China y que, según las investigaciones, había sido extraído en zonas selváticas de Guainía y Vichada antes de ser movilizado por rutas clandestinas hacia puertos del Caribe.
¿Por qué son tan preciados?
Estos minerales tienen alta demanda en la industria tecnológica, especialmente para la fabricación de componentes electrónicos, baterías y soldaduras utilizadas en dispositivos como celulares y computadores. Sin embargo, su explotación ilegal suele estar asociada a redes criminales que operan en regiones de la Amazonía y la Orinoquía, donde la minería sin controles ambientales contamina fuentes hídricas con mercurio y otros químicos, degrada ecosistemas sensibles y afecta a comunidades indígenas que dependen de esos territorios.
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