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Facatativá, un día después: el agua baja y deja al descubierto la verdadera crisis

3.470 personas afectadas y 647 hogares golpeados: el agua baja en Facatativá, pero deja al descubierto una emergencia más profunda: pérdidas, barro y vidas que ahora deben empezar desde cero.

Ana Rodríguez Novoa

20 de marzo de 2026 - 06:20 p. m.
AME5640. FACATATIVÁ (COLOMBIA), 19/03/2026.- Personas usan sacos de arena para impedir que el agua entre a las casas debido a las inundaciones por fuertes lluvias este jueves, en Facatativá (Colombia). EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda
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Mientras el agua empieza a bajar en varios sectores, en Facatativá la emergencia está lejos de terminar. Un día después de las inundaciones que dejaron barrios enteros con el agua hasta la cintura, las familias limpian lo que quedó, reciben ayudas y tratan de entender cómo empezar de nuevo.

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Desde la mañana del 20 de marzo, la administración municipal mantiene monitoreo permanente en las zonas afectadas, con presencia de equipos de gestión del riesgo, organismos de socorro y distintas dependencias operativas. Según el balance entregado a El Espectador, el nivel del agua ha descendido de forma significativa en los sectores más críticos, lo que ha permitido avanzar en labores de limpieza, intervención y acompañamiento a la comunidad.

Aun así, la huella de la emergencia es evidente: barro dentro de las viviendas, enseres dañados y calles que todavía muestran el paso del agua. En varios sectores, las familias comenzaron a sacar lo que ya no se puede salvar: Camas, salas, clósets y electrodomésticos, que terminaron en los carros de basura.

“Nos tocó botarlo todo. Muchos no han querido salir y siguen en las casas… es muy duro, porque se pierde todo. Por ahora les conseguimos unas colchonetas prestadas para que pasen la noche”, contó Margarita Osorio, amiga de una de las familias afectadas, mientras ayudaba a limpiar lo poco que quedó de la vivienda.

Así quedó una vivienda en el barrio Girardot, en Facatativá, tras las inundaciones.
Foto: Jenny león- Damnificada

La respuesta institucional se mantiene activa

Desde el Puesto de Mando Unificado se coordinan las acciones con presencia de la Alcaldía, Policía, Ejército, Cruz Roja, Defensa Civil y entidades del departamento. Durante la noche anterior, el alcalde Luis Casas recorrió los barrios afectados vivienda por vivienda, entregando alimentos calientes.

“Anoche el alcalde estuvo pasando por las casas dándonos caldo, pendiente de la gente. Gracias a Dios hubo gente que nos dio posada… mi mamá está enferma, le dio gripa, pero ya el agua bajó y ahora toca esperar qué sigue”, contó Jenny León, una de las afectadas.

Este viernes, el Coliseo de Facatativá fue habilitado como punto de acopio para recibir y distribuir ayudas humanitarias. Según informó la Alcaldía, allí se están recibiendo donaciones de alimentos no perecederos, colchonetas nuevas, frazadas, baldes, kits de aseo y utensilios básicos de cocina para apoyar a las familias afectadas. En paralelo, avanzan las labores técnicas para controlar la emergencia, concentradas principalmente en el río Botello.

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De acuerdo con la Alcaldía, durante la noche operó una draga en el sector del puente de Los Micos, cuya intervención permitió profundizar el cauce del río y ampliar la zona inundable. Esto facilitó el paso del agua y ayudó a reducir los niveles en las áreas afectadas.

A partir de esa disminución, se desplegaron equipos adicionales —incluidas una tractomula y un vehículo tipo doble troque— que permitieron succionar el agua empozada en calles y viviendas. Este trabajo, sumado al destaponamiento de alcantarillas, redujo la presión sobre el sistema de drenaje y permitió que el agua comenzara a fluir con mayor normalidad.

Según la administración, estas acciones permitieron una mejora significativa en la situación. De las zonas que permanecían inundadas, actualmente solo quedan puntos críticos en sectores de Villas de Manjuí —donde persiste una cuadra afectada— y en la parte final del barrio Girardot, especialmente en áreas cercanas al río. Allí continúan las labores con motobombas para evacuar el agua restante.

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Además, la Corporación Autónoma Regional (CAR) envió un ingeniero hidráulico que, junto con equipos técnicos de la Alcaldía y la Gobernación, adelanta una revisión completa del caudal y del cauce del río Botello. El objetivo es identificar daños en los jarillones, analizar posibles cambios en la morfología del río y definir las obras de mitigación necesarias para que el afluente se mantenga dentro de su cauce y evitar nuevas inundaciones.

Las autoridades también confirmaron que, en zonas como Villa Myriam, en la vereda San Rafael —una de las primeras en inundarse por la creciente de una quebrada—, además de las afectaciones en viviendas, se registran pérdidas significativas en cultivos de papa y zanahoria. En el sector, los equipos técnicos y la administración avanzan en la evaluación de daños para definir el tipo de ayudas que se podrán brindar a la comunidad.

En este proceso, la Alcaldía ha contado con apoyo de la Gobernación de Cundinamarca, a través de Gestión del Riesgo, así como del Instituto de Infraestructura y Concesiones (ICCU), que ha enviado maquinaria para intervenir los jarillones y reforzar las labores en terreno, además del acompañamiento técnico de la CAR.

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El censo más reciente: así se mide la emergencia hoy

De acuerdo con el consolidado más reciente entregado por la Alcaldía, la emergencia deja hasta ahora 647 hogares afectados, equivalentes a 3.470 personas impactadas, con un promedio de cinco habitantes por vivienda. El detalle del censo permite dimensionar el impacto por grupos poblacionales:

  • 689 niños entre 0 y 11 años
  • 838 jóvenes entre 12 y 26 años
  • 1.164 adultos entre 27 y 59 años
  • 779 adultos mayores

Además, se reportan 97 personas en condición de discapacidad y una mujer gestante, lo que ha permitido priorizar la entrega de ayudas y enfocar la atención en aspectos clave como la alimentación, el alojamiento y las condiciones básicas de las familias afectadas.

Las afectaciones se concentran en 15 barrios y 3 veredas, donde continúan las labores de caracterización, evacuación preventiva, instalación de lonas, acompañamiento social y revisión estructural de las zonas más comprometidas.

En el caso de Facatativá, lo ocurrido no fue un hecho aislado. Como ya había quedado en evidencia desde el primer día de la emergencia, en un solo día cayó sobre el municipio el volumen de agua equivalente a varios meses de lluvia, lo que provocó el desbordamiento de las quebradas Mancilla y San Rafael —afluentes del río Botello— y dejó expuesta la fragilidad del sistema de alcantarillado.

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Ese colapso no solo permitió que el agua avanzara sin control por calles y viviendas, sino que evidenció un problema estructural: la presión simultánea sobre quebradas, río y drenaje urbano superó por completo la capacidad del sistema.

De hecho, la propia administración lo reconoció desde el terreno: el sistema “no fue capaz de contener tal cantidad de agua”, una afirmación que resume el origen de la emergencia más allá de la lluvia misma. Así, hoy por hoy, el agua baja, pero deja huellas: barro en las casas, pérdidas materiales y familias intentando reorganizar sus vidas.

Las ayudas comienzan a llegar, la institucionalidad se mantiene en terreno y la comunidad hace lo posible por responder. Pero para muchos, la emergencia no terminó con la lluvia: apenas comienza el proceso de recuperar lo que el agua se llevó.

Lea más: Inundación en Facatativá: 595 familias deben resurgir del agua y el lodo

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Por Ana Rodríguez Novoa

Periodista y profesional en Opinión Pública desde 2021, formada en la Universidad del Rosario. Con especial interés en temas sociales y culturales de Bogotá. Ha trabajado en redacciones universitarias y proyectos editoriales, con experiencia en reportería y escritura narrativa. Actualmente hace parte del equipo de Bogotá en El Espectador.amrodriguez@elespectador.com
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