23 Jul 2021 - 8:21 p. m.

La estrategia para salvar el páramo de Guerrero en Cundinamarca

El ecosistema, que provee el 15% del agua a Bogotá, ha perdido cerca del 40% de su vegetación nativa debido a los cultivos y la ganadería.

Agencia Anadolu

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Un clima cambiante que pasa de soleado a nublado, bajas temperaturas a lo largo del año y una vegetación de tipo arbusto o matorral, bajas concentraciones de oxígeno y altitudes que van de los 3.000 hasta los 5.000 metros sobre el nivel del mar son algunas de las características que tienen los páramos, fuentes de agua y hogar de especies únicas de plantas y animales.

Colombia no solo alberga la mitad de los páramos que se encuentran en el mundo, lo que le ha dado el sobrenombre del ‘país de los páramos’, sino que además tiene el páramo más grande del planeta: el Sumapaz, el cual se extiende por unas 315.065 hectáreas.

Según datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), estos ecosistemas generan el 70% del agua que consumen los colombianos. Pero esto no ha evitado su rápido deterioro, impulsado por actividades como la ganadería, minería y cultivos, especialmente de papa.

Con el objetivo de impulsar la protección de estos ecosistemas se lanzó el primer foro ambiental regional: “Todos somos páramo de Guerrero”, un ecosistema ubicado al norte del departamento de Cundinamarca y que incluye a los municipios de Zipaquirá, Subachoque, Cogua, Pacho, San Cayetano y Susa, principalmente.

Allí, autoridades locales, oficiales (Ejército) y algunos integrantes del sector privado (Alquería y Bavaria) se unieron para promover el cuidado y la preservación de este páramo, uno de los más afectados por la intervención humana que, según datos del Instituto Humboldt, ya perdió cerca del 40% de su vegetación nativa.

“Actividades como los cultivos de papa o la ganadería han generado daños en la vegetación. Por eso el objetivo nuestro es continuar comprando predios de estos ecosistemas de reserva forestal e hídrica para sembrar el mayor número de árboles nativos”, destacó el alcalde de Zipaquirá, Wilson García Fajardo.

El alcalde también habló sobre el éxito que ha tenido el programa ‘Abejas con la Conservación’, cuyo plan piloto ya se adelanta en los municipios de Villapinzón, Zipaquirá y Gutiérrez.

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“Un proyecto exitoso que queremos dar a conocer al mundo entero es el que se realiza a través de la polinización de las abejas. Con este proyecto de apicultura hemos logrado acelerar de manera significativa la recuperación de nuestro sistema natural con vegetación nativa y endémica de cada uno de los lugares”, indicó.

La Gobernación de Cundinamarca, a través de su secretaría de Ambiente, implementó este proyecto en áreas afectadas por actividades antrópicas (cualquier acción o intervención realizada por el ser humano sobre la faz del planeta) para impulsar la restauración de diferentes ecosistemas.

Según advirtió la investigación denominada ‘Evaluación Nacional de Pérdida de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos’, elaborada por el Instituto Humboldt, el 15% de los páramos del país se encuentra en estado de degradación y señaló a la ganadería, a los cultivos (de papa principalmente), y a la minería de oro y carbón como las principales causas de este deterioro.

“Necesitamos decirles a todos los gobiernos que debemos involucrar a esto (a la iniciativa) recursos económicos para acelerar los procesos. No es posible que nos concentremos solo en construir más acueductos y alcantarillados, porque realmente la fábrica de agua es la que debemos proteger en estos momentos”, agregó García.

Según Néstor Julio González Infante, director regional de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), el plan de reforestación iniciará con la plantación de unos 26.000 árboles, con una meta final de sembrar cinco millones “en el territorio CAR, que son 98 municipios de Cundinamarca y seis de Boyacá”.

“Nosotros como autoridad ambiental en el territorio acompañamos estos proyectos desde el inicio hasta el final, no solo garantizar la siembra de los árboles, sino que se den los mantenimientos respectivos de las plantas y los árboles durante los primeros dos y tres años del proceso para garantizar que sobrevivan”, destacó el funcionario.

La WWF le pidió el año pasado al Gobierno Nacional que revise los planes de explotación de oro y minería a gran escala en el país y le indicó a la admiración que impulse el crecimiento económico por medio de “modelos de desarrollo que balanceen el desarrollo económico con la sostenibilidad ambiental”.

Un estudio de la Universidad del Rosario de Colombia indicó que durante el 2001 y 2018 las minerías legales contribuyeron con el 3,4% a las cifras de deforestación nacional, lo que se traduce en que más de 121.000 hectáreas de bosque fueron destruidas dentro de territorios mineros.

En este punto es vital la participación de los gobiernos y entidades locales pues, según datos del Instituto Humboldt, de los 1.123 municipios de Colombia, 400 tienen jurisdicción en páramo (36% del total) y de estos, 10 municipios tienen más del 70% de su área en este ecosistema.

Así mismo, la estrategia para conservar los páramos también incluye la participación del Ejército de Colombia. En este caso, la medida corre por cuenta de la Décimo Tercera Brigada con el grupo de Caballería Mecanizado Número 10 Tequendama, encargada de hacer patrullaje sobre la zona para disuadir todo tipo de actividad ilegal.

“Es muy importante tener en cuenta que la Fiscalía General de la Nación penaliza algunos delitos contra el medioambiente. Inmediatamente suceda una actuación delictiva contra estos páramos articulamos con la Fiscalía para que se le inicie un proceso judicial y podamos judicializar a esa persona por generar esos daños ecológicos”, advirtió el teniente coronel José William Chaparro Rojas, comandante del grupo de Caballería.

El comandante recordó que el páramo Guerrero provee el 15% del agua de Bogotá y el 100% de agua para municipios como Zipaquirá, Cogua y Nemocón. Aseguró que el Ejército participa en la siembra y restauración para preservar este ecosistema y la producción de agua.

El Gobierno calcula que los cultivos de arveja, cebolla, papa, habichuela y fresa, más la ganadería, constituyen las principales fuentes de ingreso de la comunidad campesina que habita dentro del páramo, pues las condiciones climáticas favorecen este tipo de siembras, en especial la de la papa.

Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en Colombia hay 36 paramos que en total representan el 1,3% de la extensión continental del país. El departamento de Boyacá tiene la mayor extensión de páramos, con un 18,3% del total nacional. Le siguen los departamentos de Cundinamarca (13,3%), Santander (9,4%), Cauca (8,1%), Tolima (7,9%), y Nariño (7,5%).

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