Scrollear, reproducir video, dar me gusta, comentar… así nos relacionamos diariamente con un algoritmo que busca de cualquier manera engancharnos. El problema es cuánto tiempo invertimos y qué contenido consumimos, sobre todo cuando de niños o jóvenes se trata. De acuerdo con un estudio de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) publicado en marzo de este año, el 81% de los adolescentes (14-17 años) tienen celular propio, pasando casi 8.9 horas diarias en el celular, y el 77% de ellos tiene redes sociales.
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El abanico de contenido es plural, pero también peligroso. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), muchos adolescentes experimentan situaciones negativas en los espacios digitales, como contenido inapropiado, mensajes ofensivos o discriminatorios, hasta contenidos que promueven el extremismo o la radicalización.
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Ahí entra la manosfera (híbrido formado por la palabra inglesa man, es decir, “hombre”, y la palabra española “esfera”), una red digital que dicen atender los problemas que aquejan a los hombres —por ejemplo, citas románticas, aptitud física o paternidad—, pero terminan por normalizar la violencia contra las mujeres y niñas, y el feminismo, y que incluso estarían siendo alentados por grupos políticos de extrema derecha. Sobre esto, ahondaremos más adelante.
¿Qué ocurre en los colegios de Bogotá?
En el marco de la Línea de Prevención de Violencias, la Estrategia de Transformaciones Culturales de la Secretaría de la Mujer realizó recientemente encuestas y relatorías de observación en colegios distritales de Antonio Nariño y Kennedy, para explorar las representaciones y narrativas de género que manejan los y las jóvenes en relación con contenidos de la manósfera. La población escogida fueron aproximadamente 80 alumnas y alumnos de los grados 9.°, 10.° y 11.°, entre los 14 y 18 años.
La principal herramienta metodológica fueron talleres de aproximadamente 2 horas donde, junto a profesionales con enfoque de género, cada grupo discutió con base en preguntas orientadoras –“¿tienen los mismos derechos hombres y mujeres?” o “¿Qué significa ser hombre o mujer?”–; la representación mediante siluetas, frases e imágenes de sus ideas sobre roles de género; y la observación de sus reacciones cuando escuchaban frases comunes de la manósfera (“las feministas odian a los hombres” o “un hombre de verdad no muestra debilidad”) para que expresaran su grado de acuerdo o desacuerdo por medio de emoticones o stickers.
Los resultados prenden las alarmas para intervenir a tiempo. Evidentemente, las redes sociales tienen un gran protagonismo para el consumo de humor sexista a través de videos cortos de TikTok y memes en WhatsApp. En cuanto a los discursos de odio —propios de la manosfera—, encontraron que, si bien solo un estudiante interactuaba con un influencer de este tipo, en gran proporción adoptaban vocabularios propios de este fenómeno, como referirse peyorativamente a las feministas como “feminazi” o, en el 77% de los casos, estar de acuerdo e interiorizar creencias como “los hombres no deben llorar” o “deben ser proveedores”.
En cuanto a las actitudes y creencias, persiste la legitimación parcial de roles y estereotipos. Durante una actividad constataron, por ejemplo, que un 62% de los participantes estuvo de acuerdo con la afirmación “las feministas odian a los hombres”, el 68% expresó acuerdo con la frase “las mujeres solo buscan hombres con dinero y poder” y el 71% con “los hombres también son víctimas del sistema”. Sin embargo, de manera contradictoria, el 68% se opuso a la frase “el machismo ya no existe en esta generación”.
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“Este elevado respaldo a ideas como que las mujeres son ‘hipergámas’ interesadas o que el feminismo es misandria evidencia que narrativas centrales de la manosfera han permeado significativamente en las creencias del estudiantado”, señaló la Secretaría de la Mujer.
Pero el riesgo no es solo verbal. El estudio encontró que la burla sexista aparece como mecanismo de socialización: chistes de contenido machista o comentarios despectivos son compartidos entre pares varones como forma de pertenencia al grupo. Y peor aún, registraron casos de hostigamiento verbal y acoso dirigidos sobre todo a compañeras que expresan posturas feministas, ridiculizándolas por su defensa de igualdad, así como a alumnos con orientación sexual diversa. Este escenario fue calificado como de riesgo alto al representar amenazas serias para el bienestar y la seguridad en el contexto escolar.
¿Por qué ocurre? Los peligros de la manosfera
Entender no solamente el qué, sino también el porqué de estas creencias machistas y discursos de odio hacia las mujeres (motivaciones de los jóvenes, carencias en habilidades críticas, influencia del contexto digital), es importante para saber dónde focalizar los esfuerzos institucionales.
Como lo veíamos al principio, el fenómeno de la manosfera está tomando cada vez más fuerza en Europa, pero se ha extendido a otros continentes y América del Sur no es la excepción.
Según el especial multimedia ‘Machos alfas en Colombia: quiénes y cómo se están construyendo masculinidades misóginas en redes sociales’ publicado en El Espectador, al menos 27 influencers colombianos con más de 50 mil seguidores cada uno, difunden contenidos relacionados con narrativas de la manosfera global, sobre todo en redes sociales de TikTok, Instagram y X.
Lo peligroso de este contenido que difunde misoginia y odio (reforzando la idea de que los hombres son víctimas del feminismo y del cambio social moderno), pero que se disfraza de “consejos” sobre cómo tener citas, cómo ser un hombre exitoso, cómo verse físicamente o cómo ejercer la paternidad, está llegando cada vez más a los niños y jóvenes. Así lo advirtió Kalliopi Mingeirou, jefa de la Sección para Poner Fin a la Violencia contra las Mujeres y las Niñas de ONU Mujeres.
Dicha influencia está ocurriendo, pues según la psicóloga Sonia Vaccaro, magíster en Psicología Forense y especialista en enfoque de género, la adolescencia es una etapa evolutiva en la que los jóvenes pueden ser atraídos por discursos extremistas que vinculan problemas con estereotipos de género.
“En esa etapa hay una gran crisis de identidad donde hay mucha energía oposicionista que está siendo aprovechada por una misoginia extrema que les hace creer que la salida de su “crisis”, como no tener sexo, dinero o todo lo que se le muestre como confort, venga por extremar un modelo hegemónico de la masculinidad que detesta a las mujeres y las culpa de ello”.
Y es que estos “influencers” no solo están en las redes sociales. Los adultos también se esconden a través de los chats de videojuegos para reclutar adolescentes en estos movimientos. Por lo que se necesita que las familias también se sumen y presenten más atención a lo que ocurre. Recomienda Andrea Neira Cruz, profesora de la Maestría de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
“Hay que estar pendientes cuando están mucho tiempo en el internet, el celular o los videojuegos. Aquí el diálogo entre las familias es importante. Sabemos que no es fácil, pero no es imposible hablar con ellos. Estos problemas deben ser abordados de manera interdisciplinaria, cultural, política y hasta legal, para poder contrarrestarlos”.
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En Colombia, hasta el pasado 8 de enero de 2026, el Congreso sancionó la Ley 2564 donde reconoce la violencia digital y sus conductas punibles como el grooming, la sextorsión, el ciberacoso, seguimiento no deseado o difusión de agresiones físicas o sexuales grabadas, protegiendo especialmente a los niños, niñas y adolescentes.
Un muro de contención contra la manosfera
En el diagnóstico de la Secretaría de la Mujer concluyeron que casi la mitad de los hallazgos de las actividades fueron considerados como riesgo bajo (45%), alrededor del 40% correspondieron a riesgo medio y aproximadamente 15% fueron considerados de riesgo alto, por lo que recomendaron una intervención inmediata.
En general, agregaron, el análisis reveló contradicciones: los alumnos reconocen que la desigualdad de género sigue existiendo y rechazan narrativas negacionistas, pero normalizan y utilizan expresiones sexistas. También hay una polarización donde simultáneamente circulan consignas de respeto y equidad promovidas por algunos estudiantes, mientras otros emplean insultos como “feminazi” o comparten la idea de que el feminismo “exagera”, inspiradas en la manósfera.
Adicionalmente, observaron una tensión en las reacciones estudiantiles frente a la intervención educativa. Mientras un sector del estudiantado mostró interés genuino y curiosidad por aprender sobre género, diversidad y relaciones sanas –formulando preguntas frecuentes sobre feminismo, derechos de las mujeres y cómo lograr relaciones equitativas–, otro sector manifestó apatía, incomodidad o burla ante estos espacios formativos.
La brecha generacional y digital entre docentes y alumnos también apareció como factor de tensión; algunos docentes reportaron no enterarse de los códigos o mensajes que manejan los estudiantes en redes (lo que invisibiliza el problema), mientras que otros profesores están al tanto y preocupados por estos fenómenos, pero se sienten sin recursos suficientes para intervenir.
A pesar de estos desafíos, el enfoque COM-B y el modelo ecológico feminista —marcos teóricos esenciales en las ciencias sociales para transformar el comportamiento humano—, la interpretación de estos hallazgos no debe culpar individualmente a los jóvenes, sino reconocer las influencias externas (algoritmos de redes, discursos sociales tradicionales, etc.) y las brechas educativas en torno a la equidad de género que facilitan o refuerzan ciertas conductas.
De ahí que, agrega, las recomendaciones se orienten hacia intervenciones que desarrollen capacidades (ej. pensamiento crítico, gestión emocional), modifiquen oportunidades (ej. regulación de entornos virtuales escolares, implicación de familias) y refuercen motivaciones igualitarias en los adolescentes.
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Desde la Secretaría de la Mujer, respondieron que este informe será entregado a cada una de las secretarías del distrito y, en el marco de sus competencias, ya se encuentra desarrollando acciones a través de la Estrategia de Transformación Cultural que solo durante el mes de mayo llegó a 827 niñas, niños y adolescentes de instituciones educativas ubicadas en las localidades de Los Mártires, Engativá, Teusaquillo, Santa Fe, Ciudad Bolívar, Usme y San Cristóbal.
“Estos ejercicios de reflexión sobre los imaginarios, estereotipos y normas sociales han permitido visibilizar cómo ciertos contenidos, mensajes y discursos pueden normalizar relaciones desiguales, reforzar prejuicios o legitimar expresiones de violencia contra las mujeres (...) Igualmente, durante el segundo semestre, inauguraremos una Sala Caleidoscopio para que niñas y niños entre los 9 y los 13 años reflexionen sobre barreras asociadas al reconocimiento del cuidado y contribuya al desarrollo de capacidades como el pensamiento crítico, la empatía y el cuestionamiento de estereotipos de género”.
Mientras tanto, desde la Secretaría de Educación también respondieron a este diario que aún no han recibido este diagnóstico, pero resaltaron que actualmente implementan tres estrategias para prevención de violencias de género: Aulas con emociones, para fortalecer la salud mental y gestión de las emociones; Educación Integral de la Sexualidad, donde resaltan que han logrado actitudes más favorables hacia la equidad de género; y Entendamos los límites, la cual busca prevenir el acoso sexual entre pares de manera focalizada en los grados entre 5 y 7 según priorización para la IED.
“Sostener estas estrategias en el mediano y largo plazo será lo que nos permita disminuir las violencias basadas en género y fortalecer habilidades socioemocionales en cada estudiante y maestro”, puntualizó la entidad distrital.
El consumo de la misoginia en línea o ‘manosfera’ no solo refuerza estereotipos de género, sino que ahonda la discriminación hacia las mujeres, que termina por perpetuar la desigualdad y, en el peor de los casos, activar la justificación de la máxima violencia de género: el feminicidio. Nada menor en un país donde durante 2025, 10 mujeres fueron asesinadas cada mes y 351 fueron víctimas de tentativa de feminicidio.
Y ahí no acaba. De acuerdo también con datos de la Defensoría del Pueblo, el año pasado se documentaron 15.785 casos de violencia intrafamiliar, que incluyó 10.380 víctimas mayores de edad, 2.377 niñas y adolescentes y 506 personas con orientación sexual diversa.
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Las expertas y desde ONU Mujeres lo han dicho: los jóvenes, por su etapa evolutiva, se sienten más atraídos hacia discursos extremistas y los “influencers” de la manosfera lo saben. Detrás de un video, podcast, comunidades de videojuegos o charlas presenciales, hay un sujeto que promueve comportamientos dañinos y se lucra de ello. Las intervenciones deben ser desde todos los niveles: familia, colegio y Estado, para deconstruir y modificar estos comportamientos.
Si usted o su hijo escucha o lee frases como por ejemplo: “Todas las mujeres son así”, “los alfas son dominantes y deseables, mientras que los betas son débiles y fracasados”, “esa mujer es promiscua”, “conteo de parejas (sexuales) o “artistas de la seducción” -términos identificados por ONU Mujeres-, podría estar cayendo en un contenido misógino.
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